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lunes, 23 de abril de 2018

Muerte en el Nilo





 Plañideras de Ramose


Tumba Sennedjem, labradores

Bailarina

Escenas agrícolas

Plañidera

Anubis sostiene la momia del difunto que es llorada por su viuda .

Osiris, Anubis

 Akenatón y su hija

sábado, 10 de marzo de 2018

Poema para mi muerte




                          Julia de Burgos


                                                                         
 

Morir conmigo misma, abandonada y sola,

en la más densa roca de una isla desierta.
En el instante un ansia suprema de claveles,
y en el paisaje un trágico horizonte de piedra.

Mis ojos todos llenos de sepulcros de astro,

y mi pasión, tendida, agotada, dispersa.
Mis dedos como niños, viendo perder la nube
y mi razón poblada de sábanas inmensas.

Mis pálidos afectos retornando al silencio

-¡hasta el amor, hermano derretido en mi senda!-
Mi nombre destorciéndose, amarillo en las ramas,
y mis manos, crispándose para darme a las yerbas.

Incorporarme el último, el integral minuto,

y ofrecerme a los campos con limpieza de estrella
doblar luego la hoja de mi carne sencilla,
y bajar sin sonrisa, ni testigo a la inercia.
... Que nadie me profane la muerte con sollozos,
ni me arropen por siempre con inocente tierra;
que en el libre momento me dejen libremente
disponer de la única libertad del planeta.
¡Con qué fiera alegría comenzarán mis huesos
a buscar ventanitas por la carne morena
y yo, dándome, dándome, feroz y libremente
a la intemperie y sola rompiéndome cadenas!
¿Quién podrá detenerme con ensueños inútiles
cuando mi alma comience a cumplir su tarea,
haciendo de mis sueños un amasijo fértil
para el frágil gusano que tocará a mi puerta?
Cada vez más pequeña mi pequeñez rendida,
cada instante más grande y más simple la entrega,
mi pecho quizás ruede a iniciar un capullo,
acaso irán mis labios a nutrir azucenas.
¿Cómo habré de llamarme cuando sólo me quede
recordarme, en la roca de una isla desierta?
Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra,
hijo mío y de la muerte, me llamará poeta.

miércoles, 11 de mayo de 2016

El misterio de volar y morir

La piloto, a los mandos de su avión.

Hermosa, osada y exitosa: Amelia Earhart lo tiene todo para convertirse en leyenda, con una vida digna de una película de Hollywood. Hace 75 años, la piloto desapareció sin dejar rastro. Una nueva búsqueda pretende ahora aclarar definitivamente los secretos de un vuelo con el que pretendía convertirse en la primera mujer en dar la vuelta al mundo en avión y que nunca llegó a terminar.









En un viaje de esos para conseguir Bonos de Guerra, Carole Lombard y todo el pasaje del avión en el que iban se estrellaron contra un muro de piedra a pocos kilómetros de Las Vegas. Por lo visto, el piloto no reseteó no se qué historia (una especie de compass) e iban en una dirección totalmente errónea.

La extraña muerte de Carole Lombard






En el último año de la Segunda Guerra Mundial, la desaparición del afamado músico Glenn Miller cuando iba desde Inglaterra a divertir a las tropas estacionadas en Europa conmovió a sus admiradores. Desde hace cuatro décadas, el misterio sigue sin resolverse.








El misterio que rodea la muerte de Saint- Exupéry engrandece la figura del literato que desapareció en 1944 mientras tripulaba, en su última misión, un avión modelo P-38 que no volvió a localizarse hasta 60 años después. En 2008 el piloto alemán Horst Rippert se declaró responsable del tiro que alcanzó al aparato del escritor; sin embargo su testimonio no puso fin a la controversia.

