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jueves, 12 de abril de 2018

Eva al desnudo nudista



"Capa" eran Gerda Taro y David Seymour (Chim)



 Leo a menudo biografías de mujeres, de mujeres ilustres o valientes, innovadoras o anónimas, ricas o pobres. Me resulta ya muy difícil eludir la cuestión de la falta de rigor que encuentro en muchas ocasiones, por ejemplo, hoy, releyendo por enésima vez que Albert Einstein le robó la teoría de la relatividad a su primera esposa Mileva Marić. En ningún sitio se puede probar, solo hay una lista de condiciones que Albert impuso a Mileva cuando la relación estaba francamente destruida. Es un escrito desafortunado, pero de momento me reservo lo que pienso de él. Quizá era Einstein un misógino contumaz. Pero tuvo brillantes ideas toda su vida, antes, mientras y después de Mileva. Por varias de ellas pudo haber obtenido un premio Nobel o dos. Ya demostró ese talento creativo de niño, era sensible, entregado, enamorado de la física, era públicamente generoso, vivió siempre de forma modesta... Ninguno de sus trabajos fue hecho para ganar dinero o poder, en principio. No cuadra con un marido "violento", sí con uno egocéntrico o dedicado más a lo suyo que a nada. Mileva fue una estudiante de gran brillo, inteligente tanto como él, y que prestó a la Teoría de la Relatividad un intenso conocimiento y trabajo único, compartido con su marido, de eso no hay duda. Mileva conoció a Marie Curie, a quien admiraba mucho; le preguntó cómo había conseguido dos premios Nobel teniendo una familia, marido e hijos. Marie contestó que todo lo demás lo había desatendido respecto a su trabajo científico, y Mileva reconoció en ello una elección, un "no se puede tener todo".

¿Por qué, entonces, no impidió que su primera hija con Einstein, antes del matrimonio, fuera entregada en adopción casi recién nacida, si su prioridad no era la de Curie? Podría ser que esa primera hija perdida le hubiera dolido hasta el punto de no permitirse descuido alguno con sus demás hijos. Pero eso no significa que antes de renunciar a la ciencia hubiera creado una teoría revolucionaria y se la hubiera regalado al marido. 

Todo esto no importa en realidad, lo que importa es que hay muchas mujeres, unas renuncian, otras no, unas son brillantes, otras menos. No es posible que todas las mujeres que vivieron con genios fueran ellas mismas los genios y además explotadas. Claro que las hay, pero es un continuo chirriar y mera propaganda leerlo una y otra vez, todos los maridos están bajo sospecha.

El feminismo mediático que disfrutamos en la actualidad es a menudo burdo, superficial. Comete, no sé si con ingenuidad, los errores que siempre se atribuyeron a lo masculino. No se puede decir ya "hombres" hay que añadir "y mujeres" porque la individualidad que se le atribuía al hombre requiere una aparición pública y ahora no es posible permanecer en la sombra, ser el número dos, trabajar en el obrador, hay que ser protagonista siempre, poderosa, guerrera, visible, sobre todo visible. Como Margaret Thatcher o las Kardashian . ¿Qué se hizo del feminismo que añoraba un modelo social no masculino? ¿Margaret Thatcher encarna algo de eso, ha llegado igual que un hombre al poder más estándar y menos parecido a la labor conciliadora, delicada, prudente, de una madre, una enfermera, esas cosas típicas que se atribuían a las mujeres, la paciencia, la escucha, la sensibilidad, la intuición. ¿por que no habría un gobernante así? ¿Millonarias famosas así? Porque todo eso ya no vale nada ¿No serán esas cosas las que hay que hacer visibles, y no tanto el recuento de individuos mujer que llega a algún sitio, o que padecen por "el mero hecho de ser mujer? ¿No padecen los hombres, enfermos, obreros, idealistas, marginados, pobres... ? ¿Es esta una cuestión de buenos y malos que es urgente clasificar? ¿Son hombres Thatcher & Kardashian? ¿Ser mujer es un "mero hecho? ¿Para cuando queda el tema de las diferencias salariales entre mujeres?

Bajo el visible y actual "mujer" y "mujeres", hay detrás, y eso no le resta poder, de nuevo la palabra hombre.

En nuestras gramáticas, la palabra hombre puede usarse con género o sin él. Es también un genérico, sinónimo de humanidad, que, por cierto, es femenino. Somos conscientes de que ello se debe a una tradición determinada respecto al modelo. Pero pasa lo mismo con las palabras estética, cosmética, escatológico y muchísimas más y las decimos con un significado moderno sin importarnos un rábano lo que quisieran decir antes.


Sólo podemos hablar con estereotipos, el lenguaje marca unos límites, yo misma no puedo sustraerme a ello. Pero no hay que trasladarlos a nuestros sueños de una realidad mejor. Al principio de la Revolución Industrial surgieron varios grupos feministas extraordinarios. Recuerdo haber leído sobre un grupo de muchachas de clase lumpen, muy jóvenes, en Inglaterra, creo que llamadas vulcanianas, o vesubianas, no recuerdo bien. No se casaban ni unían a una pareja, vivían en comunidad, todas mujeres, rechazaban la indumentaria al uso, practicaban el sexo como les daba la gana, lesbianismo, amor libre, si había niños, claro, eran de todas.

