lunes, 6 de julio de 2015

Lewis Hine, el don necesario.

Niños trabajando







'Jewess at Ellis Island' 1905 .

 'Italian family looking for lost baggage, Ellis Island' 1905 .

Lewis Hine entra en la Universidad de Chicago en 1902, estudiando Sociología, carrera que continuó en las universidades de Columbia y Nueva York. En Nueva York, Hine trabaja de profesor en la Ethical Culture School. Durante estos años, Hine valora la cámara fotográfica como instrumento para la investigación, como instrumento para comunicar sus hallazgos a investigadores y la enseñanza a los niños de su colegio.
En 1908, Hine mantiene sus opiniones sobre la fotografía, pero añade que la principal misión de la fotografía es el arte, los factores estéticos de la fotografía, los demás objetivos eran secundarios. A la hora de realizar fotografías (él las realizaba con fines sociológicos) se veía antes como figura artística que como científico.
Muy preocupado por el bienestar de los menos favorecidos, registró la llegada de los inmigrantes a la Isla de Ellis, sus asentamientos en insalubres viviendas, sus trabajos en fábricas y tiendas y a sus hijos jugando en los cubos de basura. Hine comprendía la subjetividad de sus fotografías pero también creía que tenían un enorme poder de crítica, llegando a describir sus fotografías como "fotointerpretaciones".
También resaltó cualidades positivas como la asistencias de la Cruz Roja en Centroeuropa.
En 1932 publicó su colección Men at Work, documento fotográfico sobre la construcción del Empire State.
Su obra fue donada al Museo Internacional de Fotografía George Eastman House, en Rochester.

Lewis Hine: el padre de la fotografía social





viernes, 26 de junio de 2015

Dylan Thomas

De los suspiros algo nace...







De los suspiros algo nace
que no es la pena, porque la he abatido
antes de la agonía; el espíritu crece
olvida y llora:
algo nace, se prueba y sabe bueno,
todo no podía ser desilusión:
tiene que haber, Dios sea loado, una certeza,
si no de bien amar, al menos de no amar,
y esto es verdadero luego de la derrota permanente.

Después de esa lucha que los más débiles conocen.
hay algo más que muerte;
olvida los grandes sufrimientos o seca las heridas,
él sufrirá por mucho tiempo
porque no se arrepiente de abandonar una mujer que espera
por su soldado sucio con saliva de palabras
que derraman una sangre tan ácida.

Si eso bastase, bastaría para calmar el sufrimiento,
arrepentirse cuando se ha consumido
el gozo que en el sol me hizo feliz,
qué feliz fui mientras duró el gozar,
si bastara la vaguedad y las mentiras dulces fueran suficiente,
las frases huecas podrían soportar todo el sufrimiento
y curarme de males.

Si eso bastase: hueso, sangre y nervio,
la mente retorcida, el lomo claramente formado,
que busca a tientas la sustancia bajo el plato del perro,
el hombre debería curarse de su mal.
Pues todo lo que existe para dar yo lo ofrezco:
unas migas, un granero y un cabestro.

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell

martes, 23 de junio de 2015

ELS LLENÇOLS VERMELLS



Hem d’encendre fanals
perquè la nit s’acosta.
No et riguessis
mai de la nit, que ella ho sap tot
i ens té garfits.
Entrem, ignars,
a la cova profunda.
Anem cap a la font.
Ara, m’agradaria , si és possible de fer-ho,
embolicar-me amb llençols vermells
per espantar les feres.

Joan Vinyoli





viernes, 12 de junio de 2015

Melibro.com




AMOR, DESAMOR, INSANIA Y MUERTE

(A propósito de DONDE HAY NILAD, novela de Déborah 

Puig-Pey Stiefel )


