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miércoles, 30 de mayo de 2018

Lily Furedi.





Lily Furedi - “Subway” (1934, óleo sobre lienzo, 99 x 122 cm, Smithsonian American Art Museum, Nueva York)

En este cuadro, Lily Furedi nos sitúa dentro de un vagón del metro de Nueva York, en la época de la Gran Depresión, como si estuviésemos sentados en uno de los asientos mirando furtivamente a nuestros compañeros de trayecto. Las formas algo simplificadas y los tonos acerados y pastel son típicos del Art Decó, un estilo urbanita a más no poder. De la artista no se sabe gran cosa, aparte de que era hija de un inmigrante polaco que trabajaba en Nueva York como violonchelista profesional. Podría ser que la figura del violinista que se está quedando traspuesto en el vagón sea una especie de homenaje a su padre. Han pasado muchos años, las modas son diferentes y los vagones del metro algo más modernos, pero las actitudes de los viajeros siguen siendo las mismas: la chica que se pinta los labios, el hombre que se la come con los ojos, la mujer que estira el pescuezo para leer disimuladamente el periódico del señor que tiene al lado, la parejita que se hace arrumacos, dos amigas que conversan, el chico que va leyendo una revista… 


Lily Furedi (20 de mayo de 1896 Budapest.– 1 a 7 de noviembre de 1969)​ fue una artista húngara-estadounidense. 



sábado, 19 de mayo de 2018

Famila Hopper

Norman Lundin
Alberto Martin Giraldo
 Anne Françoise Couloumy

Carlos Morago

Antonio López


Isabel Quintanilla

Guillermo Muñoz Vera

Amalia Avia

Kenny Harris 

Matteo Massagrande

Alberto Morrocco

martes, 1 de mayo de 2018

Romaine Brooks








Atonal, con la paleta de color esporádica y mitigada. Ambigua, de mirada directa pero sombreada. En cualquier caso y sin duda, moderna. El autorretrato es de 1923 y Romaine Brooks, de 57 años, viste como un hombre ataviado por una elegante sastrería. El porte es aristocrático, pero la androginia se concibe como un guiño: las lesbianas de clase alta se identificaban unas a otras por la indumentaria, la elegancia y el porte de mando. Eran la nueva mujer.

La pintora, nacida en 1874 en Roma en una familia adinerada estadounidense, residente en París buena parte de su vida —con escapadas de verano a la costa de Bari— y muerta en Niza. Vivió mucho, estaba a punto de cumplir 96 cuando falleció y, como queda claro, siempre supo elegir escenarios con distinción.

Fue una rebelde y no escondió nunca el lesbianismo, aunque debe anotarse que le resultó fácil porque vivía de la herencia millonaria que le dejó una de sus abuelas y se movía entre la clase alta europea y los expatriados estadounidenses de entreguerras, gente en la que solían confluir tres singularidades: eran creativos, bohemios y homosexuales.


La Dama de Negro, Azaleas blancas y La chaquetilla roja fueron pintados casi en continuidad, en 1910, cuando Brooks acababa de instalarse en París atraída por las emociones fuertes que ofrecían Montparnasse y Montmartre y, no con menos interés, por su amante de entonces, Winnaretta Singer, heredera del imperio de las máquinas de coser y casada en una de esas uniones blancas que los sajones llaman lavender marriage —entre homosexual y lesbiana— con el Príncipe de Polignac.

Los cuadros de Brooks, que expuso por primera vez en la capital francesa ese mismo año, eran casi monocromos, de trazo frío y valientes. Un par de ellos eran desnudos, tema vedado a las mujeres pintoras por la moralina de la época.

En 1911 Brooks se enamoró con locura de la bailarina rusa-judía Ida Rubinstein, una de las bellezas icónicas de la Belle Époque. La pareja fue feliz durante un tiempo y Brooks usó a su amante como modelo frágil y andrógina en varios cuadros, algunos, como La crucifixión, de descarado matiz sexual: Rubinstein parece en coma o yaciendo tras el éxtasis, tendida sobre una superficie blanca que puede simbolizar el ala angélica de su dedicada amante.



La artista también retrató a la bailarina como reina de las flores y en poses más realistas, pero el romace fue interrumpido por la I Guerra Mundial y la negativa de Brooks a vivir a un retiro rural que pretendía Rubinstein. La pintora era una adicta a las relaciones sociales y necesitaba el vértigo de la ciudad como decorado vital.