Antoine de Saint-Exupéry, el autor que puso a volar a ‘El Principito’










Leslie Howard era un actor británico nacido en Londres en 1893, que saltó a la fama especialmente por su papel en la película Lo que el viento se llevó filmada en 1939, exactamente el mismo año en que Gran Bretaña entró en la Segunda Guerra Mundial. Desde el mismo estallido del conflicto, Howard aprovechó su condición de artista para contribuir al esfuerzo bélico de su patria. Probablemente nunca imaginaría que intentando triunfar en su carrera, sería víctima de una de las tragedias aéreas más polémicas de la guerra.
Para Mayo de 1943 Leslie Howard viajó a España. El motivo de su visita era el de dar un discurso en el Instituto Británico de Madrid acerca de una de las más aclamadas obras históricas inglesas, Hamlet, Príncipe de Dinamarca del escritor William Shakespeare. Pero lo cierto es que había intenciones secundarias, ya que gracias a su amistad con la actriz española Conchita Montenegro, casada con Ricardo Giménez Arnau, delegado del Servicio Exterior de Falange, tuvo la ocasión de intercambiar unas palabras con el mismo Jefe del Estado, Francisco Franco, el cual le ofreció el papel de protagonista en una película sobre Cristobal Colón.



Uno de los personajes más fascinantes de Macondo. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo  mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer.


-¿Te sientes mal? -le preguntó. 


   Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.  



   -Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor. 



   Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria. 

REMEDIOS, LA BELLA




jueves, 16 de mayo de 2013

De la exaltación del olvido


Postfacio a Novelas de amor y de muerte, de Vicente Blasco Ibáñez,
por Domingo Rodríguez Romero
(fragmento)








Si cien años no es nada, ochenta deberían tener remedio. Y esos son exactamente los que lleva la obra de Blasco Ibáñez subida en la montaña rusa de las simpatías y antipatías lectoras, críticas y editoriales. La confección del nuevo canon literario del siglo XX, sobre la base de la obra de modernistas y noventayochistas cuyo primer mandamiento de ingreso era la proclamación de la independencia del arte sobre la realidad social, arrinconó las propuestas realistas y naturalistas a partir de entonces consideradas como “garbanceras”. Del “nuestras estéticas se oponían” de Azorín al “como escritor me parece muy poco interesante” de Baroja, pasando por la triple negación a lo san Pedro de Valle-Inclán cuando recibió la noticia de su muerte, las reticencias de sus colegas “modernos” privaron a su obra de influencia sobre las nuevas generaciones. Así, el escritor más leído en vida dentro y fuera de España, y que había alcanzado una inmoderada popularidad en sus últimos años tuvo que sufrir también, tras la Guerra Civil, el linchamiento crítico y el olvido de las instituciones literarias. Pese al tibio intento de Ramón Gómez de la Serna (“le tenía lástima y admiración”), al más entusiasta de Josep Pla (“un hombre fabuloso, desorbitado”) y al francamente exagerado de Guillermo Díaz-Plaja (que lo veía como representante de una raza mediterránea que constituiría “la aristocracia de la humanidad”), el juicio predominante durante la dictadura fue la descalificación en lo personal (Gironella) o el ninguneo en lo intelectual (González Ruano, Gaziel). La crítica daltónica se empeñó en negar hasta sus más indiscutibles valores literarios, y la Academia y las Universidades lo confinaron a notas con lupa en los manuales bajo la etiqueta de epígono rezagado de un naturalismo que se batía en retirada frente al “efecto Atila” que supuso la versión hispana del Modernism. Tras el restablecimiento de la democracia, y en los ochenta, la cotización de Blasco continuó a la baja y su obra, considerada inactual, sólo figuraba en los catálogos de editoriales dedicadas al “best-seller” internacional con alguna que otra recopilación, más ideológica que literaria, de sus artículos y la adaptación televisiva de un par de sus novelas “valencianas”. Pasada esta larga travesía del desierto, la llegada del fin de siglo y su ineludible reescritura de las jerarquías establecidas allanó el camino para un nuevo análisis crítico y la posterior reubicación de su obra. La celebración del “Año Blasco Ibáñez” para conmemorar el centenario de la publicación de su novela La barraca (1898) y los setenta años de su muerte constituyó todo un homenaje de reconocimiento por parte del mundo académico y propició su reflote editorial de calidad para el público lector y universitario además de algo parecido a un consenso crítico que lo calificaba de “poderoso narrador” a horcajadas entre el Zola de Germinal y el realismo de crítica social comprometido políticamente.
Consumado el balance se puede afirmar que la figura y la obra de Blasco han transitado de uno a otro extremo todos los territorios minados del campo de batalla literario: de escritor de sonados éxitos de venta que provocaron la envidia de sus coetáneos a autor obsoleto ajeno a la tradición que otros fraguaron a sus espaldas. Conocido por todos pero por casi nadie frecuentado; leído con pasión anteayer e ignorado como “raro” hasta ayer, hoy parece que el homenot por fin rehabilitado se beneficia de la actual tendencia a exhumar lo marginado de aquellos autores cuyas obras estuvieron a la altura de sus extravagantes vidas. Vuelve, y no del siglo XIX, para quedarse.

