miércoles, 12 de febrero de 2014

Gallinas crudas y pan

LO CRUDO Y LO COCIDO: TEORIA, SIMBOLO, TEXTO. 

(DE LÉVI-STRAUSS AL CUENTO TRADICIONAL)

Fuente: Revista de Folklore

José Manuel PEDROSA 






EL PRÍNCIPE RANA, CUMBRES BORRASCOSAS, BELLA Y BESTIA.




No sólo en el mundo de la literatura escrita, sino también en el de los mitos, las leyendas y los cuentos tradicionales modernos han quedado muchos testimonios de la dicotomía crudo/cocido como metáforas de lo salvaje y de lo civilizado. Un cuento tradicional del pueblo merina de Madagascar, el de El centauro raptor, está protagonizado por una hermosa joven, Saroy, y por un cruel centauro que sólo pudo ser vencido y muerto cuando ingirió un tipo de alimento, o más bien de bebida "cocida" -el aguardiente- impropia de un animal y adecuada sólo para un ser humano. Adviértase la evidente relevancia simbólica que tiene la comida en el relato: la que el centauro come él mismo y proporciona a sus cautivos es un tipo de comida "cruda" plenamente identificada con su estatus de salvajismo y animalidad: "ratas, erizos, otros animales, y miel". La que le dan los humanos con la intención de acabar con su vida es un alimento "cocido": el aguardiente, que no se encuentra espontáneamente en la naturaleza y que sólo puede ser producido mediante técnicas artificiales, por lo que es únicamente consumido por los hombres.





Nadie en el cuento pretende que el centauro sea domesticado. Tampoco hace falta, porque se trata de un ser esencialmente maligno y destructivo, absolutamente incontrolable e inaprovechable para el hombre. La ingestión de comida "cocida" no tendrá, pues, el efecto de neutralizar su naturaleza salvaje y de forzarlo a cumplir determinadas reglas de comportamiento en relación con los humanos, sino el de someterlo a la más dura e inapelable de las leyes instituida por los hombres, la de la pura y simple eliminación de lo salvaje).


Los desarrollos, derivaciones, críticas, réplicas y refutaciones de las teorías de Lévi-Strauss sobre lo crudo y lo cocido y sobre sus posibles interpretaciones antropológicas y culturales llenarían un espacio mucho mayor del que ahora disponemos. Por eso puede ser preferible que hagamos ahora un rápido repaso de algunos de los textos literarios -orales y escritos, antiguos y modernos, "simbólicos" y "realistas", "populares" y "cultos" -que, desde épocas muy lejanas hasta hoy, han podido reflejar la dicotomía crudo/cocido como metáfora de lo salvaje y de lo civilizado, y a veces también como metáfora de lo animal y de lo humano, o de lo mortal y lo vital.







Muchas más obras literarias de épocas diversas recrean o desarrollan de algún modo los tópicos de lo crudo y de lo cocido como metáforas respectivas de lo salvaje y de lo civilizado. En Frankenstein o el moderno Prometeo, Mary W. Shelley evoca el modo en que la monstruosa criatura que hace desesperados intentos por abandonar su condición de salvaje y ser aceptado por la civilización humana, descubre las bondades de la cocina:


El principito de Antoine de Saint-Exupéry encontramos otra escena muy reveladora, en que el mundo del zorro salvaje -que come gallinas crudas y no come pan- y el del niño humano quedan separados por la línea que separa también a los alimentos no cocinados de los alimentos cocinados:

Pero el zorro volvió a su idea:

-Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo..





lunes, 3 de febrero de 2014

Más que la carne a la sal



La hermosa "Piel de Asno" llegó a caer en desgracia por ser clara, y cuando a la pregunta de su padre el Rey, de "¿Cuanto me quieres? y después de que sus hermanas contestaran... "Más que a mis más preciada joya..". y la otra... "Más que a todos mis más hermosos vestidos..." ella dijera... "


"Te quiero más que la carne a la sal"

¿Reconocéis este cuento? Es el mismo planteamiento que inicia el drama del Rey Lear, de Shakespeare.