Un hombre hispanomalayo, Mario Escuder Passion, propenso a la holganza, a la contemplación infantil y otros deseos mórbidos. Un padre catalán, venido a menos, en la época poscolonial, tras el desastre del 98. Una madre malaya, infeliz, católica, sentimental, soñadora, hechicera y dada a lo oculto, mistérico y visiones. A los sueños premonitorios también. Capaz de vaticinar su propia muerte en la madurez de Cristo. Sexo, anorexia, enfermedad, vesania y muerte. Violencia también. Oscuridad y pudre humana. El lado oculto de la vida. Esto es “Donde hay NILAD” (Menoscuarto, 2010), primera novela de la escritora, galardonada en narraciones breves y conocida en los círculos culturales catalanes, Déborah Puig-Pey Stiefel.
¿Qué más se esconde tras el título aliterado y eufónico, “Donde hay nilad”? Para empezar, un exotismo que nos llama desde el paratexto del propio título ¿Dónde hay nilad?, y ¿qué es, en puridad, nilad? Aquí comienza el busilis de la cuestión. El lector, de entrada, se convierte, de hoz y coz, en un ente activo, no pasivo. Sus sentidos, agazapados, se ponen en guardia. Bien es cierto que otros paratextos (contraportada y cita inicial al frente, como exordio) nos indican con claridad que “Nilad es el nombre de un arbusto ya extinto”. Y, a su vez, se nos dice también que May nilad, <<[Donde] hay nilad>> , es el nombre tagalo de Manila”. Mas ¿es eso todo? No. Nilad, ya en el texto narrativo, en el relato y en la historia, es término polisémico, preñado de connotaciones. Por un lado es término originario, genésico, puro y fundador. Lo que estuvo antes que todo lo demás, la corrupción y la desaparición: antes de todas
las invasiones: los chinos, los japoneses, los españoles, los norteamericanos. Suena al Génesis veterotestamentario y al incipit de “Cien años de soledad” , cuando el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre… Pero nilad es más. Nilad es origen y reposo: cuna y camposanto, sepultura. Allí está Felicitas, madre de Mario, y allí ha de volver éste cuando, ya muy enfermo su madre lo venga a buscar y le diga: ” Mario, ven, ven conmigo” y concluya: ” Allí. Mira, donde hay nilad “. (52) Nilad es, fuerza es decirlo, la tierra, la vuelta al origen, el eterno retorno. Así pues, el concepto nilad se agiganta más allá, pensamos, de la propia creación de su autora. Diríase que se emancipa como un personaje unamuniano y toma autonomía. NILAD es, al tiempo, arbusto- flor, origen-muerte, madre-Manila y muerte, epifanía, eternidad, sueño y premonición.
Mientras el lugar mítico y literario se agiganta, cabe añadir que vemos aletear aquí una saga familiar, la de los Escuder, y sus miserias. Un siglo, el pasado XX, ocupa toda la historia. Se datan algunos hechos en 1912 y llegan hasta 1999. En la primera fecha nace la madre de Mario, Felicitas, un personaje maravilloso, que acaso mereciera mayor presencia. Lo mismo cabe decir de otros personajes, todos ellos bosquejados, pero con poca profundidad sicológica y menos desarrollo. Estamos por decir que resultan, tras la lectura, un tanto planos, al decir del crítico y novelista E. M. Forster, autor de un clásico manual titulado “Aspectos de la novela” (1925). Por ahí puede que flaquee un tanto la obra. Un crítico puntilloso, seguidor del texto del londinense recién citado, señalaría, asimismo, que la novela que comentamos responde más al sintagma de ‘novela breve’, que al de novela. Forster no hubiera considerado la obra de Déborah Puig-Pey novela, ya que para él la definición de novela es cuantitativa; esto es “la extensión –señala– no debe ser inferior a las cincuenta mil palabras”. Realizado el recuento de esta novela, se nos queda un tanto lejos de tal taxonomía, ya que no alcanza más allá de las treinta mil palabras. Cuestión de perspectivas.
Divide la autora su narración en ocho capítulos, cada uno independiente y no lineal en su estructura. Con constantes analepsis y prolepsis, que determinan el verdadero orden del relato, con la historia desordenada. Dejando al albur del lector, ese lector activo, según indicamos al principio, que requiere esta novela.
Mas ese orden pertenece a una figura fundamental en la estructuración de la novela. La autora recurre a la vieja y eficiente técnica de verosimilitud que se conoce como el manuscrito hallado. De modo que quien narra es un personaje diegético e intradiegético, por seguir ahora al narratólogo francés Gérard Genette. Es decir, un personaje de la misma obra, Judith Muir, niña deseada por el protagonista, Mario, y encargada de recomponer los pedazos inconexos de una historia de sueños y fantasmas. De ahí que la novela se convierta en polifónica, ahora con M. Bajtin. Esto es, voces diversas que aparecen en textos de diferente laya: una película ( véase la foto de portada ), cartas, conversaciones, fotos, imágenes, como la de un san Antonio, etc. .
El estilo de la obra es ligero y eficaz. Gracioso, incluso, y exornado de metáforas de belleza inusitada no pocas veces, adjetivación rica y nueva, y una fina ironía que aparece con la sutileza de un vuelo de insecto. Ironía femenina, casi inglesa: de las que arrancan la sonrisa, su rictus, y llegan al espíritu. Podrían, acaso, discutirse algunas comas y su uso, más de oído que sintácticas, pero… Sí cabe añadir que el diálogo es mínimo, pero eficaz. Lírico, evocativo. En nada contribuye a caracterizar a los personajes. Por otro lado, mención aparte merece el magnífico dominio del retrato o, por mejor decir, la prosopografía, lo que redunda en una narración de curso lento, sin acción, detenida en las aguas cristalinas de las descripciones. Uno está por decir que la autora, Déborah Puig-Pey, o bien imparte clases de narrativa (tan de moda hogaño), o bien ha asistido a ellas, con buen resultado. Las mismas resultan extraordinarias, brillantísimas y muy sensuales.
Mucho que decir de esta novela y sus personajes. Me viene a las mientes un titular que no puedo ahogar en el silencio. Esta novela es la historia de un trauma subjetivo y condicionado. Y esta hipótesis de origen es la hipótesis de un mantenimiento. Judith, personaje y responsable de la voz narrativa: ora en tercera persona y omnisciente, ora en primera persona, en fin, ora como quien escribe un relato para narrarnos el nacimiento de Felicitas o Felicidad Passion; Judith, decimos es el trauma de mantenimiento hasta el final de la vida del protagonista, Mario Escuder Passion.
Esta novela (¿breve?) es más, mucho más. En ella abunda la promiscuidad, la antítesis o lucha de contrarios, como en el viejo Heráclito: dinero-ruina, amor-desamor, amargura-dulcedumbre, tierra-limbo, vida-muerte, luz-oscuridad. Y locura, insania, ya se dijo en el pórtico y lo repetimos en los postres. Y, por último, sobre una geografía real, como Manila, Barcelona, Londres, Portobello, Santa Cruz de Tenerife, Tarrasa… Sobre todo esto, tangible y mensurable, flota el mundo de la acción novelesca: una acción desactivada, reconcentrada, un mundo paralelo y personal: el mundo de lo onírico, el mundo de lo profético, con denotaciones naturales y oscuras, herméticas. Y tienen cabida los fantasmas, las visiones de ultratumba, la realidad y su recreación. El mundo tejido con los hilos de los recuerdos y las voces. Tal es esta espléndida novela, titulada, con acierto y misterio, DONDE HAY NILAD. Manila y su arbusto y su flor fundadora, eterna, mientras la sigamos pronunciando. Nilad.
pedrocresporefoyo, madrid, martes, 21 de abril de MMXV.

