domingo, 24 de septiembre de 2017

COPPÉLIA


Coppélia es un ballet sentimental y cómico con coreografía original de Arthur Saint-Léon para un libreto de ballet de Saint-Léon y Charles Nuitter y música de Léo Delibes. Está basado en una historia macabra de E.T.A. Hoffmann titulada Der Sandmann (El hombre de arena), publicada en 1815. El ballet se estrenó el 25 de mayo de 1870 en la Ópera de París, con Giuseppina Bozzachi en el rol principal. Sus primeros éxitos fueron interrumpidos por la Guerra franco-prusiana y el cerco de París, pero eventualmente pasó a convertirse en el ballet más interpretado en la Ópera Garnier.


El equipo formado por Saint-Léon y Nuittier ya había conseguido un éxito anterior con el ballet La Source (1860), en el que Delibes había contribuido con una parte de la música. La historia trata acerca de un inventor misterioso y pálido, el Doctor Coppélius​ que tiene una muñeca danzante de tamaño real. Parece tan realista que Franz, un pueblerino se enamora de ella, dejando de lado a su verdadero amor, Swanilde, que en el Acto II le muestra su locura, al vestirse como una muñeca y pretender cobrar vida. Los divertissements festivos para el día del matrimonio en las calles del pueblo que ocupan el Acto III son a menudo eliminados en las versiones danzadas modernas, considerando que una de las entrées tienen las primeras czardas presentado en un ballet. Si el Frankenstein de Mary Shelley representa el lado oscuro del tema del científico como dador de la vida, entonces Coppelia es el lado ligero. Si Giselle es una tragedia que sucede en un pueblo de campesinos, entonces Coppélia es una comedia en el mismo escenario. La parte de Franz fue danzada en travestie, una convención que agradó a los miembros masculinos del Jockey-Club de Paris y se conservó en París hasta la Segunda Guerra Mundial.


West Australian Ballet 

De Giuseppina Bozzacchi, la Coppélia original, una joven estudiante de ballet que acababa de cumplir dieciséis años, se esperaba que tuviese una gran carrera delante de ella pero se enfermó de cólera durante el cerco de París y murió en su cumpleaños diecisiete.
Alguna influencia sobre esta historia viene de los espectáculos ambulantes de fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX que mostraban a automátas mecánicos. Esta área del entretenimiento ha sido poco documentada, pero una historia reciente sobre este campo está contenida en The Mechanical Turk de Tom Standage (2002). Estos espectáculos posteriormente influenciaron a Charles Babbage para su invención de la máquina diferencial.

 Giuseppina Bozzacchi



Russian Choreographic Academy Australia 



      A.V.A. Ballet’s Coppelia

Svetlana Beriosova 


sábado, 23 de septiembre de 2017

ABRERRELATOS







"De la autora, cinturón negro en el Borges menos manoseado, conocemos sus anteriores novelas, peculiares archivos cuya memoria, cogida del brazo de la Historia, era la principal fuente de su verismo. Ahora, fuera ya de cuentas, da a luz unos relatos de acontecimientos en apariencia aislados, pero que se desembarazan de su insignificancia para encajar en el proyecto global de la comprensión de lo humano, con esa épica hermética que adopta cuando se presenta como parábola.
Al estilo de “Sherezade”, que narra mientras vive y narra también para vivir, Abrerrelatos va abriendo cuentos que abren otros cuentos, ya sea aquí o en otros libros."
Huerga y Fierro, 2017.

Déborah Puig-Pey Stiefel nació en Barcelona en 1960 y se formó en antropología cultural. Es escritora de novela, relato y poesía. Obtuvo el premio finalista de narración breve Max Aub en el 2005.
Ha publicado: Donde hay nilad, 2010, Nusus, un cuento ilustrado para niños, 2013, Les músiques de Brundibar, 2014 (en catalán), Las músicas de Brundibar, 2015 (en castellano).



jueves, 21 de septiembre de 2017

Albert Marquet














Ese golpe de luz, ese naranja encendido que resbala sobre la carne de la modelo bastaría para justificar la presencia de Albert Marquet (1875-1947) en una historia del arte del siglo XX. Entre 1898 y 1901, él y su amigo Matisse, trabajando codo con codo, tuvieron el primer vislumbre de lo que más tarde se llamaría “fauvismo”. Pero Marquet no fue sólo un precursor, ni su obra de madurez puede identificarse con la vehemencia expresionista del fauvismo. Como señaló hace tiempo el crítico Hilton Kramer, las sensaciones que provocan un bodegón de Morandi o un paisaje de Marquet no son fáciles de explicar, porque no encajan en los esquemas habituales sobre la evolución del arte moderno. Razón de más para desconfiar de los esquemas.



Su pintura, cada vez más delgada, iba ganando en sutileza, acercándose a veces a la tradición del paisaje chino, con la extremada delicadeza de sus lejanías. Por ejemplo, en Naples, le voilier, donde la base de las montañas azules del fondo se esfuma, se desvanece. 




La pintura de Marquet aparece siempre bajo el signo del agua. Su factura fluida, su color lavado, sus siluetas borrosas sugieren una música acuática.

Albert Marquet, pintor del agua