La obra describe las consecuencias de la irresponsabilidad y los errores de juicio de Lear, dominador de la antigua Bretaña, y de su consejero, el duque de Gloucester. El trágico final llega como resultado de entregar el poder a sus hijas malvadas por partes iguales y no a Cordelia, quien manifiesta un amor capaz de redimir el mal por el bien; sin embargo ella muere al final, brindando la idea de que el mal no se destruye a sí mismo; no obstante acaece el funesto destino de las hermanas de Cordelia y del oportunista hijo bastardo del conde de Gloucester.Lear es el viejo rey de Bretaña que, debido a su vejez, decide repartir su reino entre sus hijas Gonerila, Regania, y Cordelia. Lo divide en partes de acuerdo con el amor que ellas le profesan. Goneril y Regan dicen de su amor al padre lo que éste quiere oír, no lo que ellas sienten y cada una se lleva una parte del reino. Cordelia, la menor y aún soltera, aunque pretendida tanto por el duque de Borgoña como por el Rey de Francia, es parca en palabras pero llena de sentimientos nobles. El Rey Lear al creer que su discurso es pobre la repudia y deshereda, reparte su trozo de reino entre las otras dos hermanas y decide entregarla a cualquiera de los dos pretendientes que la quisiera, eso sí, sin dote. El duque de Borgoña abandona la empresa pero el Rey de Francia, aunque no gane más que a Cordelia, la toma por esposa. A su vez, el conde de Kent, que ha presenciado la escena, intercede por Cordelia a la que cree llena de sentimientos e injustamente tratada por su padre el rey. Esta acción le cuesta el destierro a Kent.

La piel de asno son las palabras simples, mal comprendidas, que hacen que el rey reniegue de Cordelia, pero que esconden el sentimiento más auténtico. El conde de Kent es el noble que acepta a Cordelia aunque no llegue con atributos valiosos (éste se oculta tras la piel animal).

Cordelia llegará a ser Reina de Bretaña, un reino celta en Francia (al respecto del recorrido anglo-francés de este relato).


King Lear and the Fool in the Storm

domingo, 2 de febrero de 2014

La importancia del zapato de cristal



Cinderella, Cendrillon, Cendroseta, Ventafocs, Cenicienta. No sólo en lugares, también en estilos, modas, movimientos artísticos, cine, teatro, ediciones de todos los tipos, el cuento de la muchacha relegada a un rincón de la cocina, que duerme sobre cenizas u hojarasca, que debe ocuparse de las tareas interminables que le impone una familia, de hembras usurpadoras de su patrimonio, es de sobras conocido mundialmente. La madrastra y sus dos hijas, legitimadas por esa estrategia que convierte el matrimonio en una de las malas artes (como podría serlo la seducción del viudo acomodado y nostálgico) se han apropiado de su casa y su fortuna y pretenden encerrarla en una esclavitud que dure hasta que esa muchacha, y ellas mismas, olviden el estado primitivo en que se hallaban las cosas, y consiga que las cualidades innatas de Cenicienta desaparezcan como el vapor del caldero junto al que sueña todas las noches.
Es horrible ¿no?: robo, mentira, explotación, encierro, alienación. A pesar de ello, el cuento sigue relatándose una y otra vez. La crítica a la que es sometido sólo atañe a cuestiones que le son ajenas: la alcurnia del pretendiente, simbólica de una nobleza no material, la intencionada negación del talento femenino, pese a las muchas virtudes con que se adorna a la protagonista, etc.. Creo que esto es así por una propiedad que está en el cuento, pero que no es el cuento, es decir, el argumento es como un zapato, adorable, punzante, opresor, o mil cosas más, que encierra otra cosa, y esa otra cosa es la que realmente anda (el pie).