Domingo Rodríguez Romero
Cursé estudios de Filología Hispánica (especialidad Literatura Española) en la Universitat de Barcelona y de Biblioteconomía, Archivística y Documentación. He incurrido en el estudio de algunos idiomas, no llegando a dominar ninguno. Maldito poeta lunar he cometido numerosos poemas que permanecen debidamente inéditos. Comparto con las sombras parentesco y durante años ejercí oscuros oficios, desde lazarillo de ciego de caseta a vigilante nocturno de aparcamiento. Zurdo en la suerte y rengo en los andares, sin lectores pero con leyenda, jamás deseé pegar el estirón de la fama. No tengo proyectos. Ni links.


jueves, 7 de marzo de 2013

La sombra del replicante. Ni vivos, ni muertos.




EL CARNAVAL DE LAS ALMAS


"Carnival Of Souls es una pieza de culto única, una pieza de coleccionismo, una obra maestra que se adelantó a muchos de los clásicos hoy alabados por todo el mundo dentro del género de terror. Una película que no debe faltar en tu lista de películas vistas, una película que se debe disfrutar al máximo. Simplemente, una maravilla

viernes, 12 de octubre de 2012

Danzad, danzad....

La “Danza de la Muerte” castellana es de principios del siglo XV. Consta de más de seiscientos versos y en ella, la Muerte va llamando a bailar a diversos personajes, como el Papa, el Obispo, el Emperador, el Sacristán, el Labrador, etc., al tiempo que les recuerda que los goces mundanos tienen su fin y que todos han de morir. Todos caen en sus brazos.
El tema de la muerte dominó la Baja Edad Media, y frente a ella no había resignación cristiana, sino terror ante la pérdida de los placeres terrenales. Presenta, por un lado, una intención religiosa: recordar que los goces del mundo son perecederos y que hay que estar preparado para morir cristianamente; por otro lado, una intención satírica al hacer que todos caigan muertos, con independencia de su edad o su posición social, dado el poder igualatorio de la muerte.

Baile social del siglo XVIII

"Il Ballo" (in English "The Dance"; caption "A cheerful dance awakens love and feeds hope with lively joy.") from Giuochi, Trattenimenti e Feste Annue Che si Costumano in Toscana e Specialmente in Firenze. Firenze: Pagni & Bardi, 1790



Les grands danseurs 



Elle est naturelle à l’homme comme à la femme












Elle  s’appelle la danse macabre;
Sage est celui qui s’y contemple bien!


Chacun  apprend à  la danser
La Mort mène les vivants;

Tu vois les puissants partir en premier








“Invitation à la danse”
Numéro #91, March 2008
photographer: Sølve Sundsbø
Elena Sudakova



Lección de danza (1741), de Pietro Longhi, Galleria dell'Accademia, Venecia.







Qu’il devra un jour danser ainsi.





Mas  apiada saber que todo está hecho de la misma materia