lunes, 6 de junio de 2016

Casas Tomadas

La matanza de Texas



House on Haunted Hill  1959




The Haunting, 1963









 Poltergeist.

 “La familia Addams“



Al final de la escalera



La maldición de Rookford




El resplandor



Aquella casa al lado del cementerio




 "Los Otros"

miércoles, 25 de mayo de 2016

Brassaï


Las fotografías de Brassaï, seudónimo con el que se conoce al fotógrafo francés Gyula Halász (1899-1984), evocan el universo artístico e intelectual del París de los años treinta. Brassaï, nacido en Hungría, llegó a la capital francesa en 1924. Allí ejerció el oficio de periodista, a través del cual entró en el mundo de la fotografía.

Sus primeras obras coinciden con el auge del surrealismo en Francia, movimiento que otorgaba un papel central a la fotografía en la creación literaria. La imagen fotográfica formaba parte del texto surrealista pues, además de ejercer la función de documento gráfico, propiciaba el desdoblamiento de la personalidad poética como sujeto y objeto simultáneamente.

Aunque Brassaï siempre negó su pertenencia al movimiento surrealista, las coincidencias con este son significativas. Las imágenes que captó del París nocturno y secreto de los años treinta, por ejemplo, revelan la misma atracción hacia la ciudad, la magia nocturna y el universo onírico que expresaban los surrealistas. 

A pesar de todas estas conexiones, conviene aclarar que las fotografías de Brassaï, junto con un componente claramente surrealista, tienen otro que se fundamenta en la tradición realista, y que por tanto, es ajeno a aquel movimiento artístico. Sin caer en la fotografía meramente documental, Brassaï obtenía imágenes evocadoras que condensaban la atmósfera de un momento o de una época, acercándose a la noción de lo "fantástico social" definida por Pierre Mac Orlan. Las fotografías de personajes del París nocturno, por ejemplo, se hallan en esta línea: son imágenes descritas mediante recursos poéticos. Por eso podemos decir que Brassaï no es un reportero gráfico, sino un poeta con una cámara.

En cualquier caso, la obra de Brassaï no se agota con los postulados surrealistas, pues sus fotografías se hacían eco de las nuevas preocupaciones intelectuales que surgirían con la década de los cuarenta: el interés fenomenológico por las cosas o la cultura popular, por citar algunas.








viernes, 20 de mayo de 2016

Chapeau

LARRY HOWE COMMEMORATES CHAPLIN’S INFLUENCE


La pamela.

  Laos

 Kurdistan, Francesco Cabras 

Akha Hill, China

“Austin Lane Crothers, photograph of head with top hat” by Bain News

Mongolia

Leonard Bentley, Trafalgar Square 1904 

La belle époque


jueves, 19 de mayo de 2016

Somewhere in Time










"Somewhere in Time" de Richard Matheson, cuya traducción sería Algún lugar en el Tiempo, 1975.

 Richard Matheson es un reconocido  escritor de ciencia ficción:  "Soy Leyenda" y "El Hombre Menguante" son grandes libros del género y logran reconstruir a la perfección las extrañas circunstancias que atraviesan sus personajes. 
He leído ambos y los disfruté mucho. 
Me agrada la ciencia-ficción. Ray Bradbury me encanta.
Cuando supe de Somewhere in Time me sorprendió mucho que fuese una creación de Matheson, ya que la consideraba como un relato de época.
Sin embargo, la extraña unión de ambas cosas (relato de época/ciencia ficción) dan vida a una extraordinaria historia de romance que te conquista desde el primer párrafo.
Existen dos tiempos distintos en el relato, el principal es la narración de la historia en sí misma que veremos a través de los ojos de Richard Collier, el protagonista.
Este uso de la primera persona (como sucede en Jane Eyre) intensifica la sensación de identificación que tenemos al leer el libro, pues vivimos el punto de vista del personaje narrador.
El segundo tiempo es un prólogo y un epílogo del hermano de Richard, quien recopila y publica su historia y tiene una visión completamente distinta de todo lo acontecido.




Por los caminos del azar y huyendo de una ruta demasiado transitada, llega por casualidad a un viejo hotel a la orilla del mar que lo fascina por su aspecto antiguo y la tranquilidad del ambiente, allí se instala y comienza a pensar en cómo habría sido el espléndido pasado del edificio.

Su enfermedad se le manifiesta mediante fortísimos dolores de cabeza que duran horas y suelen aparecer en la mañana, pero aparte de eso se siente bien.
Una mañana, haciendo tiempo para almorzar, visita una exposición de historia del hotel donde se muestran objetos de  finales del siglo XIX o inicios del XX.
Parte de la muestra recuerda a una célebre actriz que representó una obra allí mismo, en el teatro del hotel, en Noviembre de 1896.


