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lunes, 9 de abril de 2018

Llamada de atención



 
Reseña en Babelia. El País 
9 ABR 2018

Déborah Puig-Pey demuestra en 'Abrerrelatos' suficiente singularidad estilística como para que ninguno de sus textos queden distorsionados por su débito temático a Borges.
















En la portada del libro de cuentos de Déborah Puig-Pey Stiefel, Abrerrelatos, dos mujeres y tres hombres se inclinan hacia algo que despierta su curiosidad. Esas miradas quedan suspendidas en el vacío, pero la curiosidad ante un misterio que intuimos que exige atención queda ahí. Así leí yo estos 15 excelentes relatos de la escritora catalana. Algunos de ellos me recordaron lecturas familiares. Por ello no es casual que uno, ‘El sofógrafo’, lleve una cita de Jorge Luis Borges (“Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar”). 

En realidad hay otras piezas que me lo recuerdan, pero ninguna de las pocas desmerece ni la escritura ni el tono discursivo que alientan estos cuentos. Ya se ha dicho hasta el cansancio que ningún autor como Borges ha hecho tanto daño al que quiso homenajearlo (por no decir imitarlo). No es el caso de Puig-Pey, que demuestra en su libro suficiente singularidad estilística como para que ninguno de sus textos queden distorsionados por su débito temático al maestro argentino. Déborah Puig-Pey nunca transita demasiado trecho por el conceptismo narrativo que alentaba a Borges. Ella suma cierto temblor, un grado exacto de emoción o conmoción que al autor de Ficciones siempre le faltó o nunca necesitó, según su concepto de la ficción.
Los relatos que componen Abrerrelatos son la prueba más fehaciente de cómo la tradición ayuda a sostener la vocación de armar un corpus narrativo con voz propia. El resto lo pone una inventiva al servicio de la idea que se quiere transmitir al lector. Fijarlo, más que a un suceso concreto, que también, a una idea obsesiva, contaminante, inesperada. He leído, por ejemplo, un cuento como ‘La casa de Rosa Andrade’ o ‘Mordechai’ o ‘El barro puede aprisionarte’. Aquí se reúnen el relato de un suceso cotidiano incrustado en un sueño imposible con el rigor de la metáfora. Así funciona este luminoso libro. Se relata un sufrimiento, un exilio, una pavorosa tragedia histórica, los sueños que se desea que nunca se cumplan, mujeres solas, hombres tristemente equivocados. Me ha gustado mucho este libro. Por lo que transmite y por lo que, como si se tratara de un arcano, no debe transmitirse.
Abrerrelatos. Déborah Puig-Pey Stiefel. Huerga & Fierro, 2018. 110 páginas. 14 euros

Ocho libros de esta semana


domingo, 14 de enero de 2018

PUENTES SOBRE AGUAS TURBULENTAS: "ABRERRELATOS"




La espera, y de algún modo su optimista hermana, la esperanza, constituyen el nexo del conjunto de relatos integrados en "Abrerrelatos", el nuevo libro de Puig-Pey Stiefel.

Espera o esperanza que se desprenden del balance que los personajes realizan entre expectativas creadas y experiencia del mundo.

Personajes fantasma, en un mundo aprisionado por un enjambre de palabras y referencias que no han hecho, bajo la pretensión de aclararlo y allanarlo, más que incrementar el zumbido y dejado como único salvoconducto la pulsión del desdoblamiento, la habitación del hueco para lograr hablar desde otra parte.

En la mayoría de los quince relatos existen unos ojos que de modo imprevisto confluyen en otros ojos, creando en los personajes sorprendidos de ese modo la latente transferencia de una espera, la transformadora experiencia, secreta en ocasiones, del amor o el reconocimiento.

Así le sucede a la ciclotímica ama de casa de "El barro puede aprisionarte" con el cowboy viril y misterioso que penetra noche tras noche en sus sueños, como también a Dinorah, la muchacha judía enamorada del magro e impostor Mordechai, cuya falsa identidad mantiene en pie, sin embargo, la esperanza en el regreso de su padre, perdido en la diáspora.
También a Rosa Andrade, visitada de niña por la mirada de un amigo de su padre y que ha llenado, desde entonces, ese profundo hueco con sucesivas copias del original con la tierna intención de reemplazarlo.

