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jueves, 19 de abril de 2018

Mujeres que descubrí en el cine y que tal vez hubiera querido imitar


Maria Cosway 

En el París prerrevolucionario, compositora,  teórica y mundana.


Melanie Hamilton
Buena no quiere decir estúpida
Lo que el viento se llevó 1939

Matilda Hunsdorfer
La niña que entiende el universo  
El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas 1972


Julia, la amiga de Lillian Hellmann
Comunista, rica y discípula de Freud
Julia 1977


Leeloo
El amor transustanciado en chica.
El quinto elemento 1997


Ilsa Lund
Fidelidad a lo vivido
Casablanca 1942


Ada McGrath 
Cuando ruge la marabunta.  

El piano 1993

Comparad:  
La importancia de un piano usado







Nina 'Ninotchka' Ivanovna 
Ríe muy bien, pero a mí me gusta cuando aún no la han alcoholizado
Shosanna Dreyfus
Fumadora, cinéfila y antifascista.
Malditos bastardos 2009






Hodel
La hija mediana del lechero, se promete a un guapo judío bolchevique  y lo acompaña a Siberia.
El violinista en el tejado 1971


miércoles, 18 de abril de 2018

Quiero ser malvada, quiero estar loca



Quiero despertarme en la mañana
Con ese sabor marrón oscuro.
Quiero ver un poco de disipación en mi cara
Quiero ser malvada, quiero estar loca
Pero más que eso quiero ser mala.

Eartha Kitt




'I Want To Be Evil'

Nació con el nombre de Eartha Mae Keith en una plantación de algodón en North, un pequeño pueblo cerca de Columbia en el condado de Orangeburg (Carolina del Sur). Su padre era de raza blanca, de antepasados alemanes y holandeses, y su madre era de raza negra con parte de sangre cheroqui. Según afirmó la misma Eartha, nació como fruto de una violación; su madre fue forzada por uno de los amos de la granja donde trabajaba.
Eartha fue criada por una tía suya, Anna Mae Riley, que la engañó diciéndole que era su madre. Luego fue entregada(según ella como esclava) a una familia que la trató con abusos y pasividad. Al morir su tía, Eartha fue enviada a Nueva York para que se reuniese con su madre real, Mamie Kitt. No llegó a conocer a su padre, que debía de ser un hijo de los amos de la plantación donde nació. Este dato es dudoso, pues algunos obituarios publicados con motivo de su muerte afirman que el padre de Eartha Kitt era «un pobre cultivador de algodón».

Eartha Kitt debutó artísticamente como bailarina en la compañía de espectáculos de Katherine Dunham y llegó a actuar ante la familia real británica en 1948. En ese mismo año debutó en el cine con la película Casbah y obtuvo su primer papel protagonista gracias a Orson Welles, encarnando a Helena de Troya en un montaje teatral de Fausto.

En 1952 participó con dos canciones en un musical teatral, New Faces of 1952, que sería llevado al cine por la 20th Century Fox como New Faces (1954). Posteriormente protagonizó otro musical de Broadway, Shinbone Alley, volviendo a colaborar con Orson Welles; fue entonces cuando se rumoreó sobre un romance entre ellos, cosa que Kitt negaría a la revista Vanity Fair en 2001.

En 1958, Eartha Kitt rodó con Sidney Poitier The mark of the Hawk y con Nat King Cole St. Louis Blues, y durante los años siguientes siguió trabajando en cine y en espectáculos nocturnos.


Hija de madre soltera, nacida en una antigua región esclavista y víctima de maltrato en su niñez, Eartha Kitt forjó un carácter vigoroso, temperamental y contracorriente que la hizo famosa, pero que le causó también algunos reveses profesionales. 



Cantante talentosa con una voz peculiar, hizo famosas muchas canciones tanto en inglés como en francés, idioma que dominaba por sus actuaciones en Europa. Entre sus grabaciones más exitosas destacan «C’est si bon», «Love For Sale», «Let’s Do It», «Je cherche un homme» y sobre todo «Santa Baby» (1953), canción navideña que sería versionada por Madonna en 1987. Su faceta musical repuntó a mediados de los años 80, con canciones de ritmo bailable como «Where Is My Man», y siguió participando en el cine hasta sus últimos años.


