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miércoles, 25 de abril de 2018

El juego de jugar

Henry Guillaume Schlesinger. 
The Reprimand, 1879


Felice Casorati - Jeune fille sur un tapis rouge - 1912


Francisco Pradilla y Juana la Loca en Tordesillas, 1906



Elizabeth Smyth Guinness (1850-19340) – The Dolls' Tea Part


Nora ~ Edith Scannell (1852 – 1940


The Wish of Children 



Children looking into Marshall Field's holiday windows




Stefaan Eyckmans |White horse tribute to Géricault






1534 Lucas Cranach 


Picasso - Maya con la muñeca . 1938


1582 Daniël van den Queborn 


Rafael Tejeo, su hija Ángela Tegeo, 1832



John Everett Millais 1864







Jean Etienne Liotard, Enfant avec poupée


The Tea Party by Laura Theresa Alma-Tadema

miércoles, 15 de noviembre de 2017

"L'argent de poche"



 Rev F. C. Lambert/



 Hulton Deutsch Collection


 Wayne Miller



Arthur Leipzig


Nico Jesse


Hulton Archive/Getty Images








                                                                                       Helen Levitt - calles



lunes, 6 de marzo de 2017

La consideración de las niñeras

La versión de Walt Disney



La niñera es una figura intrigante y semi escondida, al menos en ciertas manifestaciones de índole fantástica. Sospechosamente dual, puede ser una influencia oscura para los infantes tutelados bajo su dominio doméstico, o madre verdadera, efectiva y condenada al anonimato. Puede suscitar la culpabilidad de los padres, ya sea por delegar funciones esenciales, o por dejar que otra enseñanza, otra cultura, incluso otro idioma, invada los juegos y el aprendizaje de sus hijos,  o  bien puede ser una liberación afectiva, un dejar lo desagradable, utilitario y ambivalente de la crianza a esas terceras personas que se convierten en miembros protésicos de la familia. Por no hablar de las niñeras de monarcas y príncipes.
Freud vería en su niñera el desencadenante de su neurosis. Stevenson tuvo siempre una doble vida religiosa a causa del calvinismo "proselitista" de su aya, quizá es a ella a quien le debemos la existencia de Mr. Hide.
Las niñeras indias y africanas de los colonos de las Américas eran prácticamente las encargadas de criar damas que supieran comportarse ante los hombres, tratar su piel y cabello, conocer trucos y recetas que las convirtieran en mujeres sensuales y hermosas... ayas esclavas que eran al mismo tiempo sexólogas, esteticistas, asesoras, dietistas...
A veces, son las amantes de maridos e hijos: Seducidas y desterradas con crueldad cuando ya molestan, otras veces son sibilinas reptantes, hábiles en llegar a las altas camas de la estratología social.
El tema es realmente amplio.  Las figuras que presento aquí tienen también esa doblez, todas, de una forma u otra.
Son brujas y pedagogas, artistas y paseantes de parques infantiles, generosas y posesivas, creativas o despiadadas.

Deb

Pamela Lyndon Travers

Fue una escritora, actriz y periodista australiana, creadora de la famosa niñera de ficción Mary Poppins, en el libro del mismo nombre. En 1924, se muda a Inglaterra donde escribe bajo el seudónimo de P.L. Travers. En 1933, comienza a escribir sus serie de novelas infantiles acerca de la mística y mágica niñerMary Poppins. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras trabaja para el Ministerio de Información Británico, Travers viaja a Nueva York donde Roy Disney contactó con ella para que le vendiera los derechos del personaje de Mary Poppins a Disney Studios para usarlo en una película.

Mary Poppins

Publicado en Londres en 1934, Mary Poppins fue el primer éxito literario de Travers. Le siguieron una serie de cinco secuelas (la última en 1988), así como otras novelas, colecciones de poesía y obras de no ficciónDisney realizó una adaptación musical de la obra en 1964. Aunque fue asesora de la producción, el personaje de Mary Poppins en la película difiere de la concepción original de Travers y esta fue la causa por la cual no autorizó la adaptación de las cuatro secuelas siguientes de la novela, pese a los intentos de Disney en persuadirla. Mientras aparecía como invitada en el programa de radio Desert Island Discs de BBC Radio 4 en mayo de 1977, Travers reveló que el nombre “M. Poppins” se originó de historias de su infancia que ella creó para sus hermanas, y que ella aún poseía un libro de esa edad con ese nombre escrito dentro. La tía abuela de Travers, Helen Morehead, quien vivía en Woollahra, Sídney, solía decir “Spit spot, a la cama”, lo que fue una posible inspiración para el personaje.