Antropóloga de formación, la autora pone en juego en los relatos la crítica o el cuestionamiento de la cultura como hecho material, como extrañeza: siendo un producto humano, puede ser revestido de lo mejor o lo peor de nosotros, convertirse en una medicina, como le ocurre al botánico de "Las violáceas", o en una trampa, como se narra en "Arcilla. Tabula non rasa" o en "Retablo de bodega".

Un espectro, el de Freud, el de la proliferación inacabable de las interpretaciones sobre el propio pasado o el pasado colectivo recorre los relatos y la memoria de los personajes.
Porque conforme pasan los años el pasado, el presente, se convierten a menudo en un caudal de aguas oscuras, turbulentas, y es necesario imaginar, recordar o vivenciar la presencia de unos ojos salvadores que nos reconozcan al otro lado de la mirada, al otro lado del puente.

"-¡Ah! La esperanza... ese lacre que arrastráis los judíos.
-Peor es la fe y bien que cargas tú con ella.
-Yo soy un ideal, tú un fantasma. No es lo mismo, no es lo mismo...".
("Buenas noches, Sigmund")

Déborah Puig-Pey Stiefel, "Abrerrelatos".
Ed. Huerga & Fierro, 2017.



Xavi Rodríguez Ruera

sábado, 23 de septiembre de 2017

ABRERRELATOS







"De la autora, cinturón negro en el Borges menos manoseado, conocemos sus anteriores novelas, peculiares archivos cuya memoria, cogida del brazo de la Historia, era la principal fuente de su verismo. Ahora, fuera ya de cuentas, da a luz unos relatos de acontecimientos en apariencia aislados, pero que se desembarazan de su insignificancia para encajar en el proyecto global de la comprensión de lo humano, con esa épica hermética que adopta cuando se presenta como parábola.

Al estilo de “Sherezade”, que narra mientras vive y narra también para vivir, Abrerrelatos va abriendo cuentos que abren otros cuentos, ya sea aquí o en otros libros."
Huerga y Fierro, 2017.

Déborah Puig-Pey Stiefel nació en Barcelona en 1960 y se formó en antropología cultural. Es escritora de novela, relato y poesía. Obtuvo el premio finalista de narración breve Max Aub en el 2005.
Ha publicado: Donde hay nilad, 2010, Nusus, un cuento ilustrado para niños, 2013, Les músiques de Brundibar, 2014 (en catalán), Las músicas de Brundibar, 2015 (en castellano).



domingo, 2 de agosto de 2015

EL CUERPO DEL DELITO Y EL CUERPO DEL DESEO: DÉBORAH PUIG-PEY STIEFEL, " LAS MÚSICAS DE BRUNDIBAR", "DONDE HAY NILAD"

Reseña en "El calcetín de Ulises", de Xavier Rodríguez Ruera.




sábado, 1 de agosto de 2015


Foto de Xavier Rodríguez Ruera.

Foto de Beatriz Álvarez Sáez.



A estas alturas de la película, a nadie se le escapa que hablar, lo que se dice hablar, jamás dejamos de hacerlo, ni nosotros ni el resto de cosas, objetos, seres vivos, que nos rodean.

La ciencia forense y la crítica literaria han avanzado en siglo y medio, como decía la canción, una barbaridad y adonde no llega el escalpelo o el adjetivo rimbombante, pueden hacerlo el ojo clínico y la lectura reposada.
La barcelonesa Déborah Puig-Pey Stiefel es antropóloga de formación, activista cultural por vocación, y narradora por devoción.
Decían los estructuralistas que el sentido es aquello que se desliza entre las series nunca convergentes de los significantes y los significados; la casilla que falta, el fantasma que flota, la "X" que queda siempre sin resolver en esta enorme broma o ecuación diferencial que se llama Texto o que se llama Vida.
De repente, en la rúa de carnaval de Lloret de Mar, año 1930, se produce una muerte o un asesinato, y este acontecimiento luctuoso e impactante (el sujeto muere ensartado en el tridente de Neptuno), sirve a la narradora para poner en marcha su artefacto narrativo, que nos llevará a caballo del Berlín a punto de desmoronarse (y des-moralizarse) e inflamarse con los discursos de un loco de taberna, y la opaca Barcelona de las finanzas, los intereses creados, la Barcelona de "la pérgola y el tenis" a que se refería Biedma.
Los protagonistas que habitan y recorren los laberintos de piedra e historia de esta narración, son tres muchachos, dos chicos y una chica, pertenecientes a la burguesía industrial de la capital catalana, y cuyo perfume erótico y élan dinámico y detectivesco podría emparentarlos con otros tríos parecidos de la nouvelle vague.
La trama en fuga que propone la autora no le impide echar mano de sus extensos conocimientos sobre la época en cuestión, y adornar su vertiginoso esqueleto con brillantes pinceladas antropológicas, cinematógraficas y operísticas que dan muestra del aciago esplendor de la época.
(A modo de sugerencia, me permito sugerir un índice onomástico, con breves explicaciones, al final del libro).
¿Una novela histórica? ¿de detectives? ¿de aprendizaje? Una brillante novela que se va construyendo, como un tren que ilumina de noche ciudades, épocas dormidas y las despierta, conforme avanza.