Ya hice notar que la idea de introducir el cristal en el zapato de Cenicienta fue de Perrault, quien gustaba de recrear los cuentos de transmisión oral para su hijo y para la corte. Y que ese rasgo se conservaba en la narración actual, incluso después de haber pasado por la máquina rigurosa de los folkloristas, filólogos y hermanos Grimm. Me parece muy significativo, porque el cristal sigue el mismo proceso que ha sufrido el cuento:

-Originalmente amorfo, sometido a cierta temperatura es capaz de tomar tantas formas como encuentre en el medio, adaptándose al molde que toque en cada caso, y es así como los cuentos han generado millones de versiones, versiones y sólo versiones, pues es imposible datarlos dentro de esa corriente de burbujas ardiendo, es imposible darle una forma cualquiera sin disponer de un instrumento para soplar. Ese instrumento es la escritura.
- Perrault fue el primero que "escribió" La Cenicienta. Fue el primero que cristalizó ese material en una narración fija, y al hacerlo, legó un detalle de forma, afín a su tiempo, insignificante, frágil, pero transparente. 

Ya dice Bettelheim que las interpretaciones de los cuentos son tantas que nos perderíamos como en uno de sus frondosos bosques y ejemplifica con la posible leyenda, pre o paracristiana, sobre una deidad niña que era el sol, rodeada de siete hermanos planetas,que hoy conocemos como Blancanieves.
Si hay fetichismo en la Cenicienta es también éste. El fetiche es el propio cuento, revestido de una prenda reformadora, su horma de imprenta.

Como dijo Mr. Freud: "Todo es una sustitución". El pie ya no hace falta, el zapato es su metonimia. O como Durkheim: El discurso se vuelve autónomo, ya no depende de la situación que lo generó. Ergo, no hay que ver nada, todo está en el cuento.

El cuento dispone de varias lecturas y niveles. Aunque ninguna explicación podrá alcanzar la sencillez e intensidad de escuchar un relato y entrar en su historia.





Los cuentos están emparentados entre ellos de diversas maneras. Por ejemplo, Piel de Oso o Piel de Asno trata de una princesa que ha sido desterrada de su reino y vaga por el mundo oculta bajo una fea piel de animal. Sus cualidades de cocinera, escondida tras los fogones de una taverna, enamoran a un rey que come allí por casualidad. Cuando la ve, ella muestra esa horrible apariencia con el pellejo sucio, pero el amor ya está preparando un final feliz. Es un cuento afín a La cenicienta, pero también a éste de hoy, La princesa y el guisante, pues nos habla de las apariencias, un tema más que recurrente en los cuentos, abordado de múltiples formas. La del guisante llega al palacio arruinada, empapada y pedigüeña, lo más lejano a una princesa. Sin embargo, la corte que encuentra n ole pone problemas, están obsesionados con encontrar la esposa ideal para el Delfín, y le ponen la prueba que ya muchas no han superado, sin preguntarse como podría ser de la realeza esa muchacha desastrosa. Como en Piel de Asno, una apariencia terrible puede ocultar lo más valioso. Ambos cuentos, siguiendo con aquel tema de los fetiches u objetos mágicos, encierran esa propuesta a través de un anillo, en el caso de Piel de Asno, que cae dentro de otro de los platos que consume el rey, y un guisante, elemento principal de la prueba de autenticidad principesca. Es decir, cosas pequeñas ocultas bajo algo grotesco (30 colchones a los que hay que subir con una escalera, una piel desollada como capa) que tienen "el poder" de mostrar la belleza escondida. La princesa del guisante alude a la nobleza de carácter, pues las que fracasaron en las pruebas también eran princesas, pero no notaron el "bultito", sino que durmieron a sus anchas.