En 1964, Eartha colaboró en la apertura del teatro Circle Star en San Carlos (California), y reverdeció su fama al ser elegida para el papel de Catwoman en la serie televisiva Batman. Su elección se produjo para sustituir a Julie Newmar, pero debido a su piel negra, se cuenta que el público no la aceptó y apenas llegó a grabar tres episodios. En el 2004 se superó ese tabú racista con la elección de Halle Berry para la película Catwoman. A pesar de su rápida exclusión de la serie, Eartha se hizo muy conocida por su risa y por su rugido áspero.
En 1968 Eartha Kitt vivió un serio revés profesional, a raíz de un incidente durante un banquete en la Casa Blanca al que había sido invitada. Se cuenta que la esposa del presidente Lyndon B. Johnson preguntó a Eartha por su opinión sobre la guerra de Vietnam, a lo que ella respondió: «Ustedes están enviando a los mejores de este país a que les maten de un tiro». La Primera Dama rompió a llorar, y Eartha fue tan duramente criticada que tuvo que exilarse por unos años en el extranjero para subsistir profesionalmente.


Eartha mantenía su popularidad, y su nombre fue incluido en un famoso sketch de los Monty Python. Regresó con un éxito rotundo a Broadway en 1978, con el espectáculo Timbuktu, versión del clásico Kismet ambientada en África.


En 1984, Eartha Kitt regresa a las listas de éxitos musicales con la canción disco «Where Is My Man», primer disco de oro de su carrera que llegó a la posición 7 en la lista Billboard dance. La canción era un anticipo del álbum I Love Men, que fue recibido con simpatías por el público gay, a lo que ella correspondió con actuaciones benéficas para la lucha contra el sida. En 1989 grabó otro éxito bailable, «Cha-Cha Heels», con participación de Bronski Beat, una canción inicialmente pensada para Divine.


En 2003 sustituyó a Chita Rivera en el musical Nine, que luego fue llevado al cine (2008) por Rob Marshall, con un gran plantel de estrellas. En 2004, Eartha recuperó su papel en Cenicienta para un montaje especial en el Lincoln Center de Nueva York.
Paralelamente, Eartha Kitt realizó trabajos de locución, tanto para radio como en voces de varios personajes. En 1994, interpretó a la serpiente Kaa en una adaptación de El libro de la selva para el canal radiofónico de la BBC. También participó en una película de dibujos animados de DisneyThe Emperor’s New Groove, que le reportó un premio Annie, y repitió el personaje de Yzma en la secuela Kronk’s New Groove y en una serie para televisión creada como spin-off (derivación): The Emperor`s New School. Gracias a ella, ganó dos premios Annie más, en 2007 y 2008.


No abandonó su faceta discográfica ni en sus últimos años, y hay que mencionar su álbum Thinking Jazz, que incluía una versión del clásico «Smoke Gets in Your Eyes». En una edición posterior, este disco incluyó una versión muy agresiva del «Yesterday» de los Beatles. En 2008 se publicó un disco con su actuación en directo en el Festival de Jazz de Cheltenham, celebrado pocos meses antes; tenía entonces 80 años.

domingo, 15 de abril de 2018

"Impuro teatro"

8 mujeres,   película francesa dirigida por François Ozon, mezcla de intriga y comedia musical, lanzada en 2002. Se basa en la obra de teatro Ocho mujeres, de Robert Thomas.

Doce hombres sin piedad o Doce hombres en pugna (Twelve Angry Men en su título origina es una obra dramática del autor estadounidense Reginald Rose, escrita inicialmente para televisión, y que fue posteriormente adaptada al cine y el teatro.

La leyenda del Alcalde de Zalamea, 
Director: Mario Camus
Guión: Antonio Drove basado en las obras de Calderón de la Barca y Lope de Vega





"CAESAR AND CLEOPATRA" (1945)
Dirigida por Gabriel Pascal y protagonizada por Claude Rains y Vivien Leigh.1​ Es una adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw César y Cleopatra (1901).

La dama duende es una película argentina de 1945 en blanco y negro, dirigida por Luis Saslavsky, con guion de los autores de la Generación del 27, María Teresa León y Rafael Alberti según la comedia homónima de Pedro Calderón de la Barca. Está protagonizada por Delia Garcés y Enrique Álvarez Diosdado. Fue estrenada en Buenos Aires el 17 de mayo de 1945. 

Edipo rey es una película italiana de 1967 dirigida por Pier Paolo Pasolini, producida por Alfredo Bini interpretada por Silvana Mangano y Franco Citti y basada en la tragedia homónima escrita por Sófocles.

