domingo, 27 de mayo de 2018

Ícaros

Paisaje con la caída de Ícaro es un pintura al óleo sobre lienzo que durante mucho tiempo se pensó que era obra de Pieter Brueghel el Viejo, aunque tras examinarla en 1996 se considera muy dudoso.​ Es probable que se trate de una versión de un original de Brueghel que se ha perdido.​ Basada en la versión de la historia que presenta Ovidio en Las metamorfosis, la pintura fue el tema de un poema con el mismo nombre de William Carlos Williams, y fue descrito en el poema de W. H. Auden Musée des Beaux-Arts, que recibe el nombre del museo en el que se encuentra la pintura en Bruselas.


En la mitología de la Antigua Grecia, Ícaro consiguió volar con alas hechas de plumas pegadas con cera, pero en su vuelo se acercó tanto al sol que se fundió la cera, cayó al mar y se ahogó. Sus piernas se pueden ver en el agua, junto al barco más grande de la pintura.


Aunque el arte de paisajes con el tema del título representado por pequeñas figuras en la lontananza eran un motivo habitual en la Pintura flamenca de los siglos XV y XVI, el tener formas sin mucha relación con el tema en primer plano es original, y representa una ruptura respecto a la jerarquía de los géneros. Otros paisajes de Brueghel, como por ejemplo Los cazadores en la nieve (1565) muestran figuras en primer plano, pero no tan grandes y en ausencia de algo de una clase «superior» en el fondo.


Se desconocía la existencia de esta pintura hasta que la compró el museo en 1912; a continuación apareció otra versión, en la que Ícaro está aún en el aire, generalmente considerada inferior, y se encuentra en otro museo de Bruselas.​ Es la única pintura de Brueghel de tema mitológico, y sería su único óleo sobre lienzo, pues sus otras obras sobre lienzo son témperas. La perspectiva del barco y las figuras no es totalmente correcta, aunque esto puede reforzar la composición. También realizó un grabado con el barco y las dos figuras cayendo.


El labrador del arado, el pastor y el pescador aparecen mencionados en el relato de Ovidio; están: «asombrados y creen ver a los dioses aproximándose a través del éter»,​ lo que no cuadra precisamente con la impresión que da el cuadro. También hay un proverbio flamenco que dice «Ningún arado se detiene porque un hombre muera».​ La pintura puede, como sugiere el poema de Auden, mostrar la indiferencia de la humanidad al sufrimiento, resaltando que los hombres siguen con sus quehaceres a pesar de la muerte de la figura mitológica.



Jacob Peter Gowy, La caduta di Icaro (1636-1638)

The Lament for Icarus by Herbert James Draper

Dédalo era el arquitecto, artesano e inventor muy hábil que vivía en Atenas. Aprendió su arte de la misma diosa Atenea. Era famoso por construir el laberinto de Creta e inventar naves que navegaban bajo el mar. Se casó con una mujer de Creta, Ariadna y tuvo dos hijos llamados Ícaro y Yápige.
Su sobrino Talos era su discípulo, gozaba del don de la creación, era la clase de hijo con que Dédalo soñaba. Pero pronto resultó más inteligente que el mismo Dédalo, porque con solo doce años de edad invento la sierra, inspirándose en la espina de los peces; sintió mucha envidia de él tras compararlo con su hijo.
Una noche subieron el tejado y desde allí; divisando Atenas, veían las aves e imaginaban distintos mecanismos para volar. Ícaro se marchó cansado, y después de engañar Dédalo a Talos, lo mató empujándole desde lo alto del tejado de la Acrópolis. Al darse cuenta del gran error que había cometido, para evitar ser castigado por los atenienses, huyeron a la isla de Creta, donde el rey Minos los recibió muy amistosamente y les encargó muchos trabajos.