Uno de los momentos cumbre de Brooks, sobre todo por inesperado dada su aparente indolencia y apego al hedonismo, ocurrió cuando en 1914, cuando presentó La Cruz de Francia, un cuadro que subastó para recaudar fondos para la Cruz Roja y mostrar una oposición clara a la guerra. La obra, con Rubinstein como modelo, muestra a una mujer heroica con traje de enfermera contra un paisaje desolado barrido por el viento mientras, al fondo, se adivina la ciudad en llamas de Ypres, atacada por los alemanes. Tras la guerra el gobierno de Francia concedió a Brooks la Legión de Honor. 


Durante el resto de su carrera, Brooks, que nunca alcanzó cotas de artista de referencia, siguió pintando expresivos retratos de mujeres lesbianas que funcionaban como prolongación de su vida —mantuvo una intensidad amorosa constante, libre y cambiante, con algunas relaciones no convencionales y duraderas, sobre todo el trío con la escritora Natalie Clifford Barney y Lily de Gramon,

Sus óleos eran, como señaló con su cinismo despreciativo habitual el novelista Truman Capote, él mismo homosexual, una “galería de bolleras”. Más allá de la aportación de Brooks como abanderada del lesbianismo hay también en sus cuadros un estilo tan libre como su propia vida —terminó dedicándose por completo al dibujo con pretensiones surrealistas y no convencionales, mediante líneas fluidas y continuas que creaba sin levantar el lápiz del papel—. 






- Trasdós -

jueves, 19 de abril de 2018

El taller

Odoardo Borrani 

Gustave Courbet 

Henri Matisse

Johannes Vermeer

Evrard Larock

 Jean-Louis Ernest Meissonier

Claude Monet
Georges-Pierre Seurat

 Philippe Parrot-Lecomte

Alexandre Cabanel

Marie Bashkirtseff

Frederic Bazille

Marc Chagall

Jeanna Maria Charlotta Bauck, pintada por su amiga Bertha Wegmann 

Georges Braque


lunes, 16 de abril de 2018

Gerda Wegener



Gerda Wegener, registrada al nacer con el nombre Gerda Marie Fredrikke Gottlieb (Hammelev, 15 de marzo de 1885 (quizá 1889) - Frederiksberg, 28 de julio de 1940), fue una pintora, ilustradora e ilustradora erótica danesa.
Tras vivir en provincias, se fue a Copenhague para inscribirse en la Academia de Bellas Artes. Allí mismo se casó en 1904 con el artista Einar Wegener, quién después se convierte en Lili Elbe.


En París, conoció un gran éxito como pintora e ilustradora de publicaciones como Vogue, La Vie Parisienne o Fantasio. Especialmente polémicas y admiradas fueron las doce acuarelas de contenido erótico y lésbico que pintó en 1925 para el libro Doce sonetos Lascivos de Louis Pearceau. De vuelta a su país, comenzó a cosechar gran reconocimiento gracias a su éxito parisino, y expuso en la Galería Ole Haslunds de Copenhague en varias ocasiones. Su carrera estaba bien edificada en un talento sobresaliente y alimentada por las peculiaridades de su matrimonio.


Gerda, que para muchos era una artista con más talento que su pareja, dejó aparcada su carrera para ayudarle, convirtiéndola en su modelo femenina favorita. Acompañó y apoyó a Lili en su transición a mujer transexual, cuya operación fue la primera de cambio de sexo de un personaje público en 1930. El rey de Dinamarca declaró su matrimonio nulo en octubre de 1930.


En 1931, Gerda se casó con el oficial italiano Fernando Porta (1896-), con quien se mudó a Marruecos, donde intentó seguir con su carrera en vano. Finalmente se divorciaron en 1936, y la artista regresó a Dinamarca en 1938. Expuso por última vez en 1939, ya sin mucho éxito, y murió en julio de 1940.


En 2015 se estrenó un film sobre el caso, The Danish Girl, dirigido por Tom Hooper y protagonizado por Eddie Redmayne en el que Alicia Vikander interpreta a Gerda. Por su interpretación impecable de la artista, Vikander ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto.


Libros ilustrados por Wegener
Le Livre des Vikings de Charles Guyot (1920 ou 1924)
Douze sonnettes lascifs de Louis Pearceau (1925)
Une Aventure d'Amour à Venise de Giacomo Casanova. Le Livre du Bibliophile. Georges Briffaut. Collection Le Livre du Bibliophile. Paris. 1927.
Les Contes de La Fontaine (1928-1929).
Contes de mon Père le Jars & Sur Talons rouges de Eric Allatini (1929)
Fortunio de Théophile Gautier (1934)