Como apunta Bettelheim :"...por aquel entonces, los príncipes y las princesas eran seres tan extraños como lo son hoy en día, y, en cambio, abundan en los cuentos de hadas."Abundan también los leñadores, las brujas, etc...Todos esos personajes tienen roles que están fuera de la vida cotidiana o de la realidad social propiamente dicha.
El cuento tiene que adentrarnos rápidamente en un mundo donde las cosas suceden de otra manera, de ahi que todos situen el principio en el tradicional "Érase una vez" "Hace mucho






LA MORFOLOGÍA DEL CUENTO DE VLADÍMIR PROPP.











viernes, 8 de noviembre de 2013

Boceto de Tahití








En marzo de 2012 Nortesur publicaba una edición de Antes y despúes, de Paul Gauguin, un libro autorreflexivo y de memorias.

Como siempre hacíamos, habíamos buscado textos para enriquecer la edición, ya fuera con trabajos de apoyo o con otras obras que le dieran luz y referencia. 


En este caso descubrí, pues yo lo desconocía, este texto:


Gauguin. La larga huida  de  MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN


Fui a la biblioteca y lo leí. A medida que avanzaba en la lectura, iba experimentando una creciente emoción, la propia de los descubrimientos que confirman una sospecha. Gauguin y Vázquez Montalbán estaban unidos por una afinidad, más opaca que la de las tendencias comunes, la de los destinos cruzados y paralelos. Ambos huyeron, si. Para ellos la vida fue una huída. 
Recordé la noticia de la muerte de MVM, causada por un infarto en el aeropuerto de Bangkok, como la de Gauguin en el meollo de lo exótico, la selva, justo cuando los dos pretendían regresar a casa, un regreso que prolongaba, culminaba, su viaje de fugitivos.
Llamé a D. para explicárselo. Gauguin ya podía llevar su complemento literario.
Llevárselo.




El de Gauguin fue un viaje constantemente iniciático, un viaje simbólico desde las tinieblas hasta la luz.
Manuel Vázquez Montalbán 


viernes, 25 de octubre de 2013

Escritor de solapa








No es una profesión, ni un escritor liliputiense para echarse al ojal, pero existe: mucha gente me ha preguntado quién hace los textos de contraportada y los resúmenes de las solapas que normalmente se refieren al  autor.


Yo misma suelo contestar que es un misterio. Aunque haya escrito varios de esos textos, estamos muy lejos de aclarar la identidad de estos mayordomos de la sinopsis que deben reducir lo máximo a lo mínimo, que tan pronto hacen fotocopias, como limpian la plata de la editorial, o vigilan el polvo que se acumula en los miembros del comité de redacción. En el mundo de la edición existen los "trabajos oscuros", correctores, negros o buscadores de simas, no se pueden deshacer de la sombra, os lo aseguro.


Solamente para acrecentar la confusión, confieso haber escrito, al menos, éstos:

  
LOUISE DE VILMORIN
Louise Lévêque de Vilmorin (Verrières-le-Buisson, Francia, 1902-1969) fue escritora y mujer versátil. Seductora, elegante e imaginativa, aunque pudiera ser célebre sólo por la alcurnia de sus amantes (Saint-Exúpery, Malraux) lo es por la personalidad que los conquistó y por las obras que generó su inquieto talento. Educada entre nobles, fue la impulsora de un famoso salón para inspiración de los creadores más activos de su tiempo. Escribió cuentos, guiones, poemas y varias novelas, entre ellas Madame de, llevada al cine por Max Ophüls y obra maestra de una y otro.



Almas rezagadas (Edith Wharton)

Almas rezagadas se considera uno de los relatos más brillantes de la literatura norteamericana, tanto en el fondo como en la forma. En él aparecen las cuestiones más críticas de la cultura normativa anglosajona, especialmente la del matrimonio y la del papel que las mujeres desempeñan en él. Lydia, la protagonista, debe elegir entre casarse con su amante para limpiar la mancha social de su divorcio, preservar la autenticidad de esa relación amorosa o garantizar su libertad como individuo no sacrificado a la familia. El relato explora todas las posibilidades con profundidad, a través de una minuciosa elaboración narrativa.



