martes, 17 de abril de 2012

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El fastidio de los Bantú






Los pigmeos representan un caso extremo en lo que se refiere a carencia de ritual. Tan pocos actos rituales ejecutan, que los primeros etnógrafos que estudiaron dicha tribu supusieron que carecían de religión y hasta de cultura propias. Las que tenían supusieron que las habían tomado de sus vecinos, los bantús. Turnbull se dio a la tarea de demostrar que la falta de ritual constituye precisamente un aspecto de su cultura peculiar. En su estudio aparecen los pigmeos imitando irreverentemente los solemnes ritos de los bantús, incapaces de comprender la magia de la caza y de la fertilidad que éstos les ofrecen, tentados por la risa durante los intentos bantús de descubrir hechiceros y totalmente despreocupados de incurrir en la contaminación que supone el contacto con los cadáveres. No tienen culto alguno relacionado con la muerte, y rechazan la idea bantú del pecado. La parafernalia de la religión de sus vecinos les es totalmente ajena, mientras que los bantús les consideran ignorantes e irreligiosos. La religión de los pigmeos se basa en los sentimientos íntimos, y no en signos externos. Los cambios de talante de la divinidad se manifiestan en los cambios de talante del bosque, que sólo puede ser aplacado, como los pigmeos mismos, por medio de canciones y de danzas. Su religión no radica en ocupar un lugar apropiado dentro de las categorías cósmicas del universo, ni en actos de trasgresión, ni en normas de pureza, sino en la alegría (1965; 289). Utilizando el viejo slogan, es una religión de fe, y no de palabras. En cuanto a las agrupaciones sociales, los pigmeos se organizan en bandas tan variables que un territorio dado ve «un continuo fluir de individuos» (1965; 109). Los campesinos bantús consideran que ciertos pigmeos están ligados a sus aldeas por derecho hereditario y desearían saber dónde se encuentran. Pero, como afirma Turnbull, Cada linaje y cada individuo puede moverse por una infinidad de territorios si así lo desea y el sistema favorece tal movimiento hasta el punto que ningún bantú puede saber con seguridad qué linajes mbuti cazan en 'su' territorio. (1965;109.Los grupos de cazadores de red trasladan sus campamentos de un lugar a otro aproximadamente cada mes, período durante el cual la composición del grupo varía con la incorporación de nuevos miembros y la partida de otros. La caza requiere un mínimo de siete hombres, y un campamento constituido por veinte cabañas se considera grande. En la estación de la recogida de la miel, los grupos se fragmentan en unidades aún menores. Los pigmeos obedecen, al parecer, a muy pocas normas establecidas. Siguen un esquema de conducta más o menos uniforme, pero dentro de unos límites de gran amplitud. (1961; 80.) En una sociedad como la anteriormente descrita, el individuo no necesita  ceñirse a las formalidades de la relación social. Si surge una pelea, el pigmeo puede retirarse de ella sin dificultad.

Son considerados ignorantes e inmorales por los Bantú, basados en la agricultura, pero disfrutan de un individualismo y una libertad mucho mayor. Para el fastidio de los Bantú, los pigmeos se burlan irreverentemente de sus ritos solemnes y su sentido del pecado. Rechazando el territorialismo, y mucho más los lugares privados, "se mueven libremente en un mundo social sin cartografiar, sin sistematizar, sin fronteras", según Mary Douglas (1973). 
TopofiliaYi-Fu Tuan













Si buscas en la red "los Toda", encuentras cosas como "toda la actualidad de los...". Sin embargo, durante la colonización de la India, la cultura Toda impresionó a artistas, científicos, militares, lingüistas e historiadores de Occidente y les formuló grandes preguntas.
Los Toda practicaron la poliandria fraternal (tres hermanos se casaban con una misma mujer, representando la Tríada divina de la India) y sus ritos funerarios son quizá los más profundos réquiems que hayan existido en la historia de la humanidad. Su religión contiene un ritmo sempiterno e ininterrumpible, basado en las labores de producción de la leche de búfalo. 




The Todas

 William Halse Rivers Rivers

 Macmillan1906

 


Edicions Universitat Barcelona, 1995












Otro dios sacrificado

Marshall Sahlins – Islas de historia

 

 

En Historical Metaphors and Mythical Realities (Ann Arbor, 1981) Islands of History (Chicago, 1985),   se centró en los acontecimientos que siguieron a la llegada del capitán James Cook a Hawaii en 1779, exponiendo dos ideas opuestas pero complementarias. En el primer lugar, la de que los acontecimientos que ocurrieron en 1779 estuvieron “ordered by culture” (Historical Metaphors, 8). Los hawaianos percibieron a Cook a través de la lente de sus propias tradiciones culturales, identificándolo con el dios Lono, y actuaron en consecuencia, dando así a los acontecimientos una impronta cultural distinta. En   segundo lugar, en el proceso de asimilar este encuentro cultural y de   “reproducing that contact in its own image,” la cultura hawaiana “changed radically and decisively” (Historical Metaphors, 33). Por ejemplo, la distancia social entre los jefes y el resto se acrecentó después de que los jefes hubieran adoptado nombres ingleses tales como King George or Billy Pitt.




Extraído de: Es la cultura, estúpido (1) Grand Tour (por Anaclet Pons)


Según nos narra Sahlins en   Islas de Historia: La muerte del capitán Cook, Metáfora, antropología e historia (Barcelona, Gedisa (1988), el capitán Cook visitó las islas hawaiianas en enero de 1779. Su llegada coincidió con el festival religioso local que celebraba la llegada de Lono, el dios de la paz y la agricultura. Según las tradiciones religiosas hawaiianas, Lono provenía de la distante tierra de Kahiki, un lugar mítico al que ningún hawaiiano había ido antes. A su llegada a la isla, los sacerdotes locales lo agasajaron y le llevaron a los templos para realizar las ceremonias del festival de Makahiki. Cook abandonó la isla, pero se vio forzado a volver al cabo de diez días   porque su barco necesitaba reparaciones. Cuando Cook regresó, la época de celebración del dios Lono  había terminado. Ahora era la temporada de Ku, el dios de la guerra. Así pues, Cook se encontró con miles de personas dándole la bienvenida. Según la tradición religiosa, Lono debía ser asesinado de manera tal que el jefe gobernante del momento, Kalni’opu’u, pudiera adquirir los poderes divinos del dios agonizante. De ese modo, el capitán Cook, a quien los hawaianos identificaron como Lono, fue asesinado por una multitud de nativos.