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domingo, 27 de mayo de 2018

Ícaros

Paisaje con la caída de Ícaro es un pintura al óleo sobre lienzo que durante mucho tiempo se pensó que era obra de Pieter Brueghel el Viejo, aunque tras examinarla en 1996 se considera muy dudoso.​ Es probable que se trate de una versión de un original de Brueghel que se ha perdido.​ Basada en la versión de la historia que presenta Ovidio en Las metamorfosis, la pintura fue el tema de un poema con el mismo nombre de William Carlos Williams, y fue descrito en el poema de W. H. Auden Musée des Beaux-Arts, que recibe el nombre del museo en el que se encuentra la pintura en Bruselas.


En la mitología de la Antigua Grecia, Ícaro consiguió volar con alas hechas de plumas pegadas con cera, pero en su vuelo se acercó tanto al sol que se fundió la cera, cayó al mar y se ahogó. Sus piernas se pueden ver en el agua, junto al barco más grande de la pintura.


Aunque el arte de paisajes con el tema del título representado por pequeñas figuras en la lontananza eran un motivo habitual en la Pintura flamenca de los siglos XV y XVI, el tener formas sin mucha relación con el tema en primer plano es original, y representa una ruptura respecto a la jerarquía de los géneros. Otros paisajes de Brueghel, como por ejemplo Los cazadores en la nieve (1565) muestran figuras en primer plano, pero no tan grandes y en ausencia de algo de una clase «superior» en el fondo.


Se desconocía la existencia de esta pintura hasta que la compró el museo en 1912; a continuación apareció otra versión, en la que Ícaro está aún en el aire, generalmente considerada inferior, y se encuentra en otro museo de Bruselas.​ Es la única pintura de Brueghel de tema mitológico, y sería su único óleo sobre lienzo, pues sus otras obras sobre lienzo son témperas. La perspectiva del barco y las figuras no es totalmente correcta, aunque esto puede reforzar la composición. También realizó un grabado con el barco y las dos figuras cayendo.


El labrador del arado, el pastor y el pescador aparecen mencionados en el relato de Ovidio; están: «asombrados y creen ver a los dioses aproximándose a través del éter»,​ lo que no cuadra precisamente con la impresión que da el cuadro. También hay un proverbio flamenco que dice «Ningún arado se detiene porque un hombre muera».​ La pintura puede, como sugiere el poema de Auden, mostrar la indiferencia de la humanidad al sufrimiento, resaltando que los hombres siguen con sus quehaceres a pesar de la muerte de la figura mitológica.



Jacob Peter Gowy, La caduta di Icaro (1636-1638)

The Lament for Icarus by Herbert James Draper

Dédalo era el arquitecto, artesano e inventor muy hábil que vivía en Atenas. Aprendió su arte de la misma diosa Atenea. Era famoso por construir el laberinto de Creta e inventar naves que navegaban bajo el mar. Se casó con una mujer de Creta, Ariadna y tuvo dos hijos llamados Ícaro y Yápige.
Su sobrino Talos era su discípulo, gozaba del don de la creación, era la clase de hijo con que Dédalo soñaba. Pero pronto resultó más inteligente que el mismo Dédalo, porque con solo doce años de edad invento la sierra, inspirándose en la espina de los peces; sintió mucha envidia de él tras compararlo con su hijo.
Una noche subieron el tejado y desde allí; divisando Atenas, veían las aves e imaginaban distintos mecanismos para volar. Ícaro se marchó cansado, y después de engañar Dédalo a Talos, lo mató empujándole desde lo alto del tejado de la Acrópolis. Al darse cuenta del gran error que había cometido, para evitar ser castigado por los atenienses, huyeron a la isla de Creta, donde el rey Minos los recibió muy amistosamente y les encargó muchos trabajos.

                           Charles Paul Landon

Carlos Saraceni Año: 1606-1607

Antonio Canova - Dedalo e Icaro

Chagall

lunes, 26 de febrero de 2018

Bóreas



Bóreas (en griego Βορέας, ‘viento del norte’ o ‘devorador’) era el dios del frío viento del Norte que traía el invierno. Bóreas era muy fuerte y tenía un violento carácter. A menudo era representado como un anciano alado con barbas y cabellos desgreñados, llevando una caracola y vistiendo una túnica de nubes. Su equivalente romano es el dios Aquilón.
Pausanias escribió que Bóreas tenía serpientes en lugar de pies, aunque en el arte se le solía representar con pies humanos calzados con coturnos. Como los otros tres dioses-viento (Céfiro, Euro y Noto), era hijo de Astreo y de Eos.