Funny Girl,  película musical de 1968, dirigida por William Wyler y basada en la obra teatral del mismo título de Isobel Lennart. Streisand debutó en el cine con el papel que le había hecho famosa en los teatros de Broadway y Londres. Tuvo su secuela en Funny Lady en 1975.

La heredera (The Heiress) es una película estadounidense de 1949 dirigida por William Wyler. El guion es obra de Ruth y Augustus Goetz, que ya habían hecho la adaptación teatral de la novela corta de Henry James Washington Square, ambientada en la Nueva York de 1850 y basada en un hecho real que había oído en Londres el escritor.

Vania en la calle 42

Vanya on 42nd Street es una película dramática dirigida por Louis Malle y Andre Gregory. El argumento está basado en la obra teatral de Antón Chéjov: Tío Vania con el guion adaptado por David Mamet.

jueves, 12 de abril de 2018

Sagor Maas


Frederica Alexandrina Sagor Maas (Nueva York, 6 de julio de 1900 a 5 de enero de 2012) fue una guionista de cine estadounidense.

Hija de inmigrantes judíos procedentes de Rusia, la vida de Frederica fue como la trama de una de las viejas películas de Hollywood.

Frederica Sagor, una de cuatro hermanas, nació en un apartamento frente a la vía de tren en Manhattan. Sus padres acortaron el nombre de Zagosky. Quiso ser médico pero abandonó la idea y estudió periodismo en Columbia. Trabajó un verano como correctora para el New York Globe.

Abandonó los estudios y comenzó a trabajar en 1923 como asistente de edición en la oficina de Nueva York de los Estudios Universal. En 1924 se mudó a Hollywood, donde rechazó sugerencias de que probara suerte como actriz y en cambio escribió para los estudios Universal, MGM, Paramount y Fox. Su verdadera escuela fue la sala de un cine donde aprendió todo lo que necesitaba saber sobre el séptimo arte.

Entró a la industria del cine luego de responder a un anuncio como ayudante del editor de guiones en la Universal Pictures en Nueva York. Obtuvo el trabajo y aprendió sobre cine mirando las películas que le gustaban tres o cuatro veces, estudiándolas fotograma a fotograma.

Uno de sus primeros trabajos como guionista fue la adaptación al cine de la novela de Percy Marks, The Plastic Age, con la que lanzó a la fama a la estrella del cine mudo, Clara Bow. Tras el éxito firmó contrato con MGM, donde, otros se llevaban el reconocimiento por su trabajo. En un sistema donde existían “ejércitos” de escritores, era la norma.

Cansada de MGM, Frederica pasó a trabajar con Tiffany Productions, donde recibió el reconocimiento por haber escrito las comedias de los años 20 That Model From Paris (1926) y The First Night (1927).

En 1927 se casó con el guionista, Ernest Maas, y también escribió guiones con él. Por su guión original para la película Rolled Stockings (1927), Frederica no sólo recibió el reconocimiento en los créditos en la pantalla sino también en el afiche, un hecho raro en esa época.

Durante el descalabro bursátil de 1929 la pareja perdió 10 mil dólares y tuvo que sobrevivir escribiendo reseñas de películas. El matrimonio Maas Sagor intentó hacer carrera por su cuenta, escribiendo guiones a cuatro manos o vendiendo sus historias de forma individual. Rozaron la miseria, y en el último momento decidieron volcar su habilidad en sendas historias cercanas a sus corazones: Photo by Brady, sobre uno de los pioneros de la fotografía en EE UU, y Miss Pilgrim’s progress, una historia feminista sobre el trabajo femenino que en 1947 Darryl F. Zanuck destrozó y convirtió en un musical, La escandalosa señorita Pilgrim, para lucimiento de Betty Grable, y que por cierto fue la primera aparición en la pantalla de Norma Jean, más conocida como Marilyn Monroe. Contra estas manipulaciones, Sagor Maas protestó y se ganó fama de buscapleitos, de comunista, calificativos surgidos de una industria que ella misma calificó de «sin sustancia».

Junto a Maas, observaron con dolor cómo sus ideas y guiones eran robados sistemáticamente por la industria del cine. La mayoría de los guiones que escribieron entre 1938 y 1950 nunca se realizaron, lo que los llevó a cambiar de profesión, ganándose la vida en la industria de las aseguradoras.

