martes, 5 de febrero de 2013

Mira:


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba
siempre comenzando,
la certeza de que
había que seguir
y la certeza de que sería
interrumpido antes de terminar.


Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda... un encuentro.

Fernando Pessoa











jueves, 31 de enero de 2013

Soledad social



Tradicionalmente se ha visto el rito social como un código que, mediante la simbolización de valores y creencias, constituye y representa una conciencia colectiva. En realidad, creo que el rito es la conciencia, si entendemos que ésta consiste en una estructura manifiesta más compleja, e independiente de la consciencia o conocimiento que tienen los celebrantes del significado que tiene esa estructura. Si los rituales son capaces de generar vida comunitaria es porque van más allá de lo que piense, crea o interese a cada uno de los miembros de esa comunidad.




En una real, o hipotética, sociedad armónica sería así. Pero hay situaciones de anomia, que estriban, según Durkheim, en la incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad.


Reconocemos esta situación ¿verdad?
Cuando eso ocurre el rito pierde su consistencia de origen. Por ejemplo: me he encontrado varias veces con personas que en un funeral o entierro se sienten inhibidas y dicen "no saber qué decir, ni hacer en esos casos. Es normal, puesto que la muerte a muchos les puede resultar un hecho demasiado "grande" para ser expresado. Sin embargo, existen frases rituales que vienen a ayudarnos, a neutralizar los sentimientos excesivos o incluso la falta de ellos, un "te acompaño en el sentimiento"(*) debería ser suficiente para que el doliente entendiera la carga de consuelo que transmite el emisor de la frase y trazar un cierto límite temporal -un paulatino acompañamiento- ante la vida que se va.Cuando he comentado esto, al principio me miran como si estuviera hablando una "carca" presa de los formulismos, pero si seguimos hablando la conversación suele terminar en entendimiento. Esto sucede porque la conciencia que estaba en el rito, que era objetiva,  se ha desplazado a la mente de los ejecutantes, es subjetiva, individual, tendiendo a generar un efecto contrario al pretendido por el ritual.




Por ello me parece que, aunque sea para invertir los valores, como en el caso de los rituales de guerra que recrean una situación de violencia potencial en una aparente cotidianeidad de paz, el rito desprovisto de un cierto grado de correspondencia con la sociedad real tiende a crear su contrario, tiende a generar soledad.





(*) «Me sorprende que un hombre tan extraordinario haya podido morir», escribí a la viuda de unfilósofo. Sólo me di cuenta de la estupidez de mi carta tras haberla enviado. Mandarle otrahubiera sido arriesgarme a una segunda sandez. Tratándose de pésames, todo lo que no escliché raya en la inconveniencia o la aberración. (E. M. CIORAN - ESE MALDITO YO - Aveux et anathèmes - 1987)





La Soledad Sonora de Emily Dickinson


Poema 642 



Expulsarme a mí misma de mí misma, 

ojalá yo supiera. 

Son siempre inexpugnables 

las murallas de todo corazón. 



Mas, puesto que combato en contra mía, 

¿Cómo alcanzar la paz, 

de no ser subyugando 

a mi propia conciencia? 



Y somos las dos mutuo monarca, 

¿Cómo lo podré hacer, 

de no ser 

abdicando 

yo de mí?









domingo, 20 de enero de 2013

Las 4 reglas de oro del Funambulismo Levitante

Hace algún tiempo, un amigo querido me regaló este manual -cuando más lo necesitaba- extraído de una de esas raras sabidurías que a veces tenemos la suerte de vislumbrar.





Primera Regla




No mirar hacia abajo. El abismo siempre atrae. Si acaso no mirar tampoco hacia arriba. El infinito también nos chifla. Ni arriba, ni abaisho. Vista al frente. Ar.



Segunda Regla




Cuidado de no distraerse con bestezuelas, pajarracos impostores y demás alimañas alrededor nuestro. Nos hacen perder la concentración y titubear perdiendo a veces el equilibrio. Un buen escopetazo y a otra cosa.


Tercera Regla




Mucha precaución en caso de tránsito levitante nocturno. Las estrellas a veces no están donde tendrían que estar y en la oscuridad todo se puede disimular. Podemos perder el sentido de la orientación fácilmente y desandar lo andado previamente sobre el alambre.