                           Charles Paul Landon

Carlos Saraceni Año: 1606-1607

Antonio Canova - Dedalo e Icaro

Chagall

sábado, 26 de mayo de 2018

Francois Schuiten





François Schuiten es un historietista, dibujante y escenógrafo belga, nacido en Bruselas en 1956.
Su trabajo más conocido es la serie Las Ciudades oscuras (Les Cités obscures en francés) junto con el guionista Benoît Peeters, que se desarrolla en un mundo imaginario en el que se mezcla el surrealismo metafísico Borgesiano con la literatura de Julio Verne, destacando los detallados diseños arquitectónicos de Schuiten para las distintas Ciudades oscuras. La serie comenzó en 1983 con Les murailles de Samaris (Las murallas de Samaris) y continúa a día de hoy, habiéndose publicado una docena de álbumes de historietas y otros tantos productos relacionados, desde libros ilustrados a falsos documentales en DVD.



viernes, 25 de mayo de 2018

Karl Struss 1886-1981

Gloria Swanson, late 1922



El neoyorkino Karl Struss, no sólo ganó un Oscar a mejor fotografía por el trabajo en Sunrise de Murnau, sino que fue uno de los fotógrafos más importantes de la primera mitad del siglo XX; camarógrafo de Cecil B. DeMille, en sus inicios, también retrató a varias modelos y estuvo involucrado en la fotografía de moda, aunque siempre negó que hiciera ese tipo de trabajo, sin embargo, fue la ciudad y las transformaciones de éstas, las que mejor quedaron registradas tras su lente, como lo hizo en la ya citada Sunrise, en El Gran dictador de Chaplin, junto a Limelight, y otras películas de diversos géneros. 



Karl Struss, Vaslav Nijinsky in "Afternoon of a Faun", circa 1912


Bebe Daniels, 1919


Ten Photographs from Karl Struss: A Portfolio , 1909/1929



Karl Struss. From 48 photographs of the female figure 1917



Marguerite





“La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, pero no es cierto, no hubo nadie."

(El amante)

jueves, 24 de mayo de 2018

James Matthew Barrie

J. M. Barrie
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“La vida es una larga lección de humildad”
-James Matthew Barrie-


Sir James Matthew Barrie, comúnmente conocido como J. M. Barrie (9 de mayo de 1860 - 19 de junio de 1937), fue un novelista y dramaturgo británico. Es especialmente famoso por haber creado el personaje de Peter Pan, basado en sus amigos, los niños Llewellyn Davies.
Segundo de diez hermanos, Barrie nació en KirriemuirAngus y fue educado en The Glasgow Academy y la Universidad de Edimburgo. Ejerció de periodista en Nottingham, luego en Londres, y luego pasó a ser novelista y posteriormente autor teatral.
Nombrado baronet en 1913, Barrie está enterrado en Kirriemuir junto a sus padres, su hermana y su hermano mayor David, quien había muerto en un accidente de patinaje justo antes de cumplir los 14 años.

