sábado, 23 de marzo de 2013

Cuestión lingüística, o no.


POSTFACIO
Un sueño por carta
Déborah Puig-Pey Stiefel






Dice Sholem Aleijem que junto a Menajem Mendel cruzó un «buen trecho de vida, casi veinte años», y que no es un personaje inventado, ni el héroe de una novela, sino alguien a quien él conoce íntimamente. Se refiere a lo que de sí mismo tiene Menajem, muchas de cuyas aventuras vivió el propio autor, pero también a que se trata de un judío ordinario, un «Cualquier Judío».
Menajem Mendel (el fantasioso, el soñador) es uno de esos personajes que obedeciendo a las pautas de una estructura psicológica, o a las de un tipo específico de aventura, logra burlar la letra y consigue encarnar a una persona. Pertenece a la familia literaria de Peter Schlemihl,1 o a la cinematográfica de Charlot o a la del característico neurótico de Woody Allen. Como ocurre con éstos, cierta aleación de humor, ternura y una tragedia singular consigue que el personaje trascienda su condición de ser ficticio y se convierta en sombra deforme de todos los hombres: lo devuelve a la realidad que le insufló el primer aliento.
A través de la correspondencia con su esposa –la realista y sarcástica Sheine Sheindel–, un emigrante que sale de una pequeña ciudad rusa a buscar fortuna nos muestra un empeño inagotable, a veces grotesco, por realizar alguna gesta empresarial, por amasar riqueza o por despuntar en algún gran proyecto; va de ciudad en ciudad, de Odesa a Yehupetz (trasunto de Kiev), de oportunidad en oportunidad, de agente de bolsa a casamentero, de escritor a comerciante, y recorre todos los agujeros hasta llegar a América. El fracaso de todas las iniciativas de Mendel no es más que un breve período en el que incubar el sueño siguiente, un nuevo arranque para huir de la mísera realidad: la humilde aldea de Kasrilevke, residencia para judíos en la Rusia del Zar, también llamada gueto.
Estas cartas entre los esposos Mendel son como un documento del sentido del humor yiddish: mordaz, ingenuo y espiritual, combinación característica de estos relatos del mundo judío centroeuropeo y eslavo, heredado por la Comedia yiddish americana (Hermanos Marx, Harold Lloyd, Charles Chaplin, Jerry Lewis, Woody Allen) y presente en el cabaret del Berlín prenazi. En las últimas décadas, quizás el exponente más popular de este humor casi filosófico ha sido El violinista en el tejado (The fiddler on the roof, 1971), el filme de Norman Jewison basado en la figura de Tevie, personaje también creado por Sholem Aleijem, un lechero que suspira por casar a sus hijas con hombres ricos y debe asimilar la imposibilidad de sus deseos junto a los grandes cambios de la época, es decir, la Revolución Rusa y el descubrimiento del matrimonio por amor. Para ello recurre a la tradición sobre cuyos cimientos se ha construido la vida entera de su comunidad, Anatekva, muy parecida a la de Menajem. El recurso es ni más ni menos discutir con Dios.2