Cuarta Regla




El secreto de un buen funambulista levitante es seguir conservando tanto el equilibrio como el íntimo e invencible convencimiento de que, sin duda, algo extraordinario ocurrirá. Tarde o temprano. En caso de que siga sin ocurrir nada, no desespere. Sobre la cuerda o levitando, el mundo allí abajo se ve pequeño y miserable. Cómico a veces. Terrible casi siempre.


viernes, 18 de enero de 2013

La Pizarnik, la Storni, Emily.








Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos.




VOY A DORMIR
Diente de flores, cofia de rocío,
manos de hierba, tu, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que gustes;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

Para que olvides...Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...






Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos-
como los náufragos- creen que ven la tierra-
en el centro del mar-

y luchan más débilmente -sólo para probar
tan deshauciadamente como yo-
cuántas ficticias costas-
antes del puerto hay-



Sentí un funeral en mi cerebro,

los deudos iban y venían

arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente -

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -




Versión de Silvina Ocampo

lunes, 14 de enero de 2013

Edmund Dulac, el don ilustrativo















El desván secreto


Uns versos per a nens





Una nit bruna





Una nit bruna
va caure al mar
un raig de lluna
despistat.

A una alga llarga
va quedar enredat
quina sort amarga!,
va pensar el raig.

Un peix platejat
llampant com un llum
el va alliberar
i li va costar un munt!

El raig, molt agraït,
va convidar al peix
a la següent nit
a veure la lluna,
cóm rodona neix,
muntats sobre l'eix
d'una blanca espurna.

El peix espantat
quan arribà a l'espai
No puc respirar!
No tornaré mai!

I tant que et tornaré!
Va dir-li el bon raig
però, espera, que ve,
espera-t, que vaig!

Però que dius?
-digué el peixet-
Jo no tinc espera
Aquí, on tu vius,
jo em moro de pena.

Pero la Reina ve
i no vol que marxis,
diu que vol un peix
que emboliqui un feix
de raigs que la facin
brillar encara més.

I el peix treia fum,
plorava a la cel.la
de rajos de llum
veient des de dalt
un vaixell de vela.

L'aigua que plorava
semblava una pluja
i això va confondre
a la reina bruixa,
i tot d'una es va fondre
dins d'aquella dutxa.

I el peixet tornà
al bell fons del mar
i allà va explicar
que havia plorat
com un núvol gras,
per poder fer ploure
i després...marxar!






Deb


sábado, 12 de enero de 2013

Spleen







Hay que estar siempre ebrio. Todo está allí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, hay que embriagarse sin cesar.

¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestra guisa.

Y si alguna vez, sobre las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la soledad melancólica de vuestra alcoba, os despertáis, la embriaguez ya atenuada o desaparecida, pedid al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj y a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro y el reloj os responderán: "¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o virtud, a vuestra guisa".



Tomado de Charles Baudelaire - El Spleen de París.

Traducción de Margarita Michelena






lunes, 24 de diciembre de 2012

EL FANTASMA DE LA NAVIDAD POBRE


A muchos la Navidad nos entristece. 

Si nos fijamos bien, sus figuras son un tanto lúgubres. 
Un recién nacido sobre un montón de paja, el aliento de un animal fatigado, un padre viejo. 
Se adivina que hay abundancia en algún lugar paralelo, lo dicen las estrellas y ese paje extranjero que pasea junto a un camello y conversa con él mientras mueve las ancas como él.








                                                                              Ignorance and Want
                                                         1843
                                                         John Leech
                                                       






Se adivina necesidad en alguna perpendicular a aquel lugar paralelo.





Es como que el día de tu boda no puedas evitar, aunque sea durante un mínimo instante y errando en la imaginación, la imagen de permanecer solo, inexplicablemente solo, justo antes de la consagración, quedando huérfano de cónyuge frente al mismísimo altar.




La navidad siempre evoca una navidad pobre.






domingo, 18 de noviembre de 2012

Cuentos, fábulas y fetiches


El violín de Cremona de Louise de Vilmorin



Soy ciego y nada sé, pero preveo
que son más los caminos. Cada cosa
es infinitas cosas. Eres música.
Firmamentos, palacios, ríos, ángeles,
Rosa profunda, ilimitada, íntima…