Empobrecidos y desilusionados, en 1950 la pareja condujo hasta la cima de una colina aislada al atardecer con la intención de matarse por asfixia, pero no tuvieron el coraje de hacerlo. Frederica y su marido dejaron Hollywood a principios de los años 50 después de que fueran interrogados por el FBI acusados de participar en actividades comunistas.

Y ahí empezó la segunda vida del matrimonio. Trabajó en compañías de seguros, con lo que así pagó sus facturas; Ernest escribió como negro de otros. Solo tras su muerte en 1986, a los 94 años, de párkinson, Frederica se decidió a escribir sobre lo vivido y a contarlo todo sobre Hollywood. A describir, por ejemplo, a un Louis B. Mayer, fundador de la Metro Goldwyn Mayer, como alguien en el que era imposible confiar; hablar de una Bow bailando desnuda encima de las mesas de alguna de las «fiestas salvajes » por las que Hollywood fue conocido, y un Irving Thalberg «niño de mamá» que más parecía no haber tenido abuela.

Antes de morir a los 111 años, Sagor Maas se había convertido en el único lazo viviente con la era del cine mudo.


Frederica Sagor Maas escribió historias originales para el cine, adaptó otras y desarrolló decenas de guiones para Hollywood, que sirvieron de rampa de lanzamiento para las estrellas de la época, como Louise Dresser, Constance Bennett o Clara Bow. 

Al igual que Greta Garbo, tuvo que adaptarse al sonido y al color en el cine. Sin embargo, como pasó con tantas mujeres en los primeros tiempos del cine y a tantas escritoras, científicas y creadoras, sus ideas para nuevas historias y nuevos guiones eran robadas, su trabajo era plagiado y otros recibían el reconocimiento.

Pocas veces le reconocieron su labor en títulos de crédito o respetaron su escritura original

Era la última de una estirpe, la de las mujeres –muchas, muchísimas, a las que la historia no ha reconocido y cuyos nombres se pierden deglutidos por las fauces de la industria– que levantaron el séptimo arte en los inicios de las majors en Hollywood. Sagor Maas era más lista que sus colegas de profesión, y se sintió ninguneada, acosada sexual y profesionalmente, plagiada en un mundo loco, que se regodeaba en sus excesos. A todos los dejó atrás: “Todos vosotros, panda de sinvergüenzas, estáis ya bajo tierra, mientras que yo sigo aquí, vivita y coleando”.

Afortunadamente, el papel de la mujer en la historia del cine como motor indispensable, delante y detrás de las cámaras, en todas y cada una de las facetas posibles, es indiscutible. Pero hay ámbitos en los que su ausencia masiva se resiente: uno, la dirección durante el periodo clásico; otro, la producción durante el mismo periodo. Eso nos ha privado, en Hollywood o fuera de él, de esa otra historia del cine que hubiera podido ser. Con la modernidad ya ha sido distinto y la mujer ha tenido participación activa.








Su novela «La escandalosa señorita Pilgrim» (editorial Seix Barral)

Frederica Sagor Maas volvió a ser noticia , cuando a los 99 años publicó The shocking Miss Pilgrim: a writer in early Hollywood, cuyo título hacía referencia a su último título cinematográfico, un frívolo musical de 1947 protagonizado por Betty Grable que en realidad había escrito como un drama sobre los problemas laborales a las que se enfrentaban las mujeres en aquella época.

 «A menos que quisieras dejar la industria, tenías que callarte la boca», escribió. «Yo tenía una pasión intensa por este nuevo arte», escribió en sus memorias, The Shocking Miss Pilgrim: A Writer in Early Hollywood. Memorias en las que describió el chauvinismo, la misoginia y la discriminación a la que se vio sometida como mujer en la industria en los años veinte. También describiría casos de prostitución, abuso de poder y plagio.

Rebelde e ingeniosa, ella misma relata en estas páginas sus experiencias en los años dorados del cine mudo, y cómo sobrevivió en un mundo de juegos de poder, envidias y traiciones, dominado por hombres: productores y directores que, en sus propias palabras, eran «unos analfabetos sexistas, alcohólicos, trepas, mentirosos y tramposos». Éste es el apasionante relato de una mujer que lo vio todo, una pionera que plantó cara a los peces gordos de la industria cinematográfica y vivió lo suficiente para ser testigo de los mayores escándalos del temprano Hollywood y, pasados los años, contarlo todo sin tapujos, en una crónica picante que se lee como una dulce venganza. «Sagor Maas revela los trapos sucios bajo el polvo de estrellas», The New Yorker; «Un libro lleno de intrigas escrito con nitidez y destreza», Philadelphia Inquirer.