Tevie el lechero es un recorrido irónico que va desde la esclavitud de la existencia –el esfuerzo diario de ordeñar, comprar, vender, contemporizar con la vecindad, casar y casarse, discutir con la esposa, criar a los hijos– hasta las últimas preguntas sobre el ser; reprocharle a Dios, preguntarle, entenderle, congraciarse con Él, tener un papel en la vida, interpretar los textos sagrados o... hacerse rico, cosa no exenta de designios dificilmente descifrables y sobre la que más anhela saber Menajem Mendel, el soñador­.
¿Pero qué tiene de especial el humor judío? Sea dicho en términos drásticos, la desesperación.3 Una corriente de melancolía persistente, laboriosamente escrita y transcrita, durante largos períodos de tiempo –de historia– es capaz de generar una gran descarga de ironía. El humor judío tiene la particularidad de haber surgido de una resistencia especulativa contra el dolor, por eso se le llama autoirónico y se dice que puede encontrarse en el libro de Job cuando éste se describe a sí mismo como ridículo, abandonado a una sarna insoportable sin dejar de preguntarse por qué Dios envía el mal a la buena gente... Quizá por eso fue otro judío, Sigmund Freud, el que hizo notar que el chiste es un dispensador de placer gracias a recursos del pensamiento que han escapado a la censura.4 Además, este relato contiene un núcleo periodístico de lo que será la vida del emigrante –no sólo el judío–. En cierto modo, Mendel es un iconoclasta del sueño americano, que sólo cumplirán unos pocos afortunados, y un desmitificador de la imagen del judío que se hace rico con sólo respirar, o de la silueta del que apila sus monedas en montones distintos cada noche, en un cuarto que por lo general tiene escasa luz. Menajem Mendel tiene la desfachatez de acometer el exilio y la soledad como requisitos de una gran aventura, más allá de las necesidades de supervivencia personal. El fracaso es eventual, el sueño no.
Tres autores son los promotores de la literatura yiddish: Mendele Mojer Sforim («Mendele el vendedor de libros»), seudónimo de Shalom Ya’akov Abramovitch (1835-1927), Itzjok Leibush Peretz (1852-1915) y Sholem Aleijem («la paz sea con vosotros», fórmula de saludo coloquial), seudónimo literario de Shalom Rabinovitch (1859-1916). Se les ha llamado el abuelo, el hijo y el nieto de la literatura yiddish moderna. De los tres, Sholem Aleijem es conocido como «el maestro de la risa judía». También se le ha llamado el Mark Twain judío, comparación que tuvo su origen en la forma en que ambos autores inventaban nombres distintivos y sonoros para sus personajes, pero que se fue extendiendo al tipo de humor, la descripción irónica de las costumbres, el talento para entender el mundo infantil y otros aspectos, hasta el punto de convertir el encuentro entre ambos escritores en poco menos que legendario. Al conocerse, Twain acogió las comparaciones con un «Yo soy el Sholem Aleijem americano».
A Aleijem le suceden Sholem Asch e Isaac Bashevis Singer, entre otros herederos de la literatura yiddish. En Bulgaria, Elias Canetti se crió con el yiddish y el sefardí, castellano antiguo que hablan los judíos del Mediterráneo. Franz Kafka fue un fervoroso asiduo al teatro judío de Praga. El teatro yiddish tuvo una repercusión importante. En Varsovia se fundó la célebre Compañía de Vilna (capital que tuvo quince teatros yiddish); en Rumanía, el teatro de Iasi; en Moscú se fundó el Teatro Estatal yiddish, y en Nueva York, el Teatro del Arte yiddish. Hoy día aún se representan clásicos como El dibbuq, de Shloime Ansky (1911), o El Golem, de Levick Halpern. Brooklyn mantuvo durante medio siglo una cartelera yiddish de entre cuyas producciones los Tomashevsky eran famosos empresarios, todos ellos emigrantes centroeuropeos, como el propio Sholem Aleijem, que escribió un buen número de obras para la escena. Aquí es importante la influencia mutua entre Aleijem y Marc Chagall. El pintor provenía de una aldea judía bielorrusa –un shtetl–, se crió en el mismo ambiente y, con una sensibilidad afín a la de Aleijem, imaginó un «nuevo arte judío» impregnado de las mismas vivencias. Se entusiasmó al redecorar el Teatro yiddish de Moscú e ilustró cuentos de Aleijem y de muchos otros, generando una representación de apariencia onírica (conviven y levitan los hombres, la infancia, la música, los libros, el ganado), pero muy arraigada en las sensaciones de la vida diaria con las que se había criado en su aldea natal. Básicamente, el entusiasmo de ambos creadores proviene de la misma corriente, un nomadismo espiritual que hay en el yiddish y que campa a sus anchas en esos pueblecitos judíos de Europa, esto es, la imagen creada y recreada por Chagall: un violinista en un tejado.
El yiddish tiene letra, pero también música: el klezmer, mezcla de música jasídica e instrumentos y estilos de la Europa centro-oriental. El klezmer desapareció tras los pogromos y el nazismo, pero resucitó con el jazz a partir de la década los setenta del siglo pasado. Por otro lado, la cultura hebrea es abiertamente grafómana; basta un pedazo de cuartilla o tiza, cualquier cosa que permita a las letras dejar un rastro, una invitación desde cualquier sitio a reiniciar una nueva generación de libros, para que se diseminen los caracteres merced al más fecundo y menos «belicoso» de los impulsos expansionistas. Morris Rosenfeld, Melech Ravitch (Canadá), Chaim Grade, Aaron Zeitlin, David Bergelson, Isaac Nusinov, Aaron Glanz e Israel Joshua Singer son autores de obras literarias que en su tiempo originaron un verdadero movimiento artístico. Zalman Schneour escribió literatura erótica y Moshe Kulbak es el realista social. La prensa en yiddish tuvo dos grandes centros de gravedad: el Kol Mevasser, de Odesa, fundado en 1863, y el Yiddishes Tageblat, en Nueva York. Max Weinreich estudió el yiddish desde la lingüística y la filosofía.5 Si a todo esto le añadiéramos guiones y adaptaciones para el cine y la música, la lista sería de una extensión espléndida.
Hay que destacar que el yiddish moderno, aunque tenga antecedentes literarios medievales, es un idioma que «se habla», resurge del habla, una lengua-paradoja en hombres que físicamente no se separan de su libro sagrado. No tiene pureza lingüística, es una mezcla de palabras germanas, eslavas y semitas que floreció en estas narraciones y piezas teatrales a partir del siglo XIX. Sus raíces son muy cercanas a las necesidades cotidianas de los hablantes. Entre ellas se encontraban la religión6 y la integración de estos judíos en Europa y Estados Unidos (askenazíes, jasídicos; durante la primera mitad del siglo XX, diez millones de personas repartidas por el mundo hablaban yiddish), pero también la exigencia de diferenciarse como cultura ajena. Estas características son las de su literatura: cotidianeidad, espiritualidad, trascendencia respecto a lo territorial y, por supuesto, ironía.
Posiblemente el humor yiddish es, al mismo tiempo que un recurso narrativo, una especie de legado del espíritu de un mundo desaparecido. Es, en el sentido más profundo de la palabra, historia. Historia de una cultura de entreguerras que tuvo su auge y su ocaso, un romanticismo exclusivamente literario que proliferó como un imperio en miniatura construido en el frondoso bosque europeo. Luego, Menajem Mendel no puede ser otra cosa que un especialista en sueños, un labrador de tierras prometidas. Por esa razón el humor judío ya no podrá ser del todo igual a partir del nuevo Israel; un Estado delimita los contornos de una identidad nacional y, en cierto modo, desaloja algo connatural al humorista yiddish: el desarraigo. La paz sea con vosotros.