 Al ver la fotografía de Elise McKenna...

miércoles, 18 de mayo de 2016

El don de Coppola



Toda obra que define el signo y el carácter de su tiempo está condenada a soportar tantas lecturas como lectores. El éxito incontestable de 'El Padrino' en sus 40 años de vida en gran parte descansa en que cada espectador vio en ella el perfecto resumen de sí mismo. Cuando el 15 de marzo de 1972 se estrenó la película de Coppola, los hubo que vieron en ella el retrato perfecto de una forma de hacer política moribunda.Ante la incompetencia del Estado (llamémosle liberal-democrático) sólo queda el sentido de la justicia de 'la familia' convertida en brazo ejecutor de un subestado corporativista. Mussolini, por no movernos de Italia, no lo hubiera expresado mejor. Ni Andreotti, tampoco.
Ya desde la primera, genial y memorable secuencia en que la cabeza de Don Vito surge entre las sombras ante los sollozos de un pobre hombre que reclama venganza por la violación de su hija, anuncia el 'pathos' de todo lo que vendrá después. La lucha interna de Michael, el heredero, por evitar el destino sangriento de su saga no es más que la de la Historia entera de la Humanidad por vivir entre reglas más allá de, precisamente, las no-reglas de la sangre. Hablamos, para entendernos, de disyuntiva excluyente entre la civilización o la mafia.

A principios de los 70, con Hollywood entero enfermo del mismo malestar que la sociedad global (no sólo americana), la película cayó como una iluminación. El mensaje que transmitía, y de ahí su éxito, no fue otro que el de denunciar a una clase política incapaz de hacerse cargo de cuitas tan evidentes como la del pobre Bonasera, dueño de una funeraria (el de la hija violada). No olvidemos que la cinta se estrenó pocos días antes del escándalo Watergate. El propio Coppola en unas accidentadas y confusas declaraciones no dudó en comparar a Don Vito con Nixon para que quedara claro quién era, pese a su crepuscular encanto, el villano de la historia.

El don de Coppola.



lunes, 16 de mayo de 2016

ISLAS Y TINIEBLAS

Kees van Dongen





"Era preciso que ella se encontrase allí." 
(Villiers de l'Isle Adam)




José Escuder era el único varón de cuatro hermanos y el heredero de las propiedades filipinas. Sus hermanas Carmen y Piedad fueron las primeras en pisar una península; eran gemelas, y cuando una se casó con un catalán y después se marchó a vivir a Barcelona —a una hermosa torre en el paseo de la Bonanova—, no pudo separarse de la otra y se la llevó consigo. Milagros se prometió al hijo de otro colono que poseía tierras en Tenerife; su vida transcurría alternando temporadas entre las Filipinas y las Canarias, siempre viajando con su hija Rocío. Carmen, la gemela que quedó soltera, era apacible y beata; Piedad era silenciosa y desconfiada; Milagros, autoritaria; eran domésticamente conocidas con los apelativos de tita Pi y tita Mi. La casa de la Bonanova fue adquiriendo tintes oscuros con el tiempo. Las gemelas se entendían casi sin hablar, el silencio era de una consistencia tan espesa que Mario lo recordaría siempre con escalofríos. Sólo las cortinas, gaseosas y blancas, esparcidas a lo largo de los grandes ventanales de una gran tribuna, daban algo de luz a la vida de las dos mujeres: siamesas sin apéndice físico, sorprendía la una con apariciones imposibles cuando se estaba seguro de que era la otra quien debía asomar... A todos visitó el fantasma —la idea— de que el marido había dormido con las dos, acaso sin saberlo; se dijo incluso que él existía, que aullaba de noche cuando Carmen, la soltera, tomaba baños de sal durante las madrugadas de invierno aduciendo un mal circulatorio. Que se reflejaba su imagen en los ventanales cuando habían limpiado sus retratos... que amaba de veras a la otra, a la soltera, pero que ella lo despreció y, por un motivo inconfesable que las hermanas no iban a revelar jamás, lo instigó a su matrimonio con Piedad.

Carmen acudió a la ceremonia con un rancio vestido de novia, desempolvado de un arca del ajuar Escuder, mientras que su hermana, la que se casaba de veras, lucía un último modelo, sin cola y con una pamela que le cubría los ojos. Fue como asistir a una boda en dos tiempos: la novia recién salida de las páginas de Fifth Avenue Fashions, y una antepasada idéntica, vuelta de la tumba e impávida como una escayola. Al anochecer la fiesta culminó con un tinikling llevado gentilmente por Radio España, los bambúes picaban tan fuerte que el suelo retumbaba y parecía que fuera a desencadenarse un terremoto. Un estrépito vertiginoso y la ingenua jota filipina que tuvo que bailar Carmen Escuder —la novia soltera vestida a la antigua— fueron motivo de chismorreo durante décadas, chismorreo que más tarde se convirtió en el cimiento oral de su leyenda. El programa folclórico estaba previsto hasta las doce, hora en que los novios y su gemela soltera debían desaparecer dentro de un Morgan Plus decorado con cintas, pero una tormenta de alisios volcó todos los muebles del banquete inundando las salas de baile,
se llevó el equipaje en una riada, rompió los cristales empapando a los invitados, destrozó el pastel y arruinó la fiesta y la luna de miel.

Parecía que en aquellas gemelas la identidad de sus respectivas formas no era más que una mutua pasión vampírica. Una vez alguien las vio sonreír ante un féretro y hablar la una con la otra con palabras que no emitían sonidos articulados, sus bocas silabeando —como violines insonoros e invisibles— una melodía remota y triste.


Donde hay nilad.
DPS
Menoscuarto, 2010