«Un documento irreemplazable, escrito desde la inusual perspectiva de una mujer que vivió en aquella época», Los Angeles Times.

Filmografía

Frederica Maas, una de las pocas mujeres guionistas de su época, destacada por filmes como The Plastic Age (1925), Dance Madness (1926), Hula (1927) y Red Hair (1928) protagonizados por Clara Bow, así como producciones encabezadas por Norma Shearer como His Secretary (1925) o Greta Garbo, Flesh and the Devil, 1926.

martes, 10 de abril de 2018

No es extraño


                        Paul Cézanne y Émile Zola, una amistad hecha película



















Fotograma de la película 'Cézanne y yo' con Guillaume Gallienne (izquierda) interpretando al pintor y Guillaume Canet (derecha) haciendo de Émile Zola. EL MUNDO

Danièle Thompson recrea la amistad que unió, durante casi 40 años, a ambos en Provence
Paul Cézanne cumplió uno de sus sueños en más de una ocasión: pintar la Sainte-Victoire, la cadena de montañas calizas próximas a Aix en Provence, donde nació y en la que pasó buena parte de su infancia con su amigo el escritor Émile Zola. La inmortalizó hasta en 80 ocasiones: unas, desde la comuna El Tholonet; otras, desde las inmediaciones de Bellevue; pasando por las que realizó desde una loma próxima a su estudio en Les Lauves. Y así. Todas ellas distintas y surgidas desde la más absoluta admiración por la pintura, por el arte, por la pasión. La misma que le hizo escudarse de los críticos y acercarse a los impresionistas, sus compañeros de generación. Sólo ellos podían entenderle.
Ni si quiera su padre fue capaz de entrever lo que su hijo esperaba de la vida. Era el mayor de tres hermanos y el ascenso social y profesional de su progenitor le alejó, durante un tiempo, de si mismo. De repente, se convirtieron en una familia acomodada a la que la etiqueta de nuevo rico le hizo un flaco favor entre los demás nobles. Todo ello endureció aún más el carácter del joven pintor que, a pesar de su insistencia, comenzó a estudiar Derecho. Durante este tiempo, no mostró mucho interés por la carrera, sino que dibujaba y escribía poesía. Por lo que, poco después, consiguió la aprobación paterna para abandonar su casa y dirigirse a París, dónde vivía Zola desde que terminaron el bachillerato.
Ambos se conocieron en la escuela cuando tenían en torno a los 12 años y con motivo de una pelea. Por un lado, Zola, huérfano y sin dinero, decidió valerse de la burguesía a la que tanto atacó de joven para dar su gran salto a la literatura. Por otro lado, Cézanne, que venía de una familia adinerada rechazó toda vida social para centrarse únicamente en su obra. Pero sus esfuerzos de juventud fueron en vano, ya que la calidad de sus obras sólo se les reconoció al final de sus vidas.





En el prólogo a sus Novelas ejemplares Cervantes dice claramente que Jáuregui le pintó: "...pues le diera mi retrato el famoso don Juan de Jáurigui" (sic). Esta pintura está perdida. Ha habido un sinfín de intentos de identificar el perdido retrato con alguno que todavía existe, y ha tenido más éxito el que aparece en este artículo, pero ni los historiadores de arte ni los cervantistas aceptan éste u otro como auténtico o documentado.
Fue tan famosa la gran amistad de Jáuregui con Miguel de Cervantes, como su gran enemistad con los escritores Góngora, Lope y Quevedo -quien llegó a escribir contra él en su obra La Perinola-. En el mundo pictórico fue un pintor de gran calidad, algunos incluso comentan que fue más pintor que poeta. Su nombre se asociaba a otros pintores de la época como Pacheco, Céspedes o Mohedano -escritores también y al mismo tiempo-.





Julio Romero de Torres



Su pasión por el flamenco y la temática fundamental de sus cuadros le ha valido hasta hace pocos años un injusto e ignorante concepto localista de su obra. Su dimensión internacional y el impacto mediático del que disfrutó en su época están más que demostrados en documentos y hemerotecas. Apoyado por miembros de la Generación del 98, como Valle Inclán, su obra provocó el rechazo académico, por escandalosa, y el de los pintores modernos, por considerarla alejada de la vanguardia. 