Déborah Puig-Pey Stiefel



miércoles, 25 de febrero de 2015

Las músicas de Brundibar, edición en castellano.






LAS MÚSICAS DE BRUNDIBAR
Autor: Déborah Puig-Pey Stiefel
    
«La noche de Carnaval del año 1930, cuando la Rúa del Exterminio se acercaba a Lloret de Mar, un hombre enmascarado con una cabeza de dos caras, una delante y otra detrás, cayó sobre la multitud, desde uno de los carros, y se clavó el tridente, o la horca, de otro peregrino que iba rondando el desfile y que había improvisado un ambiguo disfraz. ¿Quién lo empujó? ¿Quién lo mató?»
En 1944 se rodó en Checoslovaquia la película El Führer regala una ciudad a los judíos con el fin de engañar a los inspectores de la Cruz Roja y mostrar la vida supuestamente agradable de los deportados en el campo de concentración nazi de Terenzín. En una de las secuencias de este falso documental, los niños y niñas internados interpretan un fragmento de la ópera infantil Brundibár. Poco después Hans Krása, su compositor, y la mayoría de los hombres, mujeres, niños y niñas que intervinieron en ella fueron conducidos a Auschwitz y exterminados.
¿Cómo saber, entonces, si uno tiene ante sí el mundo real o está viendo Brundibár?
Las músicas de Brundibar penetran en las interioridades de un régimen y de una sociedad dominada por la falsedad y el totalitarismo en el Berlín de los años treinta, donde la persecución del antifascismo, del comunismo, de la homosexualidad y de la condición judía es cruel y despiadada.
Brundibár como metáfora. Todos somos intérpretes de una sinfonía implacable: no importa quién queda o a quién se excluye, eso puede cambiar en cualquier momento, lo que importa es que el modelo de humanidad resultante sea lo bastante perfecto y lo bastante canalla al mismo tiempo para que nadie le plante cara.