Memorias de Coco

Un encuentro, un desencuentro y dos mujeres extraordinarias son el origen de estas memorias. Louise de Vilmorin y Coco Chanel se conocen en Venecia en 1947, planean una biografía escrita por la primera sobre la segunda, una memoria que esté hecha de vida y también de deseo, de revelaciones de la visión del mundo a imagen y semejanza de aquella Gabrielle renacida en Coco. La amistad se trunca, la lente de Vilmorin gana en distancia, las memorias quedan. El resultado es un reflejo de mentiras frente al espejo que son verdades invertidas, o cristal de seducción, voluntad y moda, en el viaje de Chanel desde el orfanato hacia la fama mundial sin olvidar las escalas necesarias: la pasión por el dinero como medio para alcanzar la libertad, la coquetería trocada en imperio y la manipulación del mundo en su vertiente creativa.



MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) fue novelista, poeta, periodista, gastrónomo, historiador e intelectual incansable, capaz de transformar el relato policíaco en crónica del desencanto, el fútbol en filosofía política o la cocina en pensamiento de vanguardia. Además de crear al famoso detective Carvalho, su narrativa está plagada de obras espléndidas como El pianista o Los alegres muchachos de Atzavara.

Menajem Mendel,
desde Odesa, a su esposa Sheine Sheindel en Kasrilevke

A través de la correspondencia con su esposa, un emigrante que sale de una pequeña ciudad a buscar fortuna nos relata sus aventuras. El fracaso de todas las iniciativas de Mendel no es más que un breve período en el que incubar el sueño siguiente, un nuevo arranque para huir de la mísera realidad: la humilde aldea de Kasrilevke, residencia para judíos, también llamada gueto, en la Rusia del Zar. 
Estas cartas entre los esposos Mendel son como un documento del sentido del humor yiddish: mordaz, ingenuo y espiritual, combinación característica de los relatos del mundo judío centroeuropeo y eslavo, heredado por los Hermanos Marx, Charles Chaplin o Woody Allen. 

Menajem Mendel tiene la desfachatez de acometer el exilio y la soledad como requisitos de una gran aventura, más allá de las necesidades de supervivencia personal. El fracaso es eventual, el sueño no.



Madame de  (Louise de Vilmorin)   Obligada por las deudas que ha contraído, una dama de la alta sociedad vende a espaldas de su marido una valiosa joya que éste le había regalado tras la boda. Su esposo logrará recuperar los pendientes y los regalará ahora a su amante, segundo acto del ciclo dramático de una joya que oculta toda una cartografía de amores falsos, amores verdaderos, débitos e infidelidades. Yendo de mano en mano, el precioso objeto mostrará una parte subterránea de la sociedad y unas almas empeñadas por unos pendientes. Plasmada en un cuento moral, esta mujer sin nombre, entre la Karenina y la Bovary, atrapada por la conveniencia, el orden, incluso la elegancia, es tan sólo madame de.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el don único.

















Lighea, escrito al parecer en 1956, cuando el escritor volvía de una larga excursión por el litoral de Augusta, que realizara en el verano de ese mismo año. Es, sin duda alguna, lo mejor del libro. Y no queremos llamar aquí la atención del lector a fin de que aprecie los valores más evidentes de dicho relato —desde la representación del café Turínés hasta la orgía pánica entre el joven filólogo siciliano y Lighea. Como siempre, para hacerse leer, Tomasi de Lampedusa echa mano de toda su cultura y de todo su genio de escritor impecable. Por su mente pasaron Böecklin, Wells (lo cita, incluso), quizá también el Soldati de La verdad sobre el caso Motta; y su prosa, entre ironía muy amarga y canto desplegado, nunca ha sido tan hermosa, rica y fascinante... (...) Si en verdad quiere uno comprender a Tomasi de Lampedusa; si no se desea malinterpretar el mensaje del mismo Gatopardo —que es, repetimos, moral y político, serial de la verdadera modernidad y originalidad de la novela—, será menester considerar también a este anciano excéntrico, a este cortejador de la Muerte y de la Nada, que es el profesor La Ciura.”