Encuentro de Blasco y Sorolla en la playa







Hans Arp, Tristan Tzara & Richter


Cien años de Dadá, la vanguardia que cambió el siglo XX


Zúrich, febrero de 1916. En el oasis suizo rodeado por la masacre europea, un grupo de artistas y poetas exiliados prende la mecha de una revolución artística y vital en una pequeña e insólita sala de variedades: el Cabaret Voltaire. Aquel rincón fue el semillero improvisado del movimiento Dadá, que quiso fundir vida y arte usando la irracionalidad y la provocación como pegamento. En su ensayo Dadá. El cambio radical del siglo XX, recién editado en España por Anagrama, el profesor de la Universidad de Georgia Jed Rasula narra con profusión de datos y anécdotas la historia de esta corriente que cumple ahora 100 años.



El cabaret fue creado por la pareja de artistas Hugo Ball y Emmy Hanningstras varios meses dando tumbos desde que abandonaron Alemania con pasaportes falsos. Ball puso un anuncio en un periódico local: "Se hace una invitación a los jóvenes artistas de Zúrich para que acudan con sus propuestas y aportaciones sin que importe su orientación particular". La misma noche de la inauguración, preparada a la carrera sin un programa establecido, se dejaron caer por allí dos jóvenes rumanos, Marcel Janco y Tristan Tzara. El primero colgó sus obras de arte en las paredes del local y el segundo se ganó al público leyendo poemas que se sacaba de los bolsillos del abrigo. Así entraron a formar parte del grupo residente de aquellas veladas parecidas a las actuales noches de "micrófono abierto". Luego se unieron el artista Hans Arp, el poeta Richard Huelsenbeck y el pintor y cineasta Hans Richter a la troupe de agitadores en torno a la que pululaban todo tipo de espontáneos.


En una noche cualquiera en el Cabaret Voltaire podían representarse en su diminuto escenario "desde tiernas baladas hasta números que eran únicamente ruido y pataleo", escribe Rasula. Y, entre ambos extremos, poemas recitados simultáneamente en tres idiomas, cánticos folklóricos interpretados con balalaicas por una pandilla de estudiantes rusos, escenas del Ubú rey de Alfred Jarry, sonatas para piano y violonchelo de Saint-Saëns y bailes espasmódicos con máscaras africanas. El experimento duró cinco meses, pero fue el laboratorio de un movimiento que desde aquel cubículo zuriqués se extendió a Europa y a Estados Unidos y cuyos postulados han tenido un enorme eco no sólo en el arte posterior, sino en toda la cultura popular. 






La de Julio Silva (Argentina, 1930) y Julio Cortázar (Ixelles, 1914 - París, 1984) fue una amistad de combate lúdico durante más de tres décadas. Con espíritu infantil calado en la esencia de  cada uno, el escritor y el pintor jugaban box, escribían, pintaban, comían y bebían: “Una relación perfecta de dos amigos, mejor no pudo ser”, define Víctor Poll, editor.
Cofradía de la que da testimonio el propio Cortázar en las cartas que escribió a su amigo cuando andaba fuera de París, ciudad que compartieron. En esta correspondencia el autor de Rayuela abordó igual la edición de un libro en la editorial de Arnaldo Orfila, que el deterioro de su salud.
Las misivas junto con las publicaciones Los discursos de Pinchajeta y Silvalandia –obras que realizaron en colaboración en París– se compilan por primera vez en el libro El último combate. Julio Cortázar-Julio Silva (RM), un homenaje a la genialidad de los artistas quienes supieron hacer de sus travesuras una obra de arte.
El libro, que completa la serie El último round, presenta todas las colaboraciones que realizaron ambos creadores, el texto Un Julio habla del otro en el que Cortázar describe a Silva, y a manera de colofón la entrevista de Saúl Yurkievich a Silva titulada La pluma y la tijera, en la que Yurkievich, íntimo amigo de los dos, indaga en su forma de trabajar.
“El tema del libro, lo que sobrevuela todos los materiales que están reunidos, es la relación de los dos Julios que era una relación de amistad; sobre todo una relación basada en el juego y en una disputa intelectual a base de jugar, muy lúdica al aportar cada uno su obra. El trabajo de los dos básicamente se fundamentaba en ese juego”, comenta en entrevista Poll, quien realizó la edición del ejemplar en España.