Es cierto, nos parece exagerado (ahora se dice “radical”) pero no es justo que lo miremos así. Aparte de las que nos criaron, algunas pensando en que fuéramos guapas y esposas, ellas fueron también nuestras madres.

La lucha por la igualdad de derechos en realidad es una sola. Pero todo es tan dado a fabricar un colectivo a la defensiva, casualmente el de cada uno, que me temo que esto acabará como siempre, en juegos de palabras.

En otra ocasión, escribiré algo sobre las críticas que Freud, Nietzsche y el mismo Einstein soltaron contra los roles femeninos. No eran siempre poco razonables, pero sobre esto hay aún mucho que decir.



Esta otro artículo me parece más equilibrado. Mileva fue una mujer excepcional, nunca lo negaré.

Una influencia silenciada







No sé si soy feminista. Sí sé que soy anticapitalista y antipatriarcal.” Myriam Gorban

martes, 26 de abril de 2016

Eadweard Muybridge

Eadweard Muybridge. Fotógrafo e investigador cuyos experimentos sobre la cronofotografía sirvieron de base para el posterior invento del cinematógrafo.

Dancer in a café

Eadweard Muybridge comenzó trabajando en la encuadernación y venta de libros. Más tarde se interesó en la fotografía y, en una visita a los Estados Unidos en 1860, aprendió sobre el proceso del colodión húmedo (una especie de barniz que se aplicaba a las placas sobre el cual se extendía la emulsión química fotosensible). En 1867, con el cacarcial de Helios, se dio a la tarea de registrar el escenario del lejano oeste con su habitación oscura móvil,The Flying Studio (El estudio volador). Produjo notables vistas estereoscópicas y más tarde panoramas, incluyendo series importantes sobre la ciudad de San Francisco. Luego comenzó a trabajar para el Coast and Geodetic Survey.

El experimento «El caballo en movimiento»


Caballo en movimiento.

Caballo en movimiento.
En 1872, una polémica enfrentaba a los aficionados a los caballos de CaliforniaLeland Stanford, ex gobernador del Estado y poderoso presidente de la Central Pacific Railway, y un grupo de amigos suyos sostenían que había un instante, durante el trote largo o el galope, en que el caballo no apoyaba ningún casco en el suelo. Otro grupo, del que formaba parte James Keene, presidente de la Bolsa de Valores de San Francisco, afirmaba lo contrario.
En esa época no se conocía una manera de demostrar quién tenía razón, hasta que Leland Stanford ideó un sencillo experimento: este consistía en un método que fotografiaba al caballo en las diferentes etapas de su galope y que proporcionaría una vista completa de todo el trayecto recorrido, para lo cual Stanford encargó a Eadweard Muybridge que tratara de captar con su cámara el movimiento de su caballo de carreras Occident. Sin mucha confianza en el resultado, Muybridge se prestó a fotografiar a Occident trotando a unos 35 km/h en el hipódromo de Sacramento. Pidió a los vecinos de la zona que le prestaran muchas sábanas de color blanco y las colgó en torno a la pista a manera de fondo, sobre el que destacara la figura del caballo. En mayo de 1872, Muybridge fotografió al caballo Occident, pero sin lograr un resultado, porque el proceso del colodión húmedo exigía varios segundos para obtener un buen resultado.
Muybridge desistió durante un tiempo de estos experimentos. Más adelante realizó un extenso viaje por América CentralAmérica del Sur, donde fotografió las construcciones de las líneas ferroviarias. Al volver, reemprendió su trabajo sobre la fotografía de acción, y en abril de 1873 logró producir mejores negativos, en los que fue posible reconocer la silueta de un caballo. Esta serie de fotografías aclaraba el misterio (le daba la razón a Stanford), pues mostraba las cuatro patas del caballo por encima del suelo, todas en el mismo instante de tiempo.
No trató de tomar las fotografías con una exposición correcta, pues sabía que la silueta era suficiente para poder definir la cuestión. Sus primeros intentos habían fallado porque el obturador manual era demasiado lento como para lograr un tiempo de exposición tan breve como precisaba. Así pues, inventó un obturador mecánico, consistente en dos pares de hojas de madera que se deslizaban verticalmente por las ranuras de un marco y dejaban al descubierto una abertura de 20 centímetros, por la que pasaba la luz. Con este sistema se lograba un tiempo de exposición récord de 1/500 de segundo.
Stanford, impresionado con el resultado del experimento, que se conocería más tarde con el título El caballo en movimiento, encargó la búsqueda de un estudio fotográfico para poder captar todas las fases sucesivas del movimiento de un caballo. Los experimentos se reanudaron en el reformado rancho de Stanford durante el verano de 1878. Aunque con una exposición ligeramente insuficiente (debido a las ya mencionadas dificultades técnicas de la época), la serie resultante de fotografías mostraba claramente todos los movimientos de una yegua de carreras de Kentucky llamada Sally Gardner. Muybridge pintó los negativos para que sólo se viera la silueta de la yegua, cuyas patas adoptaban posiciones inconcebibles. El resultado fue una secuencia de 12 fotografías que se realizó aproximadamente en medio segundo.
Gracias a este experimento, Muybridge ideó una nueva técnica en la que la pista para el motivo en movimiento tenía una longitud de unos 40 metros. En paralelo a ella había una batería fija con 24 cámaras fotográficas, y en ambos extremos de la pista, colocadas en ángulos de 90º y de 60º, había otras dos baterías de cámaras. En cada instante se disparaban sincrónicamente tres cámaras, una de cada batería. Se impresionaban placas secas a una velocidad de obturación graduable que podía regularse desde varios segundos hasta la altísima velocidad de 1/6000 de segundo, según la velocidad del motivo a fotografiar.
En las primeras series los obturadores de las cámaras se disparaban por la rotura de unos hilos atravesados al paso del caballo u otro animal que se rompían al paso de este, cerrando contactos eléctricos que iban activando cada uno de los obturadores. Pero después Muybridge inventó un temporizador a base de un tambor rotatorio que giraba de acuerdo con la velocidad del motivo y que, en los instantes adecuados, enviaba impulsos eléctricos a las cámaras.