A medida que Barrie iba creciendo en edad, su estatura no se equivalía con esta, de hecho, al llegar a la adultez no superaría por pocos centímetros el metro y medio de estatura, lo que hoy en día está asociado con que el deseo de ser por siempre niño y no crecer, puede traer problemas psicológicos que están relacionados con el crecimiento físico. Médicamente se le diagnosticó enanismo psicosocial. Barrie tendrá un cambio radical cuando viaja y se establece en Londres, será en ese lugar donde su mente se abriría y podría desarrollar sus escritos de mejor manera.
James Matthew Barrie, Arthur Conan Doyle y Robert Louis Stevenson fueron amigos desde la Universidad. Los tres asistieron a la Universidad de Edimburgo y también trabajaron en el periódico de la facultad. J. M. Barrie conoció a Thomas Hardy a través de Hugh Clifford mientras estuvo residiendo en Londres. Una de sus amistades más importantes fue Charles Frohman, quien sería el productor de sus obras. Frohman sería una de las víctimas del Lusitania durante la Primera Guerra Mundial.
En 1894 se casó con la actriz británica Mary Ansell, sin embargo, terminarían divorciándose en 1909. Existen distintas teorías del porqué el matrimonio no funcionó. Una de las hipótesis que se manejan es que Mary se habría casado con Barrie por la posición social que esto podría darle, dada la importancia y fama de Barrie para esa época, por lo tanto no habría existido amor. Otra hipótesis dice que el matrimonio nunca llegó a consumarse, ya que James no tendría intenciones de buscar una pareja sexual, sino mejor dicho una madre, caso que se ve reflejado en la relación que tendrá Peter Pan con Wendy en su obra. Ya para el final del matrimonio, Mary tenía un amante, lo que causó un escándalo en Inglaterra.
Barrie era el padrino de Peter Scott. La vida de Barrie está llena de sucesos imprecisos y que no salieron de la privacidad.
James Matthew Barrie ambientó sus primeras novelas en Kirriemuir, al que se refería como Thrums (‘Flecos’), quizá porque su padre trabajó como tejedor. A menudo escribió también diálogos en escocés. Más tarde escribió obras teatrales incluyendo Calle Quality (1901), Lo que saben todas las mujeres (1908) o El admirable Crichton (1902). Su última obra teatral, David (1936), dramatizaba la historia bíblica del rey Saúl y del joven David. Como el de Peter Pan, el papel de David fue interpretado por una mujer, Elisabeth Bergner.
Sus novelas de Thrums tuvieron un enorme éxito cuando fueron publicadas, empezando por Auld Licht Idylls (1888). Le siguió A Window in Thrums (1889), y El pequeño ministro(1891). Sus dos novelas de Tommy, El sentimental Tommy y Tommy y Grizel llegaron en 1896 y 1902 y trataban de temas mucho más directamente relacionados con lo que terminaría convirtiéndose en Peter Pan. La primera aparición de éste llegó en El pequeño pájaro blanco (1901).
Barrie escribió en 1891 Ibsen's Ghost, una parodia del drama de Henrik Ibsen Espectrosque acababa de ser representada por primera vez en Inglaterra por la Independent Theatre Society dirigida por J. T. Grein. La obra de Barrie fue estrenada el 31 de mayo en el Toole's Theatre de Londres. Barrie parecía apreciar los méritos de Ibsen: incluso William Archer, traductor de las obras de Ibsen al inglés, disfrutó del humor de la obra y la recomendó.
Peter Pan fue representado por primera vez el 27 de diciembre de 1904. Esta obra presentó al público por primera vez el nombre Wendy, que fue inspirado por una niña, que murió a los cinco años y cinco meses de edad el 11 de febrero de 1894, Margaret Henley, quien llamaba a Barrie 'Friendy', pero no podía pronunciar bien las erres de manera que le salía algo así como 'Fwendy'. Se ha interpretado numerosas veces desde entonces, y se desarrolló por Barrie en forma de novela en el año 1911Peter Pan y Wendy (Peter and Wendy), y ha sido adaptada por otros en películas de dibujos, musicales y otros medios. Las escenas de Bloomsbury muestran las restricciones sociales de la realidad doméstica de clase media de finales de la época victoriana, en contraste con El país de Nunca Jamás, un mundo donde la moralidad es ambivalente. La descripción que hizo George Bernard Shaw de la obra como 'ostensiblemente un entretenimiento vacacional para niños pero en realidad una obra para personas adultas', sugiere profundas alegorías sociales en Peter Pan. En 1929 especificó que los derechos de autor de la obra debían dedicarse al principal hospital infantil de la nación, el Great Ormond Street Hospital en Londres. El estado actual de estos derechos de autor es complejo (véase Situación de los derechos de autor de Peter Pan).
Barrie, junto con otros autores teatrales, estuvo implicado en los intentos de 1909 y 1911 de desafiar la censura de Lord Chamberlain sobre la producción teatral de Londres.




La familia Llewelyn Davies estaba formada por los padres Arthur (1863-1907) y Sylvia (1866-1910), hija de George du Maurier, y sus cinco hijos, George (1893-1915), John o Jack (1894-1959), Peter (1897-1960), Michael (1900-1921) y Nicholas o Nico (1903-1980).