El segundo libro, aunque primero por orden de publicación, se titula "Donde hay nilad", y narra las vicisitudes de una familia disfuncional y transfronteriza entre los años veinte y las postrimerías del siglo pasado.
Si en "Las músicas de Brundibar" lo importante y lo fundamental que afectaba a los personajes, acontecía, grosso modo, fuera de ellos mismos, en este caso lo esencial ocurre y transcurre adentro de los cuerpos.
Y el deseo, torcido o victorioso, es uno de los vientos que gobiernan el cuerpo.
El Deseo, prematuramente descubierto por Judith, la protagonista, siendo casi una niña, en los ojos y en los brazos de un adulto de ascendencia filipina, se convierte desde entonces en un dios, en un reyezuelo despótico y oscuro servido por dos damas de alcurnia, la Lujuria y la Culpa.
Como en los libros (tan admirados por Puig-Pey Stiefel) de Lewis Carroll, hay objetos en el libro, debajo del texto, que están sin que se vean, que actúan sin que lo parezca, que se deslizan como grumos blancos, como fantasmas, a través de la narración, en ocasiones hurtándose a la vista y en ocasiones no.
Entre los objetos que aparecen, auténtico macguffin o excusa argumental, está una filmación que se transmite de generación en generación, y en la que los protagonistas aparecen o desaparecen de la misma, borrando las fronteras entre el pasado y el soporte material que lo contiene, y el presente.
"Donde hay nilad" en una novela romántica. Lo son los escenarios (esa vieja mansión familiar habitada de consuno por fantasmas, afectada, como la "Casa desolada" de Dickens, por una hipoteca que está a punto de llevársela al otro barrio), las canciones que jalonan la trama y la intensidad de las emociones que la protagonista trata de transmitir al lector.
En la novela, aunque no se vean ni se nombren, "aparecen" maletas.
Principalmente una, la que arrastra Judith a lo largo de su vida, con los miembros disgregados de su familia y que, como Hamlet, podrían llevarla a exclamar: "¡El mundo está fuera de quicio!... ¡Oh suerte maldita!... ¡Que haya nacido yo para ponerlo en orden!".
O a intentar, como el protagonista de la novela de Mary Shelley (otra de las autoras de referencia de D.P.S.), juntar los pedazos, poner nombre a los síntomas, narrar y conjurar los fantasmas del deseo.


"Las músicas de Brundibar". Edicions Bellaterra, Barcelona, 2015.
"Donde hay nilad". Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2010.

http://elcalcetindeulises.blogspot.com.es/2015/08/el-cuerpo-del-delito-y-el-cuerpo-del.html?spref=fb

viernes, 12 de junio de 2015

Melibro.com




AMOR, DESAMOR, INSANIA Y MUERTE

(A propósito de DONDE HAY NILAD, novela de Déborah 

Puig-Pey Stiefel )


