miércoles, 11 de julio de 2018

Sin juegos de guerra


Nos cuentan Tania y Gonzalo en la introducción, cómo llega hasta ellos este curioso diario de Pilar Duaygües, y de paso nos ponen en situación para conocer a todos los miembros de esta familia que se trasladará poco antes de empezar la guerra, de Melilla a Barcelona, y que está compuesta por el padre, la madre y cuatro hermanas: Teresa, que se enroló como miliciana y trabajó en la organización de la defensa pasiva de la ciudad de Barcelona, y era tras la que realmente andaban buscando información; Mary, que trabajó en el periódico republicano El Diluvio; Ruby que fue destinada al frente como enfermera, y Pili o Pilar, nuestra protagonista, que es de las hermanas la más pequeña y también la que nos podrá dar una visión más general de cómo se vivieron los años de la guerra en la ciudad de Barcelona.


Todo el mundo tiene miedo.
Centenares de aviones vuelan sobre Holanda para bombardear y dejan en ruinas las ciudades alemanas; y a cada hora, centenares de hombres caen en Rusia y en África del Norte. Nadie está al abrigo, el globo entero se halla en guerra, y aunque los aliados ganen la guerra, todavía no se ve el final.
Podría seguir durante horas hablando de la miseria acarreada por la guerra, pero eso me desalienta de más en más. No nos queda más que aguantar y esperar el término de estas desgracias. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera, y muchos esperan la muerte.

13 de enero de 1943 
Anna Frank



En 1943, a la edad de 14 años, redactó un diario de 60 páginas en polaco, sin el conocimiento de su familia, relatando el transcurso de su vida durante cuatro meses bajo el régimen nacionalsocialista. En él, expresó su profunda animadversión para con los nazis, y mencionó las condiciones de vida en el gueto, así como sus intereses de amor adolescentes. También escribió sobre las cámara de gas en los campos de concentración, por lo que tenía conocimiento de los horrores que se sufrían en aquellos lugares. Luego, en el 2007, la editorial: "SUMA" lanzó su libro titulado: " El cuaderno de Rutka ". 
"Si sólo pudiera decir, se acabó, sólo se muere una vez ... Pero no puedo, porque a pesar de todas estas atrocidades, quiero vivir, y esperar al día siguiente."






Delgado, larguirucho, el joven Ginz tenía el pelo castaño y los ojos de un bonito color azul. Le gustaba la pintura, dibujar y leer vorazmente cuanto caía en sus manos. Entre los ocho y los catorce años escribió cinco novelas con unos títulos que delataban su admiración por Julio Verne (De Praga a China, El sabio del Altai, Viaje al centro de la Tierra, La vuelta al mundo en un segundo). Tan sólo se ha conservado la última, El visitante de la época de las cavernas, en la que Petr añadió un epílogo que pone los pelos de punta: "Así fue como el Congo belga se libró de quien lo torturaba y el mundo de aquel pretendido monstruo prehistórico. Pero debemos preguntarnos si no aparecerá sobre la superficie de la Tierra un nuevo monstruo, peor que aquél, que, dominado por la maldad y dotado de los más modernos medios técnicos, someta a la Humanidad a los más horrendos castigos".

De lo que Petr hizo en Terezin se ha conservado sólo una ínfima parte. Pintó más de 120 obras; fundó y dirigió la revista Vedem, un semanario hecho por el grupo de jóvenes del edificio número 1 del sector L417 del campo. Escribió infinidad de poemas y algunas novelas. Se convirtió en un joven serio, reflexivo. Eva llegó a Terezin dos años después y el 28 de septiembre de 1944 vio salir en el tren hacia Auschwitz a su hermano. "Le di a Petr rebanadas de pan por la ventanilla. Aún tuve tiempo de cogerle la mano a través de las rejas antes de que el guardia del gueto me echara". Murió al poco de llegar en las cámaras de gas y su cuerpo fue arrojado a la fosa común. Tenía sólo 16 años.




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