Déborah Puig-Pey Stiéfel nació en Barcelona en 1960 en un ambiente multicultural. Posiblemente por eso estudió antropología, lo que le proporcionó un punto de vista que la impulsa a mirar más allá de la experiencia personal y a observar al ser humano como ente histórico. En 2010 publicó Donde hay nilad (Menoscuarto), una novela sobre una familia descendiente de la colonización española en Filipinas, que Isabel Núñez calificó de chejoviana.

http://www.ed-bellaterra.com/




sábado, 10 de enero de 2015

Ruth Bernhard, el don de la vida.



Si la vida no te interesa, entonces la fotografía no tiene sentido
Ruth Bernhard, 1905-2006, Fotografa Germano Americana













viernes, 7 de noviembre de 2014

Les músiques de Brundibar a Núvol. Punt de llibre.

Una de les barraques del camp de Terezín



Les músiques de Brundibar


/ 6.11.2014



El nom de Brundibar està relacionat amb el nom de Terezin, un especial camp de concentració nazi, un ardit per enganyar el món. Brundibar és el nom d’una òpera infantil que va ser representada pels nens jueus internats a Terezin. Aquests nens (es diu que per Terezin hi van passar quinze mil nens) procedien majoritàriament d’orfenats de Praga. Només hem conegut cent trenta-dos d’aquests infants: els sobrevivents.
L’any 1944 es va fer una representació del’òpera Brundibar davant dels representants de la Creu Roja, que havien anat a inspeccionar les condicions del camp de Terezin. El que aquests representants van veure va ser una farsa, un espectacle fals de l’obra. Però això no va ser tot. Una de les raons per les quals Terezin semblava una mica més còmode era perquè molts residents havien estat deportats a Auschwitz amb la finalitat de reduir l’amuntegament. Poc més tard, el règim nazi va decidir fer una pel.lícula de propaganda. Tan bon punt es va acabar la filmació on es representava l’òpera Brundibar, als participants d’aquesta pel.lícula els van pujar en camions de bestiar i els van enviar a Auschwitz. La majoria van ser gasejats només arribar, incloent-hi els nens, el compositor Krása, el director Kart Gerron, els músics…
Aquesta història tràgica és el marc de fons de Les músiques de Brundibar (Tigre de paper Edicions), de l’escriptora Déborah Puig-Pey Stiefel, nascuda a Barcelona en un ambient de molta barreja cultural, i, com ella diu, per aquesta raó va decidir estudiar antropologia. En Les músiques de Brundibar trobem un retaule per a l’espant, com en la contemplació de les pintures d’El Bosco. El relator de Les músiques de Brundibar és Lleònides, un jove alemany que la nit del Carnestoltes de l’any 1930 a Lloret de Mar va perdre un ull a causa d’un malaurat accident en el qual va morir assassinada una persona. Aquesta persona que participava en la Rua de l’Extermini duia una màscara amb dues cares oposades. Una mena de Janus, si ho interpretem simbòlicament, i que indica una personalitat doble, o algú que ha de viure amagant la seva verdadera personalitat, com així acabem sabent al final de la novel.la
Tres són els joves alemanys que anaven en la festa del Carnestoltes de Lloret, tres joves, dos nois i una noia, fills únics d’uns matrimonis d’alta societat i amants de la música de Wagner, que tan aviat són a Barcelona com a Berlín, escenaris de temps convulsos, els anys 30, sobretot a Berlín amb l’ascens del règim nazi.
Arran de la tragèdia, de la qual guardarà tots els retalls de diari, el jove Lleònides queda determinat físicament: porta un pegat en l’ull perdut. Però, per contra, durant el relat veiem com a través de la seva actitud de recerca de la ‘veritat’, la visió interna de les coses el fa tan clarivident. Així Les músiques de Brundibar es constitueix en una crítica descarnada i valenta a la falsetat de la societat de l’època, i sobretot a un règim, el nazi, el més gran genocida de la història.
Un dels cementiris en record dels interns al camp de Terezín | Foto: Bart Derksen
Un dels cementiris en record dels interns al camp de Terezín | Foto: Bart Derksen