Su legado científico




El zoopraxiscopio











Un disco de fenaquistiscopio por Eadweard Muybridge (1893)
















domingo, 1 de junio de 2014

Lewis Carroll, un conejo lógico

Charles Lutwidge Dodgson, alias Lewis Carroll, fue profesor de matemáticas, escritor y fotógrafo. Carroll tuvo una extraña virtud: en su persona se reunieron todas las tendencias despendoladas de la cultura victoriana, además de una figurada y múltiple personalidad que hace pensar en el prototipo del escritor moderno. Tanto es así, que se llegó a sospechar que era el mismísimo Jack el Destripador, un síntoma de la represión social, que asocia al crimen aquello que no está bien ordenado.











Fue bibliotecario como Jorge Luis Borges, Marcel Proust , Rubén Darío, Reinaldo Arenas, Eugenio D'Ors y otros muchos.

Según explica Estrella Cardona Gamio, Lewis Carrol fue un:

"Cuentacuentos como Mary Shelley y Robert Browning, siempre dentro del círculo familiar o amistoso, Oscar Wilde, autor de unas deliciosas historias que empezó relatando a sus dos hijos con El príncipe Feliz a la cabeza, Lewis Carrollal que no le faltaba concurrencia menuda –aparte de Alicia Liddell y sus hermanas-, y que secundaban también los mayores, Hans Christian Andersen y sus niños oyentes, Rudyard Kipling, escribiendo la colección de cuentos Precisamente así para su hijo, después de habérselos contado, claro, James M. Barrie, encantador de verbo fácil que subyugaba a una grey infantil en los Jardines de Kensington, Beatrix Potter quien escribió su primer cuento en la carta dirigida a un niño, J.R.R.Tolkien, cuya carrera se inició explicando por las noches cuentos a sus vástagos, y tantos, tantos otros que en muchos casos empezaron relatando historias a sus hijos o sobrinos, cuentos que fueron escritos y cuyos autores se conocen, como otros mucho menos afortunados que si bien los narraron, ajenos o propios, no han pasado a la historia de la literatura debido a su anonimato de personas comunes que jamás los escribieron, o, si fue hecho, esos cuentos se han perdido al hallarse pergeñados en hojas sueltas o cuadernos de cuadricula, que ocupaban dibujos llenos de ingenua gracia." 





Convengamos en que Alicia y Peter Pan son parientes cercanos. Sus autores se educaron en el racionalismo más exaltado, no es extraño que cabalgando en él lograran llegar al otro lado del espejo. La matemática es un mundo lógico, pero ficticio, todo es exacto si no sales a buscarlo a la realidad, y si te quedas dentro y tu inteligencia es osada como la de ellos, el mundo es una paradoja y un reflejo, una representación. 


Como en Proust, los afectos hipersensibles, una familia que es un mundo en si mismo, las dependencias y admiración por la madre, cuya presencia se intensifica en los ámbitos de la intimidad, hicieron el resto.


Se dice de Carroll que inventó el antecedente del Scrabble y la luz negra. Fue para la curiosidad, en el sentido lúdico de la palabra, la imagen especular de la ciencia utilitarista. Fue también un hijo del siglo XIX, quizá bastardo o pródigo, pero imposible de ocultar.






Como saliendo de una gazapera, bien arreglado, prolífico, suave, siempre con el tiempo pisándole los talones, en una carrera por llegar al punto donde se desvanece la infancia, para arremeter contra el adulto con conocimiento de causa, Dogson es el conejo del "País de las Maravillas", un viaje al revés, un no cumpleaños.

Un trabajo interesante para conocer su vida: El reloj del tiempo en la vida de Lewis Carroll