Un hombre hispanomalayo, Mario Escuder Passion, propenso a la holganza, a la contemplación infantil y otros deseos mórbidos. Un padre catalán, venido a menos, en la época poscolonial, tras el desastre del 98. Una madre malaya, infeliz, católica, sentimental, soñadora, hechicera y dada a lo oculto, mistérico y visiones. A los sueños premonitorios también. Capaz de vaticinar su propia muerte en la madurez de Cristo. Sexo, anorexia, enfermedad, vesania y muerte. Violencia también. Oscuridad y pudre humana. El lado oculto de la vida. Esto es “Donde hay NILAD” (Menoscuarto, 2010), primera novela de la escritora, galardonada en narraciones breves y conocida en los círculos culturales catalanes, Déborah Puig-Pey Stiefel.
¿Qué más se esconde tras el título aliterado y eufónico, “Donde hay nilad”? Para empezar, un exotismo que nos llama desde el paratexto del propio título ¿Dónde hay nilad?, y ¿qué es, en puridad, nilad? Aquí comienza el busilis de la cuestión. El lector, de entrada, se convierte, de hoz y coz, en un ente activo, no pasivo. Sus sentidos, agazapados, se ponen en guardia. Bien es cierto que otros paratextos (contraportada y cita inicial al frente, como exordio) nos indican con claridad que “Nilad es el nombre de un arbusto ya extinto”. Y, a su vez, se nos dice también que May nilad, <<[Donde] hay nilad>> , es el nombre tagalo de Manila”. Mas ¿es eso todo? No. Nilad, ya en el texto narrativo, en el relato y en la historia, es término polisémico, preñado de connotaciones. Por un lado es término originario, genésico, puro y fundador. Lo que estuvo antes que todo lo demás, la corrupción y la desaparición: antes de todas
las invasiones: los chinos, los japoneses, los españoles, los norteamericanos. Suena al Génesis veterotestamentario y al incipit de “Cien años de soledad” , cuando el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre… Pero nilad es más. Nilad es origen y reposo: cuna y camposanto, sepultura. Allí está Felicitas, madre de Mario, y allí ha de volver éste cuando, ya muy enfermo su madre lo venga a buscar y le diga: ” Mario, ven, ven conmigo” y concluya: ” Allí. Mira, donde hay nilad “. (52) Nilad es, fuerza es decirlo, la tierra, la vuelta al origen, el eterno retorno. Así pues, el concepto nilad se agiganta más allá, pensamos, de la propia creación de su autora. Diríase que se emancipa como un personaje unamuniano y toma autonomía. NILAD es, al tiempo, arbusto- flor, origen-muerte, madre-Manila y muerte, epifanía, eternidad, sueño y premonición.
Mientras el lugar mítico y literario se agiganta, cabe añadir que vemos aletear aquí una saga familiar, la de los Escuder, y sus miserias. Un siglo, el pasado XX, ocupa toda la historia. Se datan algunos hechos en 1912 y llegan hasta 1999. En la primera fecha nace la madre de Mario, Felicitas, un personaje maravilloso, que acaso mereciera mayor presencia. Lo mismo cabe decir de otros personajes, todos ellos bosquejados, pero con poca profundidad sicológica y menos desarrollo. Estamos por decir que resultan, tras la lectura, un tanto planos, al decir del crítico y novelista E. M. Forster, autor de un clásico manual titulado “Aspectos de la novela” (1925). Por ahí puede que flaquee un tanto la obra. Un crítico puntilloso, seguidor del texto del londinense recién citado, señalaría, asimismo, que la novela que comentamos responde más al sintagma de ‘novela breve’, que al de novela. Forster no hubiera considerado la obra de Déborah Puig-Pey novela, ya que para él la definición de novela es cuantitativa; esto es “la extensión –señala– no debe ser inferior a las cincuenta mil palabras”. Realizado el recuento de esta novela, se nos queda un tanto lejos de tal taxonomía, ya que no alcanza más allá de las treinta mil palabras. Cuestión de perspectivas.
Divide la autora su narración en ocho capítulos, cada uno independiente y no lineal en su estructura. Con constantes analepsis y prolepsis, que determinan el verdadero orden del relato, con la historia desordenada. Dejando al albur del lector, ese lector activo, según indicamos al principio, que requiere esta novela.
Mas ese orden pertenece a una figura fundamental en la estructuración de la novela. La autora recurre a la vieja y eficiente técnica de verosimilitud que se conoce como el manuscrito hallado. De modo que quien narra es un personaje diegético e intradiegético, por seguir ahora al narratólogo francés Gérard Genette. Es decir, un personaje de la misma obra, Judith Muir, niña deseada por el protagonista, Mario, y encargada de recomponer los pedazos inconexos de una historia de sueños y fantasmas. De ahí que la novela se convierta en polifónica, ahora con M. Bajtin. Esto es, voces diversas que aparecen en textos de diferente laya: una película ( véase la foto de portada ), cartas, conversaciones, fotos, imágenes, como la de un san Antonio, etc. .
El estilo de la obra es ligero y eficaz. Gracioso, incluso, y exornado de metáforas de belleza inusitada no pocas veces, adjetivación rica y nueva, y una fina ironía que aparece con la sutileza de un vuelo de insecto. Ironía femenina, casi inglesa: de las que arrancan la sonrisa, su rictus, y llegan al espíritu. Podrían, acaso, discutirse algunas comas y su uso, más de oído que sintácticas, pero… Sí cabe añadir que el diálogo es mínimo, pero eficaz. Lírico, evocativo. En nada contribuye a caracterizar a los personajes. Por otro lado, mención aparte merece el magnífico dominio del retrato o, por mejor decir, la prosopografía, lo que redunda en una narración de curso lento, sin acción, detenida en las aguas cristalinas de las descripciones. Uno está por decir que la autora, Déborah Puig-Pey, o bien imparte clases de narrativa (tan de moda hogaño), o bien ha asistido a ellas, con buen resultado. Las mismas resultan extraordinarias, brillantísimas y muy sensuales.
Mucho que decir de esta novela y sus personajes. Me viene a las mientes un titular que no puedo ahogar en el silencio. Esta novela es la historia de un trauma subjetivo y condicionado. Y esta hipótesis de origen es la hipótesis de un mantenimiento. Judith, personaje y responsable de la voz narrativa: ora en tercera persona y omnisciente, ora en primera persona, en fin, ora como quien escribe un relato para narrarnos el nacimiento de Felicitas o Felicidad Passion; Judith, decimos es el trauma de mantenimiento hasta el final de la vida del protagonista, Mario Escuder Passion.
Esta novela (¿breve?) es más, mucho más. En ella abunda la promiscuidad, la antítesis o lucha de contrarios, como en el viejo Heráclito: dinero-ruina, amor-desamor, amargura-dulcedumbre, tierra-limbo, vida-muerte, luz-oscuridad. Y locura, insania, ya se dijo en el pórtico y lo repetimos en los postres. Y, por último, sobre una geografía real, como Manila, Barcelona, Londres, Portobello, Santa Cruz de Tenerife, Tarrasa… Sobre todo esto, tangible y mensurable, flota el mundo de la acción novelesca: una acción desactivada, reconcentrada, un mundo paralelo y personal: el mundo de lo onírico, el mundo de lo profético, con denotaciones naturales y oscuras, herméticas. Y tienen cabida los fantasmas, las visiones de ultratumba, la realidad y su recreación. El mundo tejido con los hilos de los recuerdos y las voces. Tal es esta espléndida novela, titulada, con acierto y misterio, DONDE HAY NILAD. Manila y su arbusto y su flor fundadora, eterna, mientras la sigamos pronunciando. Nilad.
pedrocresporefoyo, madrid, martes, 21 de abril de MMXV.