Més enllà de l’enjòlit de descobrir qui és el mort (el personatge que s’amaga sota la màscara de Janus) i de qui és l’assassí, una veritable sorpresa i que dóna tensió sostinguda al relat, un darrere l’altre els capítols de Les músiques de Brundibar es van obrint a l’ambient, cada vegada més ombrívol, angoixant i corrupte que desembocarà en la persecució (i massacre) dels jueus, però que també perseguirà els antifeixistes, els comunistes, els homosexuals, etc.
En aquesta història els tres joves volen tenir un paper sense màscara, en Les músiques de Brundibar no volen esdevenir una disfressa, un frau. Les seves actuacions no volen ser una representació banal de si mateixos sinó que més aviat s’escarrassen per interpretar, amb caràcter, el seu propi instrument en la simfonia de la vida, com vol mostrar-nos l’autora d’aquesta novel·la coral que es desplega davant dels nostres ulls sense estalviar les imatges de l’horror. Perquè en la vida hi ha horror, i en aquell règim homicida l’horror es va multiplicar per mil a cada àtom.
El jove del pegat a l’ull, el narrador de Les músiques de Brundibar, en la segona part del llibre va comparant les històries i els horrors quotidians amb les plagues d’Egipte. Aquesta comparança no és gratuïta, com no es gratuït, simbòlicament parlant, que els pares dels joves siguin wagnerians (pobre Wagner!). No busqui el lector, la lectora, una novel.la fàcil, entretinguda: no ho és ni en la forma ni en el contingut. L’estructura, el dibuix de Les músiques de Brundibar serveix eficaçment el contingut tan dens de reflexions sobre la barbàrie humana, i amb imatges tan estremidores com la d’un jove que han cosit a unes ales extretes d’una au gegant sacrificada, a manera de burla, a manera de càstig. La imatge i el que vol representar (fer befa de l’àngel, o allò que tenim de bo al nostre interior) posa el cor en un puny.
Com posen el cor en un puny la visió d’aquelles vitrines plenes de dibuixos i poemes dels nens jueus tancats a Terezin que vaig veure en una sinagoga de Praga. Uns anys abans, a Barcelona havia escoltat a l’Auditori la cantata Cançons dels nens, de Robert Convery. Poemes i dibuixos dels infants jueus estaven amagats a l’interior de Terezin: dins de matalassos i entre les parets de les cases del camp. Després de la guerra van ser recuperats i publicats. Robert Convery va utilitzar alguns d’aquests poemes per a compondre la seva cantata en homenatge als nens de Terezin, però també en homenatge a tots els nens morts en els camps de concentració nazis. En el disc Songs of children que l’any 1994 va gravar Robert Convery, a més de la cantata de Convery hi trobem Nigra sum, la preciosa peça de Pau Casals. No puc escoltar aquestes cançons sense que les llàgrimes em vinguin als ulls.










miércoles, 8 de octubre de 2014

Antropología aplicada a la intervención psicoterapéutica


Georges Devereux 




La experiencia del Centre Georges Dévereux
Stefano Portelli. Grup de Treball de Perifèries Urbanes, Institut Català d'Antropologia.