Nota introductoria (Material de lecturaGuillermo Fernández)





Extractos:

Hubo de transcurrir un mes para que de las consideraciones generales —originalísimas, pero genéricas de su parte— pasáramos a los argumentos indiscretos, que son los únicos que distinguen las conversaciones entre amigos y las de los simples conocidos. Y fui yo el que tomó la iniciativa. Su expectoración constante me molestaba (como les molestó también a los guardianes del Hades que terminaron por acercarle a su mesa una escupidera de latón pulido como un espejo). Me atreví a preguntarle por qué no se curaba de aquel insistente catarro. Le hice la pregunta irreflexivamente, y pronto me arrepentí de mi atrevimiento. Esperaba que la ira senatorial hiciera desplomar sobre mi cabeza  los artesonados del techo. Pero nada. Me respondió con su voz muy bien timbrada, pausadamente: “Pero querido Corbera, yo no padezco de ningún catarro. Tú, que observas tan minuciosamente, habrás debido notar que nunca toso antes de escupir. Mi expectoración no es señal de enfermedad ninguna, sino de salud mental. Escupo porque me dan asco las tonterías que leo. Si te quisieras tomar la molestia de examinar ese arnés (me indicaba la escupidera), podrías darte cuenta de que contiene muy poca saliva y ninguna traza de moco. Mis esputos son simbólicos y altamente culturales. 




“La verdad, senador, es que comencé a venir aquí como a un asilo temporal alejado del mundo. He tenido contratiempos con dos de esas muchachas que usted estigmatiza con toda justicia.” La respuesta fue despiadada y fulminante. “¿Cuernos, eh, Corbera, o bien, enfermedades?” “Ninguna de esas cosas, sino algo peor: abandono.” Y le conté los ridículos acontecimientos de dos meses atrás. Se los conté jocosamente, porque la úlcera de mi amor propio ya estaba cicatrizada. Cualquiera que no hubiese sido ese helenista lo habría tomado a broma o, excepcionalmente, se habría compadecido de mi ruina. Pero el terrible anciano no hizo ninguna de las dos cosas: se indignó. “Esto es lo que sucede, Corbera, cuando se acoplan los seres enfermos y escuálidos. Lo mismo que te digo se lo diría a esas dos mujerzuelas si tuviese el disgusto de conocerlas.” “¿Enfermas, senador? Las dos eran encantadoras. Si usted las hubiera visto cómo comían cuando íbamos a Los Espejos. Tampoco eran escuálidas: eran dos ejemplares magníficos y elegantes.” El senador lanzó a la escupidera uno de sus esputos desdeñosos. “Enfermas, lo he dicho bien, enfermas. Dentro de 50, 70 años, quizás mucho antes, reventarán, porque ya están enfermas. Y también escuálidas: su hermosa elegancia está hecha de chanchullos, de pullovers robados y de mohínes aprendidos en el cine. Qué hermosa generosidad la de ésas, que andan a la pesca de billetuchos viscosos en los bolsillos del amante, en lugar de regalarle, como hacen otras, perlas rosadas y ramos de coral. Esto les pasa a ustedes por enredarse con esos borrones pintados. ¿Pero no sentían ustedes el asco, un asco recíproco al besuquear sus futuros esqueletos entre las sábanas malolientes?” Le respondí como un estúpido: “Pero si las sábanas siempre estaban limpias, senador.” Se enfureció. “¿Pero qué tienen que ver las sábanas? Se trata de su olor a cadáver. Lo repito: ¿cómo le hacen ustedes para andar en juergas con gente de distinta ralea?” Me ofendí, pues yo codiciaba una deliciosa coussette de ventura. “Según usted, no se debe ir a la cama sino con Altezas Serenísimas?” “¿Pero quién está hablando de Altezas Serenísimas? Esas también son carne de cañón, coma las otras. Tú no puedes entender estas cosas, jovencito; y la culpa es mía, por decírtelas. Es fatal que tú y tus amigas se encaminen por los mefíticos pantanos de los placeres inmundos. Muy pocos son los que lo saben.” Sonrió, con los ojos vueltos hacia el techo; en su rostro había una expresión de arrobamiento. Luego me tendió la mano, y se fue.