Bóreas estaba estrechamente relacionado con los caballos. Se decía que había engendrado doce potros, tras adoptar la forma de un semental, con las yeguas de Erictonio, rey de los dárdanos. Se decía de estos corceles que eran tan veloces como su padre el viento, siendo capaces de correr por un campo de trigo sin pisotear las espigas. Plinio el Viejo (Historia Natural iv.35 y viii.67) pensaba que las yeguas podían ponerse con sus cuartos traseros hacia el viento del norte y engendrar potros sin un semental.
Los griegos creían que su hogar estaba en Tracia, y tanto Heródoto como Plinio describen una tierra al norte llamada Hiperbórea (‘más allá de Bóreas’) en la que la gente vivía en completa felicidad hasta edades extraordinariamente longevas.
También se decía que Bóreas había secuestrado a Oritía, una princesa ateniense, del río Iliso. Bóreas se había encaprichado de Oritía e inicialmente había suplicado sus favores, con la esperanza de persuadirla. Cuando esto falló, volvió a su temperamento normal y la raptó cuando bailaba en la ribera del Iliso. Bóreas la recogió en una nube de viento y la llevó a Tracia, teniendo con ella dos hijos, los Boréadas Zetes y Calais, y dos hijas, Quíone y Cleopatra.
Desde entonces, los atenienses veían a Bóreas como un pariente político. Cuando Atenas fue amenazada por Jerjes, la gente rezó a Bóreas, de quien se dice que propició vientos que hundieron 400 barcos persas. Un suceso similar había ocurrido doce años antes, y Heródoto escribe:
Ahora no puedo decir si fue esto por lo que realmente los persas fueron sorprendidos anclados por la tormenta, pero los atenienses están bastante seguros de que, al igual que Bóreas les había ayudado antes, igualmente era responsable de lo que ocurrió también en esta ocasión. Y cuando volvieron a casa construyeron al dios un altar junto al río Iliso.


El rapto de Oritía fue popular en Atenas antes y después de la Guerra Persa y era representado con frecuencia en vasijas pintadas. En estas, Bóreas era retratado como un hombre con barba vistiendo túnica, con cabellos hirsutos que a veces aparece congelado y puntiagudo. El rapto también era dramatizado en la obra perdida de Esquilo Oritía.




En relatos posteriores, Bóreas era el padre de Butes y Licurgo (de amantes diferentes) y el amante de la ninfa Pitis.
El equivalente en la mitología romana de Bóreas era Aquilo o Aquilón. Un nombre alternativo y más raro usado para el viento del norte era Septentrio, palabra derivada de septem triones, ‘siete bueyes’, aludiendo a la constelación Osa Mayor. Septentrio es también el origen de la palabra septentrional, un sinónimo de boreal significando ‘del norte’.

lunes, 20 de marzo de 2017

Selenes

Selene y Endimión
Nicolas Poussin
1630

El pastor Endimión estaba enamorado de Selene y le pidió al dios Hipnos el poder de dormir con los ojos abiertos para poder admirarla cuando ésta cruzaba el cielo nocturno. Hipnos, quien estaba enamorado del pastor, le otorgó el don para poder contemplar a Selene durante la noche.

El Viaje a la Luna de Georges Méliès


Film:  La voyage de la lune (1902) 



Edmund Dulac


Albert Louis Auble


El Poeta y la Diosa: Robert Graves





George Frederic Watts

Endymion (1872)



Spring Scattering Stars, Edwin Blashfield,1927


Albert Pinkham Ryder 1847-1917
Silver Moon 


Victor Florence Pollet „Endymion i Selene”

Celebrando a Endimión

de Luis Antonio de Villena




A Dance Around The Moon
Charles Altamont Doyle 1832-1893




Carl Schweninger (1854-1903).



PEDRO III HOLME



Luis Ricardo Falero


martes, 28 de febrero de 2017

Ariadna

Theseus and the Minotaur
by Burne Jones


"Nadie sabe qué mundo multiforme o qué multiplicada muerte llenan el laberinto. Tú tienes el tuyo, poblado de desoladas agonías".