Barrie entró en contacto con la familia en 1897 o 1898 tras conocer a George y Jack con su niñera Mary Hodgson en los Jardines de Kensington de Londres, donde solía ir mientras paseaba a su perro Porthos, pues vivía cerca. No conoció a Sylvia hasta más tarde, en un encuentro casual durante una cena. Se convirtió en un segundo padre para los chicos y, cuando éstos quedaron huérfanos, en su guardián. Algunas fuentes afirman que el testamento de su madre estipulaba que la hermana de la niñera debía tomar la custodia y que Barrie lo falsificó o malinterpretó involuntariamente (la hermana de la niñera se llamaba Jenny, mientras Barrie era llamado Jimmy por la familia Davies). Sin embargo, estaba claro que era el único con tiempo y recursos suficientes para mantenerlos y Sylvia no quería que los chicos fueran repartidos entre los parientes.

Aunque algunos pueden encontrar sospechosa esta amistad con los niños, no parece haber evidencia alguna de que ocurriese algo inapropiado y el menor de ellos, Nico, negó rotundamente que Barrie se hubiese comportado deshonestamente alguna vez.

La estatua de Peter Pan en los Jardines de Kensington, erigida en secreto por la noche para la Festividad de los Mayos de 1912, se debía supuestamente haber inspirado en una fotografía de Michael, pero el escultor decidió usar otro niño como modelo, dejando a Barrie muy decepcionado con el resultado. «No muestra al demonio dentro de Peter», dijo.

Barrie sufrió intensamente la dolorosa muerte de dos de los niños con los que tenía una relación más estrecha. George murió en servicio (1915) durante la Primera Guerra Mundial. El hecho de que Michael haya estado en la guerra haría que toda la familia entrara en una especie de depresión por el peligro que se corría. Barrie y George se escribían diariamente, en la última carta que Barrie le envió, le afirmaría que: "He perdido todo rastro de aquella idea que alguna vez tuve en cuanto a que la guerra podía llegar a ser ese sitio donde nace la gloria. Ahora no me parece más que algo indeciblemente monstruoso".

Michael, con quien Barrie mantenía una correspondencia diaria, se ahogó (1921) en un posible pacto suicida un mes antes de su vigésimo primer cumpleaños, cuando nadaba en unas conocidas aguas peligrosas de Oxford con su amigo y posible amante Rupert Errol Victor Buxton. Algunos años después de la muerte de Barrie, Peter Davies, ya trabajando como editor, escribió su libro Morgue, incluyendo mucha información familiar y comentarios sobre Barrie. A la edad de 63 años Peter se suicidó saltando ante un tren del Metro de Londres.



La BBC produjo en 1978 una galardonada miniserie de Andrew Birkin, The Lost Boys (también titulada J.M. Barrie and the Lost Boys), protagonizada por Ian Holm como Barrie y Ann Bell como Sylvia. Se considera factual, incluyendo a Arthur Llewelyn Davies (interpretado por Tim Piggot-Smith), y afronta el asunto.

Una película semi-ficticia sobre su relación con la familia, Descubriendo Nunca Jamás, fue estrenada en 2004, con Johnny Depp como Barrie y Kate Winslet como Sylvia Llewelyn Davies, omitiendo a Arthur y Nico. A pesar de ser una película bastante alabada por la crítica, se nota un Barrie demasiado idealizado.

Barrie anotó en sus cuadernos un deseo que, en sus predecibles consecuencias, sólo puede ser comprendido como una maldición: "Dios fulmine a todo aquel que escriba una biografía sobre mi persona". Esta maldición, sin embargo, parece no haber surtido efecto con sus biógrafos ni con Rodrigo Fresán, escritor argentino residente en la ciudad de Barcelona. Su libro "Los jardines de Kensington" fue elogiado por la prensa española, cosechó el premio Lector Independiente al mejor libro del año 2003 y acabó como finalista del Fundación José Manuel Lara Hernández, que otorgan los editores ibéricos. De acuerdo a la contratapa de la edición de bolsillo de la Editorial Sudamericana, la obra de Rodrigo Fresán es una "evocación del Londres victoriano y la bizarra relación de Barrie con los hermanos Llewelyn Davies como teatral telón de fondo, Jardines de Kensington explora también el misterio privado de Peter Hook, el protagonista, lo que recuerda y lo que ha decidido olvidar; la saga lisérgica de sus padres durante los Swinging Sixties; y la súbita y final recuperación de su pasado en los primeros años de un nuevo mundo marcado por el horror milenarista del "Había una y otra y otra vez...". Andrew Birkin, además, escribió el libro J.M. Barrie and the lost boys, donde cuenta la historia de Barrie basado en conversaciones con Nico Llawelyn Davies, el último de los hermanos Davies en morir.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Gertrude Hoffman, Salomé