1 
La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso. Aunque ésta no es una obra yiddish, ha sido objeto de comparación por el parecido «caracterológico» entre Menajem Mendel y Peter Schlemihl. Un «Schlemihl» era un hombre con mala suerte, mal ubicado, enfrentado al mundo sin proponérselo, que podía «quebrarse la nariz aunque cayera de espaldas».

2 
«Señor, has creado mucha gente pobre. Ser pobre no es ninguna vergüenza, pero tampoco es que sea un gran honor. Si yo fuera rico construiría una casa muy grande, con una larga escalera para subir y otra aún más larga para bajar... Si yo fuera rico tendría el tiempo de que carezco para sentarme en la sinagoga y rezar... Y hablaría de los libros santos con los hombres cultos varias horas cada día. Sería la cosa más dulce del mundo...» (Monólogo perteneciente a El violinista en el tejado.)

3
Véase Judith Stora-Sandor, L'humour Juif dans la littérature, París, PUF, 1984. La autora muestra las etapas históricas del humor judío hasta cristalizar en su estilo característico, generado sobre la angustia y el aislamiento que el judío moderno experimenta como identidad, o el desdoblamiento de verse tan sólo a ojos de los otros.

4 
«La técnica peculiar del chiste y exclusiva de él consiste en su procedimiento para asegurar el empleo de estos recursos dispensadores de placer contra el veto de la crítica, que cancelaría ese placer» (Sigmund Freud, El chiste y su relación con lo inconsciente, Madrid, Alianza, 1988).

5 
Popular por esta declaración: «Un idioma es un dialecto con flota y ejército». Véase The YIVO and the Problems of our Time, Nueva York, YIVO Bletter, vol. 25 nº 1, 1945.
6 No siempre el yiddish fue apreciado por las autoridades religiosas judías. En ocasiones lo tomaron por un lenguaje doméstico, espiritualmente defectuoso frente al hebreo. Era también la lengua en que escribían y leían las mujeres, apartadas del estudio de la Torá, situación que representó el nacimiento de una literatura que podemos llamar femenina con especial exactitud (Celia Dropkin, Anna Margolin, Kadya Molodowsky, entre muchas otras). Esther Kreitman, hermana de Bashevis Singer, inspiró Yentl, llevada al cine por Barbara Streisand.

jueves, 7 de marzo de 2013

La sombra del replicante. Ni vivos, ni muertos.




EL CARNAVAL DE LAS ALMAS


"Carnival Of Souls es una pieza de culto única, una pieza de coleccionismo, una obra maestra que se adelantó a muchos de los clásicos hoy alabados por todo el mundo dentro del género de terror. Una película que no debe faltar en tu lista de películas vistas, una película que se debe disfrutar al máximo. Simplemente, una maravilla" 

martes, 12 de febrero de 2013

Ahí queda eso.







