miércoles, 6 de diciembre de 2017

Imogen Cunningham

 "Autorretrato con / Self Portrait with Korona View", 1933 © 2014 Imogen Cunningham Trust


Entre las pasiones de Cunningham se encuentra la botánica. Dedicó gran parte de su tiempo a la captación de motivos florales y sus jardines fueron la prolongación de su imaginario. Su afición le llevó a titular sus fotografías con los nombres científicos de las plantas que fotografiaba y fue su serie «Pflanzenformen» la que le granjeó su primer reconocimiento internacional en la exposición «Film und Foto» de la Werkbund de Stuttgart, en 1929.



 "Floración de magnolia / Magnolia Blossom", 1925 © 2014 Imogen Cunningham Trust


Otro de los puntales de la obra fotográfica de Cunningham fue el género del retrato. Además de retratar a amigos y familiares, también fotografió a figuras de la talla del pintor Morris Graves, la campeona de esgrima Helene Mayer, la modelo Phoenix o la artista Ruth Asawa. Sus retratos de la artista Frida Kahlo son mundialmente conocidos y en sus últimos años de su vida se embarcó en una serie de fotografías de ancianos que se materializó en la monografía póstuma «After Ninety». Su estilo, ambiental y relajado, comunica la fascinación que sentía por aquello que hace única a cada persona, sobre los detalles que diferencian a los seres humanos. Así, muestra de forma magistral las líneas geométricas del cuerpo y formas sensuales definidas por la iluminación y la composición.



"Edward Weston y Margrethe Mather, fotógrafos / Photographers", 1922 © 2014 Imogen Cunningham Trust


"Cary Grant", 1932 © 2014 Imogen Cunningham Trust



"Tres bailarinas, Colegio Mills / Three Dancers, Mills College", 1929 © 2014 Imogen Cunningham Trust

"Ruth Asawa" © 2014 Imogen Cunningham Trust



"Joan Blondell", 1933 © 2014 Imogen Cunningham Trust








La infancia de Imogen Cunningham transcurrió en una granja de Portland (Oregón), donde su padre -quien la llamó Imogen por la heroína de la obra de teatro «Cimbelino» de Shakespeare- contribuyó de manera decisiva a su educación, animándola a leer y a recibir clases de arte. Imogen decidió ser fotógrafa en 1901, influenciada por la fotógrafa norteamericana Gertrude Kasebier. En 1907 se graduó en Química en la Universidad de Washington con una tesis sobre el proceso químico de la fotografía. Tras trabajar como asistente en el estudio fotográfico de Edward Curtis, en 1909 se trasladó a Alemania para estudiar en la Technische Hochschule de Dresde. A su regreso a Seattle abrió su propio estudio adquiriendo gran popularidad por sus retratos.

En 1915 contrajo matrimonio con el artista Roi Partridge, con quien tendría tres hijos, y con quien se mudaría a San Francisco en 1920. Dedicada a la vida familiar, tendría dos hijos más y seguiría desarrollando su obra fotográfica en los límites del hogar. En 1929, Edward Weston escogería 10 de sus fotografías para la exposición «Film und Foto» en Stuttgart y en 1932 fundarían, junto a otros fotógrafos como Ansel Adams, el grupo f/64. Después de «Vanity Fair» publicase varias de sus fotografías de la bailarina Martha Graham, se unió al staff de la revista, para la que retrató a celebridades y figuras políticas como Cary Grant y Herbert Hoover entre 1933 y 1936. Tras separarse de su marido, en los años 40 desarrolló diversos trabajos comerciales y de estudio y en 1945 fue invitada por Ansel Adams a unirse al departamento de fotografía de la Escuela de Bellas Artes de California. Imogen Cunningham seguiría trabajando como fotógrafa hasta poco antes de su muerte a los 93 años.

Imogen Cunningham o cuando una fotografía te cambia la vida


viernes, 1 de diciembre de 2017

La ventana







@ Mario Spedicato 







Carlos Gardel - Tu Vieja Ventana - Vals Criollo 1927






 Cat StoRy, 2017






Para tu ventana

un ramo de rosas me dio la mañana.

Por un laberinto de calle en calleja,

buscando, he corrido, tu casa y tu reja.

Y en un laberinto me encuentro

perdido

en esta mañana de mayo florido.

Dime dónde estás.

Vuelta y revueltas. Ya no puedo más.



                                                                                             ANTONIO MACHADO








Martinique,  André Kertész, 1972.





The Window - Leonard Cohen

jueves, 30 de noviembre de 2017

De



De las rosas hay que escribir siempre,
porque son corazones fuera de los cuerpos,
son como ojos de huracán ciego
o centros sin diana.

De las rosas hay que hablar,
porque se abren,
como infinitas palmas de manos,
porque son el nombre y son la cosa
porque laceran
porque huelen
porque se deshojan.

Con las rosas siempre se sueña,
porque traen recuerdos de sangre
y de horas que se van,
de sacrificios y antiguos animales,
de troncos lechosos y sexo y hambre.
De cómo de híbrida
puede ser la pureza.

De amor inabordable.



Deb