 Salomé



Bailarina de principios del siglo XX, Gertrude Hoffman causó una gran impresión en el público de Nueva York en 1908, con su interpretación del baile "Salomé", en el Roof Garden de Oscar Hammerstein en Manhattan. La danza se basó en la historia bíblica de la ejecución de Juan Bautista;  para consternación de los públicos mojigatos, incluía el desprendimiento de siete velos y una escena de amor con una cabeza decapitada.   Hoffman había visto a Maud Allen realizar el baile en Europa, y fue rápida en llevar la obra, igualmente ingeniosa y excitante, al escenario del vodevil estadounidense.
Si la insinuación de striptease inherente a la danza no era suficiente para sorprender al público, el vestuario  también prometía traspasar los límites de la moralidad pública. De hecho, parecía que la producción estaba diseñada para inducir un grito de asombro colectivo. Antes de que el show se abriera, abundaban los rumores en periódicos como Utica Herald-Dispatch sobre qué tan pequeña prenda Hoffman usaría en el escenario.

                               Cover of The Theatre magazine, August 1911. Museum of the City of New York. 

Proféticos





Sobre la función profética de la literatura

Formas breves, de Ricardo Piglia: el escritor como crítico



Podemos pensar al crítico como un pintor puntillista que continuamente salva a la literatura del caos. El pincel sirve para salvar las cosas del caos, escribió Shitao. El crítico organiza, ordena, define una perspectiva, observa el mundo con una lupa. Mueve la lupa y, en esa oscilación, reordena el mapa de la literatura.
El crítico funciona como un lector que encuentra en lo que lee la prefiguración de su escritura futura. Quiero decir, es, fundamentalmente, un gran lector. Un lector que ha encontrado la dirección de su lectura. No lee perdido en el desierto, sino que su meta es la brújula que ordena, desde el futuro, la lectura presente. En ese sentido, el crítico inventa algo que no está en lo que lee pero que, al mismo tiempo, encuentra una prefiguración de su invención en la lectura.
Borges leyó de esa manera lo que Macedonio narraba en la confitería de Once. Piglia lee en esa dirección el Museo de Macedonio. La ciudad ausente es una reinvención del Museo, es una lectura futura del Museo. El crítico (el crítico artista, según pensó Oscar Wilde comparte con el matemático su relación con el futuro.
Ricardo Piglia es un gran lector y desde esa instancia paradigmática se define como crítico. Cumple el proyecto de Aristóteles: busca, en la trama confusa y desordenada de la literatura, los primeros o los últimos principios del lector. Piglia es lo que podemos llamar un lector puro; un lector que busca deletrear el secreto de la realidad en la trama de la literatura.
La literatura es la forma privada de la utopía, escribió Piglia. La filosofía es, también, una forma privada de la utopía. El filósofo encuentra en las cavilaciones sobre el mundo, sobre la política o sobre el arte, una forma íntima, personal, de la utopía.
El filósofo, desde Platón, cree en la ciudad ideal. Y es el principal crítico de la mediocridad de la sociedad en la que vive. El filósofo, por eso, vive en la modestia: solo puede aspirar a la condición microscópica y personal de la ciudad ideal. Pero creo que en la pequeña habitación del filósofo se inicia el proyecto de la sociedad futura. En este sentido, el filósofo como un anarquista continuo, es el que desconfía de la sociedad actual y crea, en el silencio de su intimidad, el proyecto de una sociedad.