Médicos y brujos
"Generalmente, los blancos creen que existen dos tipos de sociedades - aquellas en que se piensa más de cuanto se crea, y aquellas en que se cree más de cuanto se piensa - la de ellos naturalmente hace parte de las primeras. [...] Así, en nuestra disciplina, a pesar de las nombrosas advertencias de pensadores
excepcionales, verdaderos iluminados, como fue por ejemplo Marcel Mauss, a pesar de las investigaciones profundas y extremadamente claras de los antropólogos sobre el 'pensamiento salvaje', a pesar de los resultados clínicos regularmente publicados por los investigadores en etnopsiquiatría, los psicopatólogos siguen sosteniendo que existe un pensamiento de un lado - el de la psicopatología occidental - y unas creencias por el otro - el de esos (pobres) salvajes que, enredados en sus fantasmas, no saben hacer nada más que gesticular ingenuamente unos actos 'simbólicos'" (Nathan, Stengers, 2004).¿Cómo es posible que una "terapia" como la del cabilio que resumimos arriba pueda compararse con una psicoterapia científica, y que un psiquiatra pueda dar crédito a estas supersticiones?
Nathan y sus colaboradores, durante décadas de práctica, han construido un discurso que, si no explica, por lo menos permite el diálogo con este tipo de operadores terapéuticos: intentando entender su eficacia, en términos científicos. En primer lugar, reconociendo la existencia de teorías que están a la base de sus intervenciones: teorías implícitas, basadas sobre la práctica,
nunca expresadas en palabras; teorías que se ven en acción,  y de la cual se aprecia la complejidad, tanto en el diagnóstico como en la terapia.
Empecemos por el diagnóstico. Localizando la causa del malestar fuera del cuerpo del paciente, se invierte el mecanismo, respeto al diagnóstico psiquiátrico moderno: el malestar es objetivizado, la responsabilidad del desorden no es del paciente, a menudo no es ni siquiera de este mundo. La responsabilidad es del invisible (ni siquiera de la cuñada, sino del djinn que permitió que la envidia de la cuñada se convierta en algo eficaz). Al paciente por lo tanto no se le puede culpar: no es un paranoico, no tiene nada dentro que no funcione, no tiene "un problema psíquico": se encuentra en cambio en una situación difícil que tiene que resolver. En la terapia, también se realiza una inversión: el primer paso del paciente no es mirar dentro de sí, sino entrar en acción. El tratamiento del problema también es materializado, se encarna en la fabricación de un nuevo objeto, que garantirá la curación, y en una serie de acciones rituales. Gracias al "contenedor cultural" de la brujería, del s'hur, el paciente sale de la inmovilidad, y entra en escena. De objeto pasivo y sufridor de un malestar, se convierte en "actor" - en el sentido etimológico - de un drama: cuyos personajes son todos los otros miembros de su grupo social, de su familia y de su comunidad, también indirectamente atacados por el djinn. Entonces la tarea del paciente no será sólo curarse a sí mismo, sino también proteger su grupo de una peligrosa irrupción de lo invisible.
Se convertirá por lo tanto también en el elegido por su comunidad para llevar a cabo una difícil operación de defensa colectiva: es para la misma sobrevivencia del grupo, que todo el mundo ayuda a la persona enferma, poniéndose en juego y apoyando el camino individual de curación.
Quién no lo hace, además, ¡se expone a ser acusado él mismo de brujería! Vemos claramente cómo todo este sistema terapéutico tiene consecuencias radicalmente opuestas, respeto al dispositivo psiquiátrico tradicional. Un diagnóstico psicopatológico - "Monsieur, usted es un paranoico" - localiza dramáticamente el malestar dentro del sujeto, lo hace portador de una anormalidad, y lo empuja hacia un recorrido terapéutico que lo separa de su grupo de pertenencia. La sociedad se defiende de la enfermedad psíquica en primer lugar aislando el enfermo; se deja al enfermo solo con su malestar y con su terapéuta, que le arrebata incluso el conocimiento sobre su cuerpo. El enfermo es un individuo fuera de contexto, en mano de las terapias, de hecho anulado, como máximo insertado en un nuevo grupo compuesto de otros enfermos. Occidente, desde la Inquisición hasta nuestros tiempos (Szasz, 1974), se obstina en localizar la anormalidad dentro del sujeto: antiguamente, en el alma; a partir del siglo XX, en la psique; con la aparición de las neurociencias, en el cerebro; últimamente, hasta en el ADN. Pero
el proyecto siempre es el mismo, y es funcional a la realización de un sueño de dominio biopolítico: la creación de individuos aislados delante del Estado, que no pertenecen a nada, ni tienen "attachements" ni referencias que no sean las instituciones dominantes (Foucault, 2007 [1979]).
Las terapias "salvajes", al contrario, conocen bien el valor terapéutico del pertenecer: un enfermo aislado es un riesgo para el grupo mismo, y el objetivo de la terapia es resocializar y reintegrar
quién sufrió una enfermedad mental. No por solidaridad, o por "buenos sentimientos", sino porqué el aislamiento es potencialmente destructor, puede alimentar el malestar y contagiar a otros miembros de la sociedad. Después de una terapia "salvaje", el enfermo, ya curado, vuelve a introducirse en el grupo con una nueva identidad: se convierte en experto de su enfermedad, por
ejemplo en adepto del ser invisible que lo hizo caer enfermo. El grupo, que contribuyó a la búsqueda de la solución y que acompañó el enfermo durante todo su camino, sale de la enfermedad más cohesionado, más consciente de sus límites, de los peligros que lo rodean, pero también de sus potencialidades.
La etnopsiquiatría, para la ciencia moderna, representa una toma de consciencia importante de sus límites: si queremos, de los límites mismos de la modernidad, hace siglos empeñada en una batalla desesperada contra todo lo que le parezca irracional, inexplicable, ininvestigable, por cuanto eficaz se demuestre. Es como si de esta lucha - contra los charlatanes y contra las supersticiones: de hecho, contra las otras culturas - dependiera su propia sobrevivencia. La
medicina moderna y la psicoterapia moderna no soportan la idea de convivir con otras medicinas o con otras psicoterapias. La propuesta de la etnopsiquiatría, como veremos, es que la ciencia moderna se convenza de aceptarse como "una técnica entre muchas", reconociendo eficacia y potencialidad a las "otras" técnicas, y renunciando a la universalidad. O por lo menos, transformando su pretensión de universalidad en una voluntad de hacerse completa. Es la crítica a la modernidad que hace Latour, cuando afirma que nunca fuimos modernos (Latour, 2007).
También desde el punto de vista del pensamiento crítico, de los movimientos antipsiquiátricos, el alcance del dispositivo etnopsiquiátrico es grande, ya que permite superar una fase de
estancamiento: hace décadas ya que la antipsiquiatría denuncia el aislamiento forzoso de los supuestos enfermos psíquicos, pero en esta época de psicofármacos recetados a los menores por las mismas escuelas, de disease mongering. por parte de las farmacéuticas, de conductivismo y cognitivismo desenfrenados, no ha sabido aún encontrar alternativas válidas, tanto teóricas como
prácticas, a los dispositivos ofrecidos por la psiquiatría dominante, para resocializar o reintegrar realmente a los enfermos psíquicos en la sociedad.