Mary Poppins, con ilustraciones de Júlia Sardá

Emma Thompson protagoniza Al encuentro de Mr Banks, un drama con tintes cómicos en el que la actriz es Travers

La mala madre de Mary Poppins



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Fundada en 1892 por Emily Ward, el Norland College está ubicado en la localidad de Bath y está considerado como la mejor escuela de niñeras de todo el mundo. Hace apenas dos años, la escuela saltó a los titulares de medio mundo por haber admitido por primera vez a una estudiante masculino, Michael Kenny, que tuvo que codearse con un plantel de niñeras a lo Mary Poppins.

Todos los años se licencias en la escuela unas 40 'nannies', codiciadas después por los miembros de la aristocracia y de la nobleza británica. La princesa Ana y la duquesa de York contrataron niñeas del Norland, así como Mick Jagger y Roger Federer entre otros famosos.


 Norland Nurses in 1892






"Mary Poppins"

Del libro original ilustrado


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Nominada al Oscar en la categoría Mejor Documental, "Buscando a Vivian Maier" es una incisiva reflexión, con toques de Errol Morris, sobre el rol del artista y la obsesión inherente de mostrar su legado al mundo.En 2009, en una subasta, se descubren más de cien mil fotografías de la Nueva York del los años 50 realizadas por una fotógrafa desconocida pero cuyos retratos documentales de la vida cotidiana la transforman inmediatamente en una de las más interesantes artistas dentro de la corriente de street photography. Sin embargo, no sabemos de ella más que su nombre y su profesión habitual, niñera.

Las "brown nannies"


No se sabe cuántas son ni de dónde vienen, pero se calcula que cientos de miles de mujeres latinoamericanas se dedican al cuidado de niños en Estados Unidos.
Las niñeras hispanas se han convertido en pieza clave del engranaje familiar en EE.UU.
Les llaman las "Brown Nannies". Son las niñeras de origen hispano que han sustituido en grandes números a las nanas de raza negra o a las blancas irlandesas que abundaron en el siglo XIX en las casas de los estadounidenses de clase alta.
Hasta el momento ha resultado difícil determinar el número de mujeres hispanas que hacen este trabajo. El Consejo Nacional de la Raza calcula que un tercio de las latinoamericanas que emigran a EE.UU. se dedican a trabajos vinculados al servicio doméstico, muchas de ellas como niñeras.
En los últimos años, estas mujeres de color de piel morena han estado penetrando los hogares de EE.UU. y se han convertido en un elemento fundamental de las familias con ambos padres en el mercado laboral.

"Ellas son las que le preparan la comida a los niños, que en muchas ocasiones incluye platos latinoamericanos, y además está la relación normal entre niño y niñera que revela al niño lo opuesto a los patrones de prejuicio, sino que la calidez y la amistad y todo tipo de cosas que ocurren cuando se encuentran las personas de culturas diferentes".
'Cummy'.




La niñera de R. L. Stevenson
 Alison Cunningham (1822-1913)

Los padres de Stevenson también eran presbiterianos de la Iglesia de Escocia. La salud de su madre estaba constitucionalmente debilitada y padecía de enfermedades respiratorias, debilidad de la cual también Stevenson sufrió durante toda su vida. El clima escocés de veranos frescos e inviernos lluviosos y nublados era muy inconveniente tanto para la madre como para el hijo, que por consejo del médico de la familia pasaban muchas mañanas en cama. Para aliviar a la madre la familia contrató en 1852 a la niñera Alison Cunningham (1822-1910), llamada «Cummy», quien impresionaba tanto al pequeño Louis con su calvinismo austero y sus historias nocturnas truculentas que provocaron que el niño comenzara a tener pesadillas por las noches. 

Cuando apenas contaba con dos años, su familia llevaba ya al pequeño Louis a la iglesia. Allí escuchaba las prédicas con historias, por ejemplo, sobre Caín y Abel, el Libro de Daniel o sobre del diluvio universal. Se agregaban a estos estímulos los relatos truculentos de Cummy sobre la oscura historia de la iglesia escocesa, los cuales asustaban al niño pero, al mismo tiempo, le producían gran fascinación. Su obra fue fuertemente influida por las experiencias infantiles tempranas. Cummy se preocupaba por él de manera conmovedora cuando yacía enfermo en cama y le leía pasajes de algunas obras como Pilgrim’s Progress de John Bunyan y de la Biblia. Su obra A Child’s Garden of Verses, que apareció en 1885 y que hasta hoy sigue siendo un favorito en Gran Bretaña tiene una dedicatoria a su niñera Cummy, muestra del recuerdo de aquella época de Stevenson, a sus treinta y cinco años.