Tristan Tzara 

Para hacer un poema dadaísta

"Coja un periódico. 

Coja unas tijeras. 

Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema. 

Recorte el artículo. 
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa. 
Agítela suavemente. 
Ahora saque cada recorte uno tras otro. 
Copie concienzudamente 
en el orden en que hayan salido de la bolsa. 
El poema se parecerá a usted. 
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo."

sábado, 9 de febrero de 2013

Seres de otro planeta






La editorial TransBooks ha publicado y seleccionado para su catálogo de e-books:


NUSUS

Hildegarde, una niña muy especial y posesora del arma llamada "Nusus", tendrá que superar algunas aventuras antes de visitar a los "nususinos", seres de otro planeta cuya forma de vivir es algo extravagante, divertida y asombrosa.

Autora: Déborah Puig-Pey, para quien el cuento y el mundo de la infancia están en el corazón de toda literatura, es autora de relatos y novelista. En 2005 fue finalista del Max Aub con el relato “Mordechai”. En 2010 publicó la novela Donde hay nilad (Editorial Menoscuarto), donde dibuja las relaciones de una saga catalano-filipina: "Una topografía de la memoria, aunque sea una memoria prestada o escuchada, esas casas y paisajes que componen la errática historia familiar" (Isabel Núñez).


Ilustradora: Cristina de Cos- Estrada es pintora e ilustradora. Dibujante desde pequeña decide licenciarse en Bellas Artes. Pintando pintando se convierten profesora de pintura para adultos, portadista, decoradora mural, diseñadora gràfica y fan de los álbumes infantiles. En el año 2009 publica sus primeras ilustraciones con la editorial Teide. Ya ha publicado con Nocturna ediciones, editorial Amares, Traspiés ediciones, Amargord y las revistas Delibros, I love english y La Pelitrúmpeli.





martes, 5 de febrero de 2013

Mira:


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba
siempre comenzando,
la certeza de que
había que seguir
y la certeza de que sería
interrumpido antes de terminar.


Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda... un encuentro.

Fernando Pessoa











jueves, 31 de enero de 2013

Soledad social



Tradicionalmente se ha visto el rito social como un código que, mediante la simbolización de valores y creencias, constituye y representa una conciencia colectiva. En realidad, creo que el rito es la conciencia, si entendemos que ésta consiste en una estructura manifiesta más compleja, e independiente de la consciencia o conocimiento que tienen los celebrantes del significado que tiene esa estructura. Si los rituales son capaces de generar vida comunitaria es porque van más allá de lo que piense, crea o interese a cada uno de los miembros de esa comunidad.




En una real, o hipotética, sociedad armónica sería así. Pero hay situaciones de anomia, que estriban, según Durkheim, en la incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad.


Reconocemos esta situación ¿verdad?
Cuando eso ocurre el rito pierde su consistencia de origen. Por ejemplo: me he encontrado varias veces con personas que en un funeral o entierro se sienten inhibidas y dicen "no saber qué decir, ni hacer en esos casos. Es normal, puesto que la muerte a muchos les puede resultar un hecho demasiado "grande" para ser expresado. Sin embargo, existen frases rituales que vienen a ayudarnos, a neutralizar los sentimientos excesivos o incluso la falta de ellos, un "te acompaño en el sentimiento"(*) debería ser suficiente para que el doliente entendiera la carga de consuelo que transmite el emisor de la frase y trazar un cierto límite temporal -un paulatino acompañamiento- ante la vida que se va.Cuando he comentado esto, al principio me miran como si estuviera hablando una "carca" presa de los formulismos, pero si seguimos hablando la conversación suele terminar en entendimiento. Esto sucede porque la conciencia que estaba en el rito, que era objetiva,  se ha desplazado a la mente de los ejecutantes, es subjetiva, individual, tendiendo a generar un efecto contrario al pretendido por el ritual.




Por ello me parece que, aunque sea para invertir los valores, como en el caso de los rituales de guerra que recrean una situación de violencia potencial en una aparente cotidianeidad de paz, el rito desprovisto de un cierto grado de correspondencia con la sociedad real tiende a crear su contrario, tiende a generar soledad.





(*) «Me sorprende que un hombre tan extraordinario haya podido morir», escribí a la viuda de unfilósofo. Sólo me di cuenta de la estupidez de mi carta tras haberla enviado. Mandarle otrahubiera sido arriesgarme a una segunda sandez. Tratándose de pésames, todo lo que no escliché raya en la inconveniencia o la aberración. (E. M. CIORAN - ESE MALDITO YO - Aveux et anathèmes - 1987)





La Soledad Sonora de Emily Dickinson


Poema 642 



Expulsarme a mí misma de mí misma, 

ojalá yo supiera. 