Déborah Puig-Pey Stiefel



viernes, 7 de noviembre de 2014

Les músiques de Brundibar a Núvol. Punt de llibre.

Una de les barraques del camp de Terezín



Les músiques de Brundibar


/ 6.11.2014



El nom de Brundibar està relacionat amb el nom de Terezin, un especial camp de concentració nazi, un ardit per enganyar el món. Brundibar és el nom d’una òpera infantil que va ser representada pels nens jueus internats a Terezin. Aquests nens (es diu que per Terezin hi van passar quinze mil nens) procedien majoritàriament d’orfenats de Praga. Només hem conegut cent trenta-dos d’aquests infants: els sobrevivents.
L’any 1944 es va fer una representació del’òpera Brundibar davant dels representants de la Creu Roja, que havien anat a inspeccionar les condicions del camp de Terezin. El que aquests representants van veure va ser una farsa, un espectacle fals de l’obra. Però això no va ser tot. Una de les raons per les quals Terezin semblava una mica més còmode era perquè molts residents havien estat deportats a Auschwitz amb la finalitat de reduir l’amuntegament. Poc més tard, el règim nazi va decidir fer una pel.lícula de propaganda. Tan bon punt es va acabar la filmació on es representava l’òpera Brundibar, als participants d’aquesta pel.lícula els van pujar en camions de bestiar i els van enviar a Auschwitz. La majoria van ser gasejats només arribar, incloent-hi els nens, el compositor Krása, el director Kart Gerron, els músics…
Aquesta història tràgica és el marc de fons de Les músiques de Brundibar (Tigre de paper Edicions), de l’escriptora Déborah Puig-Pey Stiefel, nascuda a Barcelona en un ambient de molta barreja cultural, i, com ella diu, per aquesta raó va decidir estudiar antropologia. En Les músiques de Brundibar trobem un retaule per a l’espant, com en la contemplació de les pintures d’El Bosco. El relator de Les músiques de Brundibar és Lleònides, un jove alemany que la nit del Carnestoltes de l’any 1930 a Lloret de Mar va perdre un ull a causa d’un malaurat accident en el qual va morir assassinada una persona. Aquesta persona que participava en la Rua de l’Extermini duia una màscara amb dues cares oposades. Una mena de Janus, si ho interpretem simbòlicament, i que indica una personalitat doble, o algú que ha de viure amagant la seva verdadera personalitat, com així acabem sabent al final de la novel.la
Tres són els joves alemanys que anaven en la festa del Carnestoltes de Lloret, tres joves, dos nois i una noia, fills únics d’uns matrimonis d’alta societat i amants de la música de Wagner, que tan aviat són a Barcelona com a Berlín, escenaris de temps convulsos, els anys 30, sobretot a Berlín amb l’ascens del règim nazi.
Arran de la tragèdia, de la qual guardarà tots els retalls de diari, el jove Lleònides queda determinat físicament: porta un pegat en l’ull perdut. Però, per contra, durant el relat veiem com a través de la seva actitud de recerca de la ‘veritat’, la visió interna de les coses el fa tan clarivident. Així Les músiques de Brundibar es constitueix en una crítica descarnada i valenta a la falsetat de la societat de l’època, i sobretot a un règim, el nazi, el més gran genocida de la història.
Un dels cementiris en record dels interns al camp de Terezín | Foto: Bart Derksen
Un dels cementiris en record dels interns al camp de Terezín | Foto: Bart Derksen