“Ya te lo he dicho, Corbera: era una bestia, pero también era una inmortal, y es lamentable que las palabras no logren expresar esta síntesis como ella la expresaba con su propio cuerpo. No solo en el acto carnal manifestaba una jocundidad y una delicadeza opuestas a la oscura libídine animal, sino también su conversación poseía una inmediatez poderosa que únicamente he vuelto a encontrar muy pocas veces en los grandes poetas. No por nada es hija de Calíope. En lo profundo de todas las culturas, ignorante de toda sabiduría, desdeñosa de cualquier tipo de constricción moral, ella forma parte del venero de cualquier cultura, de cualquier sabiduría, de cualquier ética, y sabía expresar su primigenia superioridad en términos de escabrosa belleza. ‘Soy todo porque solo soy corriente de vida despojada de accidentes; soy inmortal porque en mí confluyen todas las muertes, desde aquella de la merluza hasta la de Zeus, y reunidas en mí vuelven a convertirse en vida ya no individual, sino pánica y, por lo tanto, libre.’ 

viernes, 4 de octubre de 2013

ENTREVISTA CAPOTIANA

ESCRITURAS Y VIVENCIAS LITERARIAS DE TONI MONTESINOS
VIERNES, 4 DE OCTUBRE DE 2013

Entrevista capotiana a Déborah Puig-Pey





En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Déborah Puig-Pey.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El lugar que no he sabido encontrar, el que me correspondiera. Uno imaginario ¿eh?, sin consecuencias irreversibles.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, en principio no. Tal vez para comer, si me apuran.
¿Es usted cruel?
La crueldad es un misterio, jamás la he entendido. Para mí su existencia en el mundo es: o bien motivo de depresión mayor, y escepticismo absoluto respecto al ser humano, o bien objeto primordial de investigación de las ciencias humanas, algo parecido a lo que sería buscar al diablo para un exorcista. Hasta ahora sólo he visto verdadero interés en tal búsqueda en Freud y en Sade.
¿Tiene muchos amigos?
Depende de lo que quiera decir “muchos”, pero creo que en amistad he tenido el privilegio de gozar calidad y cantidad. Sin la intervención de mis amigos estaría muerta.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ninguna, nada.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Nunca me ha decepcionado un amigo.
¿Es usted una persona sincera?
En general, sí. No puedo evitar la transmisión de mis autoengaños, en ese sentido, si dijera toda la verdad sería una especie de Dios.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me gustaría encontrar alguna actividad que realmente me concediera tiempo libre de tiempo.
¿Qué le da más miedo?
No hacerme comprender, sentirme abandonada o incomunicada.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La crueldad, como he dado a entender antes, me deprime, pero me enerva que lleve en sí un discurso: es la base de la injusticia social. Entiendo por crueldad el ejercicio junto a la gustosa connivencia con una prolongación innecesaria del sufrimiento.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Bailar.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bailar, o cansarme.
¿Sabe cocinar?
Un poco, mis antepasadas eran grandes cocineras, no les llego a la suela de la zapatilla.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A alguno de los muchos olvidados.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Quizá la palabra “palabra”, pero no estoy segura de que la esperanza haya tenido siempre el mismo sentido.
¿Y la más peligrosa?
“Necesito”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Supongo que sí, la imaginación sirve también para ese tipo de delitos hipotéticos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me importan los desfavorecidos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Hada.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Fumar, fumar y fumar.
¿Y sus virtudes?
Mi nivel de tolerancia de los vicios ajenos es muy alto.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
¿Toda mi vida muy rápidamente? ¿Peces?
T. M