miércoles, 9 de julio de 2014

El vuelo del vampiro Tournier





Michel Tournier, el crítico de los estereotipos



En el torrente de su obra como creador de ficciones (Viernes o los limbos del Pacífico, que le hizo merecedor del Primer Premio de novela de la Academia Francesa; El rey de los Alisos, con la que obtuvo el Premio Gouncourt por unanimidad; Los meteoros, cuya publicación generó elogios de la crítica; etcétera), Michel Tournier (París, 1924) publicó en el año de 1981 El vuelo del vampiro. Notas de lectura, su única recopilación dedicada a comentar las obras de autores franceses y de otras lenguas de Europa, en particular en lengua alemana, que conoce muy bien, puesto que fueron numerosas sus estancias en Alemania siendo un niño (Tournier fue testigo de los desfiles militares de los nazis en Berlín, escenas que le fueron inolvidables y que más adelante incorporó a sus obras de ficción).


Tournier parte de la vieja idea de que cada lector, con su historia y su específica sensibilidad, enriquece cada libro. "Un libro no tiene un solo autor sino múltiples autores, pues a quien lo escribió se suman con pleno derecho en el acto creador todos los que lo han leído, lo están leyendo o habrán de leerlo. Un libro escrito pero no leído aún, carece de existencia plena, apenas vive, es un ente virtual: ser exangüe, vacío, desgraciado, que casi se extingue pidiendo auxilio para existir. El autor lo sabe; y cuando publica un libro, no ignora que suelta entre la anónima multitud de hombres y mujeres una bandada de alados seres de papel, vampiros secos ávidos de sangre que se desperdigan al azar en busca de lectores".



Esta perspectiva, en la visión de Tournier, tiene una consecuencia inmediata: cada lector supone un modelo crítico, por lo tanto, la pretensión de clasificar las obras de los creadores en unos estereotipos, no es posible. A esto habría que añadir la propia condición de la gran obra literaria, cuya naturaleza consiste en rebelarse contra las clasificaciones y etiquetas.



El francés, ejerciendo de crítico de los críticos, apela al Kant de "la cuádruple paradoja de lo bello" para destacar las contradicciones que tienen lugar entre lo bello y las reacciones que la belleza provocan entre los lectores. Tal es el principal aporte que Tournier hace a un pensamiento sobre los modos de la crítica literaria.



El vuelo del vampiro es un libro flexible, que guarda sorpresas en cualquier línea de su trayectoria. Por ejemplo, a un ensayo sobre Henri de Campion (en el que advierte de los inconvenientes de leer obras del siglo XVII con nuestra mentalidad contemporánea), le sigue una miniatura dedicada a Versalles, continuada a su vez por el ya mencionado "Kant y la crítica literaria". Pasada la página de Kant, el siguiente abrevadero es Novalis y su relación con Sofhie von Kühn, que murió a los quince años. Aquí el narrador Tournier explora la configuración de la historia, como quien sugiere pistas que no son tan evidentes.



Esa doble condición entre la mente crítica y la mente ficcional, conduce las visitas a Goethe (Las afinidades electivas), a Jean Mistler (GaspardHauser), a Sthendal (Rojo y negro), a Balzac (Papa Goriot), a Flaubert (Madame Bovary y Tres cuentos), Jules Valles (Trilogía de Jacques Vingtras) y otros.



También incluye ensayos largos y provenientes de la lectura meditada y recurrente como es el caso de Cinco llaves de acceso a André Gide, donde coteja las opiniones de varios autores. En todos ellos la peculiaridad crítica de Tournier se fundamenta en esto: el uso de referencias polivalentes, donde la emoción lectora ocupa un lugar de relieve.



El libro cierra con cinco breves semblanzas, que tienen su origen en contactos de Tournier con cada protagonista. "Todo cambiaba los martes, cuando Claude Lévi-Strauss impartía su curso de etnología. Habíamos hecho una especie de consigna del espléndido epígrafe surrealista con que abre sus Estructuras elementales del parentesco: "Un pariente político es una pata de elefante". Su porte de príncipe asirio educado en Oxford contrastaba con el aire de naturalidad a toda prueba de sus colegas. Pero él, ante todo, nos traía un nuevo lenguaje que era preciso dominar".



Portada de El vuelo del vampiro Una cincuentena de libros, asaz dichosos por haberse encontrado en su camino al lector Michel Tournier, se transfiguran en sendos ensayos o semblanzas, y, nutridos por la poderosa imaginación del gran escritor francés, remontan el vuelo para desperdigarse, a su vez, en busca de lectores. Aquí los sueños y las intenciones de Perrault, Saint-Simon, Novalis, Goethe, Kant, Madame de Staël, Sartre, Gide, Calvino y tantos otros autores reunidos de una vez, son recreados vigorosamente, dando cuerpo y realidad a la visión de Apollinaire: la de aquellos pájaros de un ala que sólo vuelan en pareja.
Publicar un libro equivale a soltar una turba de vampiros sedientos que se desperdigan en busca de la sangre y del calor humanos que habrán de brindarles esos seres robustos entre todos -los lectores- en cuanto se posen en ellos. Apenas cae sobre el lector, el libro-vampiro se hincha de sus sueños y se convierte verdaderamente en lo que es: un prolífico mundo imaginario donde se mezclan las intenciones del autor y los fantasmas de quien lo lee.
Editorial: Fondo de Cultura Económica



domingo, 6 de julio de 2014

Barba Azul



El tema de la prohibición transgredida es históricamente recurrente, y aquí se conjuga por un lado con el de la habitación secreta o prohibida y por otro con el de la curiosidad ilícita de la mujer. En este sentido Barba Azul tiene antecedentes en la narrativa sobre Eva, la mujer de Lot, Pandora, Psique y la esposa de Lohengrin. De hecho, en la historia helenística de Cupido y Psique, los temas del misterioso marido ausente, la mansión suntuosa y la curiosidad ilícita ya están todos presentes.







Barba Azul. El realismo y el horror


"Son muchas las cuestiones que llaman la atención en este cuento francés de la tradición oral, que aparece escrito por Charles Perrault en los Cuentos de mamá Oca, Historias o cuentos del pasado con moralejas en enero de 1697. Para comenzar no parece un cuento maravilloso. “Barba Azul” puede resultar más cercano a Edgar Allan Poe o a cualquier relato realista acerca de las andanzas de un asesino serial que al cuento de hadas tradicional, si no fuera por aquella fatídica llavecita encantada del cuarto prohibido, cuyas manchas de sangre no podían ser quitadas por ningún medio."