http://periferiesurbanes.org/wp-content/uploads/2011/02/ESAntropologia_aplicada_intervencion_psicoterapeutica.pdf

jueves, 4 de septiembre de 2014

Les músiques de Brundibar. Edició de Tigre de Paper.







SINOPSI :

«La nit de Carnestoltes de l’any 1930, quan la Rua de l’Extermini s’apropava a Lloret de Mar, un home emmascarat amb un cap de dues cares oposades va caure de cop sobre la multitud, des de l’alt d’un dels carros, i es va clavar el trident, o la forca, d’un altre pelegrí que anava rondant la desfilada i que havia improvisat una ambigua disfressa. Qui ho va fer? Qui el va matar?»
Les músiques de Brundibar ens desgrana l’interior d’un règim i d’una societat dominada per la falsedat i el totalitarisme. Un recorregut per la Barcelona wagneriana i el Berlín dels anys 30, on la persecució de l’antifeixisme, del comunisme, de l’homosexualitat i de la condició jueva és cruel i despietada.
Brundibar és el nom d’una òpera infantil representada pels nens i nenes del camp de concentració de Terenzin. El 1944 el règim nazi va fer un reportatge que falsificava el que sortia a l’obra, fent veure al món que aquella era la vida real dels nens i nenes preses.
La música és la gran metàfora. Som els intèrprets d’una simfonia sense autor. Una partitura és la composició del nostre món, la part en la qual cadascun intervé amb la seva interpretació i els seus instruments. Els presoners jueus eren obligats a cantar marxes militars de les SS, els comunistes a cantar himnes laboristes, i si no sabien la lletra eren castigats, doncs allí la partitura era única, definitiva i intocable, i per tot això, propícia al càstig.