¿Qué lugar ocupa la biografía en la cavilación del filósofo como crítico? El filósofo piensa en el presente. Le está vedado, a pesar de las aspiraciones a la eternidad, caminar en la sociedad romana o entre los árboles de la Edad Media. El filósofo especula, inevitablemente, en la sociedad de su presente. Y las experiencias que le han tocado vivir son las condiciones desde las que critica el mundo y proyecta la sociedad futura.
La filosofía como crítica, podríamos decir, es la forma especulativa de la autobiografía.
Desde esta perspectiva, la literatura y el arte tienen mucho para decir al filósofo. Un novelista o un artista, no tratan de negar la influencia de la vida en sus creaciones. Los filósofos, en cambio, han tratado de negar la influencia de la experiencia en sus filosofías. Sin embargo, si no concediéramos importancia a la vida, ¿cómo explicaríamos las desviaciones en la filosofía de Platón, Kant, Wittgenstein o Sartre?
El crítico, como dije, es un gran lector. Es el lector que mira al mundo como un libro interminable. El escritor es, en el fondo, un crítico, ya que el escritor es, antes que nada, un lector.
La crítica es la forma moderna de la autobiografía, escribió Oscar Wilde. Piglia, en el Posfacio a Crítica y ficción, reprodujo la sentencia de Wilde. Un crítico escribe su vida con las lecturas. Los libros que ha leído escriben su vida. La vida de un crítico es la trama sinuosa de sus libros.
Piglia es, entonces, un gran lector. ¿Qué escritores lee Piglia? Borges, Macedonio, Kafka, Joyce. Borges es el paradigma de la precisión léxica, del estilo propio, de la pureza de la lengua. Macedonio es el experimentalista, el que no está en el centro, el cínico, el filósofo de la literatura. Kafka es el subversivo, el escritor más original del siglo XX. Joyce es todos los escritores anteriores menos Borges. Joyce contiene a todos los escritores anteriores pero no lo contiene a Borges.
Piglia lee a Macedonio, a Borges, a Kafka, a Joyce. Desde la mirada oblicua de estos escritores escribe su narrativa. Borges y Joyce forman dos centros opuestos y definen su modo de entender la literatura.
Respecto de la relación de Piglia con Borges y con Macedonio, he pensado que si Borges hace una lectura macedoniana de Macedonio y de la literatura universal, Piglia hace una lectura borgeana de Macedonio. Por tanto, Piglia hace una lectura macedoniana al cuadrado de la tradición literaria.
Desde esa lectura de Macedonio, de Borges y de Joyce, Piglia ha señalado, también, la función profética de la literatura. Una novela no solo trabaja con las zonas reconocibles de la realidad, no solo elabora variantes paranoicas o paródicas de lo real sino que también produce mundos paralelos. Yo diría que la literatura trabaja, en este sentido, como la pintura abstracta: produce otra realidad, una realidad tan real como la vida. Piglia cree que en los intersticios de la abstracción se puede leer una sombra del futuro.“La literatura permite pensar lo que existe pero también lo que se anuncia y todavía no es”, escribió en Formas breves.Crítica y ficción puede ser leído como un mapa de la literatura argentina. Es una brújula para leer la tradición pero es, también, una linterna para delinear las zonas virtuales del futuro.
Las posiciones del crítico y del cínico no son actitudes opuestas. Son, creo, actitudes complementarias. Desde la actitud cínica de Macedonio, Piglia ha logrado lecturas desplazadas de la literatura argentina. Como crítico, Macedonio ha esbozado una teoría insólita sobre la ficción y sobre la realidad.