Més enllà de l’enjòlit de descobrir qui és el mort (el personatge que s’amaga sota la màscara de Janus) i de qui és l’assassí, una veritable sorpresa i que dóna tensió sostinguda al relat, un darrere l’altre els capítols de Les músiques de Brundibar es van obrint a l’ambient, cada vegada més ombrívol, angoixant i corrupte que desembocarà en la persecució (i massacre) dels jueus, però que també perseguirà els antifeixistes, els comunistes, els homosexuals, etc.
En aquesta història els tres joves volen tenir un paper sense màscara, en Les músiques de Brundibar no volen esdevenir una disfressa, un frau. Les seves actuacions no volen ser una representació banal de si mateixos sinó que més aviat s’escarrassen per interpretar, amb caràcter, el seu propi instrument en la simfonia de la vida, com vol mostrar-nos l’autora d’aquesta novel·la coral que es desplega davant dels nostres ulls sense estalviar les imatges de l’horror. Perquè en la vida hi ha horror, i en aquell règim homicida l’horror es va multiplicar per mil a cada àtom.
El jove del pegat a l’ull, el narrador de Les músiques de Brundibar, en la segona part del llibre va comparant les històries i els horrors quotidians amb les plagues d’Egipte. Aquesta comparança no és gratuïta, com no es gratuït, simbòlicament parlant, que els pares dels joves siguin wagnerians (pobre Wagner!). No busqui el lector, la lectora, una novel.la fàcil, entretinguda: no ho és ni en la forma ni en el contingut. L’estructura, el dibuix de Les músiques de Brundibar serveix eficaçment el contingut tan dens de reflexions sobre la barbàrie humana, i amb imatges tan estremidores com la d’un jove que han cosit a unes ales extretes d’una au gegant sacrificada, a manera de burla, a manera de càstig. La imatge i el que vol representar (fer befa de l’àngel, o allò que tenim de bo al nostre interior) posa el cor en un puny.
Com posen el cor en un puny la visió d’aquelles vitrines plenes de dibuixos i poemes dels nens jueus tancats a Terezin que vaig veure en una sinagoga de Praga. Uns anys abans, a Barcelona havia escoltat a l’Auditori la cantata Cançons dels nens, de Robert Convery. Poemes i dibuixos dels infants jueus estaven amagats a l’interior de Terezin: dins de matalassos i entre les parets de les cases del camp. Després de la guerra van ser recuperats i publicats. Robert Convery va utilitzar alguns d’aquests poemes per a compondre la seva cantata en homenatge als nens de Terezin, però també en homenatge a tots els nens morts en els camps de concentració nazis. En el disc Songs of children que l’any 1994 va gravar Robert Convery, a més de la cantata de Convery hi trobem Nigra sum, la preciosa peça de Pau Casals. No puc escoltar aquestes cançons sense que les llàgrimes em vinguin als ulls.