Son siempre inexpugnables 

las murallas de todo corazón. 



Mas, puesto que combato en contra mía, 

¿Cómo alcanzar la paz, 

de no ser subyugando 

a mi propia conciencia? 



Y somos las dos mutuo monarca, 

¿Cómo lo podré hacer, 

de no ser 

abdicando 

yo de mí?









domingo, 20 de enero de 2013

Las 4 reglas de oro del Funambulismo Levitante

Hace algún tiempo, un amigo querido me regaló este manual -cuando más lo necesitaba- extraído de una de esas raras sabidurías que a veces tenemos la suerte de vislumbrar.





Primera Regla




No mirar hacia abajo. El abismo siempre atrae. Si acaso no mirar tampoco hacia arriba. El infinito también nos chifla. Ni arriba, ni abaisho. Vista al frente. Ar.



Segunda Regla




Cuidado de no distraerse con bestezuelas, pajarracos impostores y demás alimañas alrededor nuestro. Nos hacen perder la concentración y titubear perdiendo a veces el equilibrio. Un buen escopetazo y a otra cosa.


Tercera Regla




Mucha precaución en caso de tránsito levitante nocturno. Las estrellas a veces no están donde tendrían que estar y en la oscuridad todo se puede disimular. Podemos perder el sentido de la orientación fácilmente y desandar lo andado previamente sobre el alambre.



Cuarta Regla




El secreto de un buen funambulista levitante es seguir conservando tanto el equilibrio como el íntimo e invencible convencimiento de que, sin duda, algo extraordinario ocurrirá. Tarde o temprano. En caso de que siga sin ocurrir nada, no desespere. Sobre la cuerda o levitando, el mundo allí abajo se ve pequeño y miserable. Cómico a veces. Terrible casi siempre.


viernes, 18 de enero de 2013

La Pizarnik, la Storni, Emily.








Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos.




VOY A DORMIR
Diente de flores, cofia de rocío,
manos de hierba, tu, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que gustes;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

Para que olvides...Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...






Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos-
como los náufragos- creen que ven la tierra-
en el centro del mar-

y luchan más débilmente -sólo para probar
tan deshauciadamente como yo-
cuántas ficticias costas-
antes del puerto hay-



Sentí un funeral en mi cerebro,

los deudos iban y venían

arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente -

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -




Versión de Silvina Ocampo

lunes, 14 de enero de 2013

Edmund Dulac, el don ilustrativo















El desván secreto


Uns versos per a nens





Una nit bruna





Una nit bruna
va caure al mar
un raig de lluna
despistat.

A una alga llarga
va quedar enredat
quina sort amarga!,
va pensar el raig.

Un peix platejat
llampant com un llum
el va alliberar
i li va costar un munt!

El raig, molt agraït,
va convidar al peix
a la següent nit
a veure la lluna,
cóm rodona neix,
muntats sobre l'eix
d'una blanca espurna.

El peix espantat
quan arribà a l'espai
No puc respirar!
No tornaré mai!

I tant que et tornaré!
Va dir-li el bon raig
però, espera, que ve,
espera-t, que vaig!

Però que dius?
-digué el peixet-
Jo no tinc espera
Aquí, on tu vius,
jo em moro de pena.

Pero la Reina ve
i no vol que marxis,
diu que vol un peix
que emboliqui un feix
de raigs que la facin
brillar encara més.

I el peix treia fum,
plorava a la cel.la
de rajos de llum
veient des de dalt
un vaixell de vela.

L'aigua que plorava
semblava una pluja
i això va confondre
a la reina bruixa,
i tot d'una es va fondre
dins d'aquella dutxa.

I el peixet tornà
al bell fons del mar
i allà va explicar
que havia plorat
com un núvol gras,
per poder fer ploure
i després...marxar!






Deb


sábado, 12 de enero de 2013

Spleen







Hay que estar siempre ebrio. Todo está allí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, hay que embriagarse sin cesar.

¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestra guisa.

Y si alguna vez, sobre las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la soledad melancólica de vuestra alcoba, os despertáis, la embriaguez ya atenuada o desaparecida, pedid al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj y a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro y el reloj os responderán: "¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o virtud, a vuestra guisa".



Tomado de Charles Baudelaire - El Spleen de París.

Traducción de Margarita Michelena