A continuación, se mencionan los principales textos críticos sobre Arlt que si bien no abordan específicamente el tema de este artículo, han sido fundamentales para complejizar la lectura del autor. Como es sabido, los intelectuales que se reúnen, a mediados de 1950, en la revista Contorno, son los primeros que re descubren la obra de Arlt. Desde esta revista, releen el libro Roberto Arlt, el torturado [1950] de Raúl Larra y le dedican todo un número a la obra arltiana. En uno de los artículos de la revista, “Una expresión, un signo”, Ismael Viñas retoma, y asume, las falencias de la escritura de Arlt, debido a su falta de formación, al uso de un lenguaje desprolijo y violento. Así, el hombre de Arlt aparece desnudo en toda su angustia entrampado y obsesionado por el poder, la humillación y el dinero. Piglia [1973], heredero de la tradición de Contorno, recorre la relación de la escritura con el dinero y el mercado para decir que, en Arlt, escribir era una fatalidad, una necesidad puesto que el dinero era garantía de sobrevivencia y de buena literatura. Entrada la década del ´80, no sólo se continúan las lecturas sobre las ideologías en Arlt sino que también se publican trabajos que analizan la estructura de la novela [Rivera, 1986] y la función que cumple el narrador y el comentador [Prieto, 1986]. Desde los Estudios Culturales, Sarlo [1988] se propone revisar en canon y, así, incorpora a Arlt en un mismo capítulo con Borges y Girondo, como parte de los que configuran el mapa literario receptivo de la experiencia moderna. La hipótesis de Sarlo es que Arlt supo aprovechar de las malas traducciones, del folletín y, fundamentalmente, de los manuales seudo-científicos, a los que podía acceder. Hipótesis a la que volverá en otros artículos como “Lo maravilloso moderno” [1993]. Luego, profundiza en aspectos más puntuales de la obra de Arlt, como las sociedades secretas y el ocultismo (“Ensayo general” 1998], el impacto de la modernización y la ciudad, (“Ciudades y máquinas proféticas” 1999], la violencia política de sus novelas (“Un extremista de la literatura” 2000] o un Arlt inclasificable (“Roberto Arlt, excéntrico” 2000] dentro de la literatura, además de que discute la premisa de escribía mal. En cuanto al análisis de los discursos ideológicos, una de las discusiones de la crítica gira en torno al fascismo en la novela, cuestión discutida por Zubieta [1987) quien sostiene que los planes del astrólogo son una parodia de los modelos del utopismo libertario del siglo XIX. José Amícola [1984] pone a prueba cada uno de los discursos políticos implicados en Los siete locos y Los lanzallamas, hasta afirmar que es antifascista y antimilitarista, y arriesgar la hipótesis de que la narrativa de Arlt permite profetizar los horrores que se desencadenarán unos años más tarde a través del fascismo y el nazismo.


Roberto Emilio Godofredo Arlt
       1900-1942



















Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Fragmento de la "Fábula y rueda de tres amigos", Poeta en Nueva York



El accidente

      
Alfonso Ponce de León  (Málaga, 1906 - Madrid, 1936) fue un pintor conocido y respetado en los círculos españoles de su época, pese a su corta vida. No obstante, tanto el trabajo como ilustrador para libros y revistas como su producción en pintura, poco más veinte óleos, permanece en el olvido durante décadas tras su muerte. 
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía posee la obra más conocida del pintor, Accidente (1936), en la que Ponce de León se autorretrata como víctima de un trágico final. Este cuadro resulta premonitorio, dado que muere pocos meses después de pintarlo. . Actor y director de cine, Ponce de León dirige en 1934 el film Niños y en 1935 colabora con Edgar Neville en la película Do, Re, Mi, Fa, Sol (la vida privada de un tenor). En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1936 presenta su obra más conocida: Autorretrato (accidente), en parte premonitorio de su inmediato futuro. El 20 de septiembre de 1936 fue detenido en la puerta de su domicilio —Paseo de la Castellana, 2— y trasladado a la checa de Fomento; nueve días después su cadáver fue encontrado en una cuneta de Vicálvaro. Otros hombres de su familia también corrieron una suerte trágica; así, hacia el 30 de septiembre fueron asesinados en la carretera de Vallecas su padre, Juan Ponce de León y Encina y su hermano Guillermo, abogado en ejercicio; su hermano Juan fue fusilado el 7 de noviembre de 1936.



El Museo cuenta con otras dos obras del artista, Arquitectura urbana (Portería), de 1929 y Jóvenes y un pescador (1936).







Cuando en 1963 escribió "Las sandalias del pescador", en plena Guerra Fría, el mundo estaba muy lejos de imaginar que 15 años después la Iglesia coronaría en el Vaticano a un papa venido del Este.



Desde sus primeros libros, Blake se ocupó de describir la importancia de la imaginación y la profecía en el quehacer intelectual. Hizo lo que prácticamente todo escritor, artista o científico debería hacer: revisar y cuestionar los métodos del pasado para buscar uno propio. No convencerse de las cosas sólo porque las hemos heredado, sin cuestionarlas, ni despreciarlas por ser de otro tiempo.