 Julio Cortázar, Los Reyes 




 1744   Angelica Kauffmann




En la mitología griega, Ariadna (en griego Ἀριάδνη, de la forma greco-cretense arihagne, ‘la más pura’) era hija de Minos y Pasífae, que eran los reyes de Creta que atacaron Atenas tras la muerte de su hijo Androgeo. A cambio de la paz, los atenienses debían enviar siete hombres jóvenes y siete doncellas cada año para alimentar al Minotauro. Un año, Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, marchó voluntario con los jóvenes para liberar a su pueblo del tributo.
Copa de Esón (c. 425–410 a. C., M.A.N., Madrid) en la que Teseo arrastra al Minotauro desde un laberinto parecido a un templo.
Ariadna se enamoró de Teseo a primera vista, como otros personajes femeninos que ayudaron a provocar el nuevo orden (un mitema que fue caracterizado como «de los desertores» por Ruck y Staples), y le ayudó dándole un ovillo del hilo que estaba hilando o, según otras fuentes, una corona luminosa para que pudiese hallar el camino de salida del Laberinto tras matar al Minotauro. Ariadna huyó entonces con Teseo, pero según Homero «no pudo lograrla, porque Artemisa la mató en Día, situada en medio de las olas, por la acusación de Dioniso» (Odisea xi.324). Homero no explica la naturaleza de la acusación de Dioniso.

En Hesíodo y la mayoría de las demás fuentes, Teseo abandonó a Ariadna dejándola dormida en Naxos y Dioniso la redescubrió y se casó con ella. Con él fue madre de Enopión, la personificación del vino, y fue ascendida a los cielos como la constelación Corona Borealis.
Ariadna permaneció fiel a Dioniso, pero más tarde Perseo la mató en el campo de batalla de Argos. En otros mitos Ariadna se ahorcó de un árbol, como Erígone y la Artemisa ahorcada, un tema mesopotámico. Sin embargo Dioniso descendió al Hades y la trajo de vuelta junto con su madre Sémele. Juntos se unieron entonces a los dioses del Olimpo.
Algunos investigadores creen, debido a su asociación con el hilo y los giros, que era una diosa de la tejedura, como Aracne, y sostienen tal afirmación con el mitema de la ninfa ahorcada.
Ariadna fue especialmente adorada
en Naxos, Delos, Chipre y Atenas.
Algunos investigadores creen que Ariadna es el epíteto tras el que se esconde una primitiva diosa de la fertilidad de Creta, «el primer personaje divino de la mitología griega en ser inmediatamente reconocido en Creta» (Kerenyi 1993, p. 83), una vez hubo comenzado la arqueología. Creen que este personaje debe identificarse con el teónimo documentado en tablillas micénicas da-pu-ri-to-jo po-ti-ni-ja («Señora del Laberinto») y que para Homero y la mitología griega posterior, los orígenes divinos de Ariadna se diluyeron. En una copa ática (kílix) del pintor Esón (c. 425–410 a. C., M.A.N., Madrid), Teseo arrastra al Minotauro desde un laberinto parecido a un templo, pero la diosa que le ayuda es Atenea. Para los mitógrafos atenienses la mentora del fundador de Atenas es Palas Atenea y Ariadna no es más que un trofeo.


Según algunos habría en realidad dos Ariadnas:
  1. La esposa de Dioniso a la que mató Perseo.
  2. La princesa que se enamoró de Teseo, y que habría nacido dos generaciones después.
En la mitología romana, la diosa comparable es Libera, a la que los poetas romanos asociaban con la Ariadna greco-minoica.



''El sueño de Ariadna'' John Vanderlyn (EEUU, S. XIX)


Baco y Ariadna
Tiziano, hacia 1520-1523


John William Waterhouse: Ariadne - 1898 




George Frederic Watts (1817 - 1904) Ariadne in Naxos, 1894


Cerámica representando a Teseo matando al Minotauro.



viernes, 2 de diciembre de 2016

Narcisos

Caravaggio 

John William Waterhouse Echo and Narcisse, 1903


Poussin

Michael Nicolas Bernard Lepicie
Narcissus

Richard Baxter - Narcissus and Echo (2000) - Detail




En la mitología griega, Narciso (en griego, Νάρκισσος) era un joven muy hermoso. Las doncellas se enamoraban de él, pero éste las rechazaba. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta la había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Por tanto, era incapaz de hablarle a Narciso por su amor, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: «¡Ven!». Después de responder Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.
Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.


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