AUTORIA :

Déborah Puig-Pey Stiéfel: Va néixer a Barcelona l’any 1960 en un ambient de molta barreja cultural. Possiblement per això va triar l’especialitat d’antropologia, un punt de vista que la impulsa a mirar més enllà de l’experiència personal i a observar l’ésser humà com a ens històric. L’any 2010 publica una nov·l·la sobre una família descendent de la colonització espanyola a Filipines, Donde hay nilad (Menoscuarto, 2010), que, segons paraules d’Isabel Núñez, és una novel·la txekhoviana: “Perquè amb tot el seu saber està plena d’aquesta perplexitat de la literatura: Diu Txékhov que l’escriptor ha de ser honest i mostrar la seva estranyesa, perquè el món és endimoniadament complex.”

COL·LECCIÓ: Lletrafelina, el roig dins el negre


 La col·lecció Lletrafelina (el roig dins el negre) va més  enllà de la cacera de les lectores més addictes a les lletres,  busca afinar-nos aquells sentits més adormits de la consciència. Engloba aquelles novel·les que pel seu caràcter, per la seva temàtica, per la seva voluntat, pretenen fer-nos còmplices de la trama.
Posar el roig dins el negre, el moviment dins l’obra estàtica, la realitat dins l’imaginari, la pregunta dins l’afirmació, el sentit dins l’acció. Posar el roig dins el negre per fer de la lectura una passió que gaudint ens ajudi a formar-nos, a combatre dogmes i apaties, a conjugar l’urpa i la carícia en un món novel·lat de real fantasia.
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lunes, 25 de agosto de 2014

Un respeto a los galones.



Hace tiempo publiqué en mi Facebook una fotografía de Peter Falk en su papel de Teniente Colombo. He sido "colombina" desde niña, como tantos y tantas a los que la serie sedujo inmediatamente y para siempre. 
La foto lleva el título de "Una preguntita más".
Alguien se ha interesado esta mañana (en mi muro, claro) por si el teniente algún día sacará las manchas de su gabardina. Yo le he contestado que eran marcas de guerra, que no las sacaría nunca. La respuesta ha sido: "lamparones de guerra".

Una pequeña conversación jocosa. Pero creo que esa pregunta es importante. 

Veamos. Las manchas en la gabardina de Colombo son esenciales:

1 - Por una cuestión práctica: a ojos de los sospechosos le hacen parecer inofensivo. Un aspecto astroso, un detective despistado que habla de su mujer, un teniente doméstico y sin glamour. ¿A quién puede asustar? El culpable o cualquiera de los interrogados bajan la guardia o simplemente no activan ningún mecanismo extra de seguridad.

2- Por una cuestión lógica, pero extremadamente vital: la falta de interés por sí mismo hace del detective un depredador de criminales. Es un observador voraz, no pierde la energía en autocontemplaciones. Está falto de vanidad y completamente entregado al mundo exterior. 

Que un aspecto perfecto, distinguido, atractivo, aseado y detallista puede ocultar a un cretino es vox populi y no hace falta insistir, eso se aprende en la vida  y en la calle.


Lo que cuesta más es entender los casos Colombo. Son como el pelo alborotado de Einstein, deberían ser una lección de humildad para el apetito de seda, sobre todo en nuestra época, que cifra tantos beneficios en ella. 
El detective Colombo es genial porque es un desastre, ni más, ni menos. Cada lamparón en su gabardina es un caso resuelto, como en esas brujas que para eliminar sus verrugas tienen que practicar un tipo de magia que le solucione la vida a alguien desahuciado, pero en sentido inverso, a más lamparones, más perspicacia.
¿Estoy defendiendo la apariencia de dejadez, la indolencia en el seguimiento de la moda, la incorrección política al fin y al cabo?

Pues sí y no. 
Yo soy capaz de reverenciar a un sujeto mal vestido ¿Por qué  no iba a poder? Es más ¿por qué no respetar esos galones siempre, si pueden representar a todos los Colombos?

No en vano Peter Falk aparece en "El cielo sobre Berlín" ejerciendo de ángel caído. Es decir, de observador, de super-observador, de paladín de la empatía hacia nosotros, los humanos, y eso es así porque todos los ángeles llevan gabardina.