Hasta el final de su vida, el escritor mantuvo un vago teísmo, imposible de relacionar para él con los terrores del infierno, sobre el que le advertía su niñera. Para ella, jugar a las cartas e ir al teatro era pecado -cosa que sí hacían sus padres-. En la Universidad tiene una crisis de fe y empieza a frecuentar el lado oscuro de las calles de Edimburgo.







viernes, 3 de marzo de 2017

Vieja infancia



De La Infancia perdida (Graham Greene)

Tal vez solo en la infancia los libros ejercen una influencia profunda en nuestras vidas. En la vida posterior los admiramos, nos entretienen, podemos modificar criterios que ya sustentamos, pero es más probable que encontremos en los libros únicamente una confirmación de lo que ya ocupa nuestra mente: como en una relación amorosa, son nuestros propios rasgos los que vemos reflejados halagadoramente.




Pero en la infancia todos los libros son textos de adivinación que nos hablan del futuro y, al igual que la pitonisa que ve en las cartas un largo viaje o una muerte en el agua, influyen en nuestro futuro. Supongo que es por eso que los libros nos excitaban tanto. ¿Qué extraemos hoy de la lectura que pueda equipararse a la emoción y la revelación de aquellos catorce años primeros? Por supuesto que me interesaría la noticia de que esta primavera iba a aparecer una nueva novela de E. M. Forster, pero nunca podría comparar esta suave expectación de placer civilizado con el paro cardíaco, el júbilo horrorizado que sentía cuando encontraba en el anaquel de una biblioteca una novela de Rider Haggard, Percy Westerman, Captain Brereton o Stanley Weyman que todavía no había leído. No, es en aquellos años tempranos donde yo buscaría la crisis, el momento en que la vida cobró un nuevo sesgo en su itinerario hacia la muerte.



Recuerdo claramente la celeridad con que una llave giró en una cerradura y descubrí que sabía leer, no solo las frases en un catón con las sílabas acopladas como vagones de tren, sino un libro de verdad. Tenía una portada con el dibujo de un chico atado y amordazado, colgando del extremo de una cuerda en el interior de un pozo con el agua más arriba de la cintura: una aventura de Dixon Brett, detective. Gaurdé mi secreto durante unas largas vacaciones de verano, según creí: no quería que nadie supiese que sabía leer. Supongo que semiconscientemente comprendí que aquél era el momento peligroso. Estaba a salvo siempre que pudiera leer – las ruedas no habían comenzado a girar, pero ahora el futuro se alineaba en derredor, en múltiples estanterías a la espera de que el niño eligiera – la vida de un perito mercantil quizá, de un funcionario colonial, de un plantador en China, un trabajo estable en un banco, felicidad y desventura, a la postre una forma determinada de muerte, porque indudablemente escogemos nuestra muerte del mismo modo que elegimos nuestro trabajo. Se desprende de nuestros actos y nuestras evasiones, nuestros miedos y nuestros momentos de valor. Supongo que mi madre debió de descubrir mi secreto, porque a la vuelta a casa me regalaron para el tren otro libro de verdad, un ejemplar de Isla de coral de Ballantyne, con una sola ilustración que contemplar, un frontispicio de colores. Pero yo no me delaté. Durante el largo viaje miré la única estampa y no abrí para nada el libro.



Pero en los anaqueles de casa (muchísimos, porque éramos una familia numerosa) me esperaban los libros, uno en concreto, aunque antes de cogerlo me permití elegir al azar. Cada uno era un cristal donde el niño soñaba que veía la vida en movimiento. 
Allí, con una cubierta espectacularmente pintada de varios colores, estaba El aeroplano pirata del Captain Wilson. Debo de haberlo leído seis veces por lo menos: la historia de una civilización perdida en el Sahara y de un malvado pirata yanqui con un aeroplano como una cometa y bombas del tamaño de una pelota de tenis que exige un rescate por la ciudad dorada. La salvaba el héroe, un joven suboficial que se introducía furtivamente en el campamento pirata para inutilizar el aeroplano. Le capturaban y veía a sus enemigos cavando su tumba. Iban a fusilarle al amanecer, y para matar el tiempo y eludir pensamientos ingratos el amable pirata yanqui jugaba a las cartas con él: el inocente juego infantil del Kuhn Kan. El recuerdo de aquella partida nocturna al borde de la muerte me persiguió durante años, hasta que por fin me deshice de él en una de mis novelas, con una partida de póquer jugada en circunstancias lejanamente similares.









miércoles, 6 de julio de 2016

Nombrar

Los comics
Jungle Frolics

La colada
Willy Ronis, Francia 1946

El barrio 1950s  Robert Doisneau

El espectáculo
"Enfants au Théatre" Paris 1948 Willy Ronis. 





La buhardilla
Robert Doisneau


Cantar