The unending Rose
J.L. Borges

El violín de Cremona es un cuento originalmente escrito por E.T.A. Hoffman, conocido también con el nombre de El canto de Antonia, que forma parte de una serie de cuentos en los que solían aparecer los mismos personajes en diferentes historias.
Louise de Vilmorin, con el objetivo inicial de elaborar un guión, recoge no sólo el relato, sino también el legado propio del cuento, una corriente imaginaria de hechos extraordinarios entre los que el violín representa el alma, la vara mágica, el objeto encantado que abunda en los cuentos y a menudo constituye el corazón de éstos. Dice Ítalo Calvino que desde el momento en que un objeto (mágico) aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo magnético, un nudo de una red de relaciones invisibles.1 Esta red de la que habla Calvino puede trascender el ámbito del cuento e incluso el de la autoría: existe una leyenda según la cual el violín del cuento de Hoffmann es el instrumento homónimo de Paganini, quien siendo aficionado a las artes necrománticas, había aprisionado el alma de su mujer en él. Se dice también que el protagonista es el propio Hoffmann, desdoblado en su personaje varias veces en otros relatos, y no es arbitrario añadir que también está en las diferentes y legítimas recreaciones, como en ésta novela corta que la autora francesa escribió en 1960.
Vilmorin es fiel a la saga, esa antigua narración épica que posee una dimensión fundadora y genera versiones, leyendas, sucesivos encantamientos y un sinnúmero de cuentos descendientes. Fidelidad hasta el punto de que lo que desea Louise es escribir el mismo cuento.
A pesar de que ha sido a menudo comparada con autoras contemporáneas y coetáneas como Colette y otras anteriores como Anna de Noailles, algunas diferencias la convierten en una autora sui generis dentro del mismo panorama literario. Más dieciochesca que “moderna”, usa mejor la parodia que el sarcasmo, el plano general más que el flujo interior, prefiere lo descriptivo de una situación a lo psicológico de sus actores y su visión de la historia que narra no está determinada por la experiencia. No es una escritora burguesa en la que pueden operar la reivindicación, el resentimiento, la memoria o la subjetividad como útiles narrativos. Su posición con respecto a la obra es parecida a la aristocrática de la que gozó en la vida: su prosa es ilustrativa en el sentido de exponer, desde una posición privilegiada, las andanzas o enseñanzas de tipos, caracteres y casos que el escritor sabrá ejemplificar a través de un lenguaje de la misma manera que el dibujante experto lo hará en el transcurso de un exótico viaje, mostrando los detalles significativos con trazos ágiles y claros.
Participa del propósito moral de los fabulistas franceses, que consiste, no tanto en determinar una moraleja, como en desvelar las dobleces que se ocultan tras las relaciones sociales o los códigos sociales incorporados insensiblemente. Dicho de otro modo, igual que una fábula crea una situación en la que sea posible que un león y un ratón traten, razonen y actúen según el ideal de león y de ratón, revelando en el desenlace algún aspecto característico o metafórico de lo humano, el cuento visto dentro de esta tradición opera con la misma naturalidad, aceptando las reglas culturales para descubrir sus transgresiones. El caso más notorio es el del Marqués de Sade, en cuya obra la exaltación deliberada del vicio ofrece el espectáculo simétrico de la verdadera sociedad, gallinero de deseos inconfensables y luchas por el poder que suele exhibirse con el plumaje de excelentes virtudes. Vilmorin, siendo en términos formales muy diferente  en la prosa, mantiene sin embargo una fuerte afinidad con el marqués, logrando el mismo resultado delator de costumbres, pero usando una voz de aparente ingenuidad, a veces cierto laconismo, que confiere a sus historias un tono de objetividad análogo a la inocencia de la fábula zoomórfica.
Es por ello que Louise de Vilmorin es un tipo de escritora ideal para detenerse en el valor específico del género de los cuentos. Éstos comparten en gran medida la naturaleza de los mitos, y hay una abundantísima y variada literatura al respecto: Claude Lévi-Strauss en el campo de la antropología cultural, Vladimir Propp en el de la lingüística, Bruno Bettelheim en el del psicoanális, por citar ejemplos muy conocidos.



Desde el zapato de la Cenicienta hasta el Zahir o el Puñal de Borges, pasando por la exuberante y tradicionalmente más cómoda representación oriental, como la lámpara maravillosa de Aladino, un objeto dentro del cual habita un ser mágico, cómplice controvertido a veces, otras tirano y vengativo, de una forma tan diversa como asombrosa, el objeto aparece en los cuentos de esta manera típica de cuya crónica el violín de Cremona es un caso ejemplar, ya sea porque encierra un alma en pena, un amor truncado o la espléndida voz de la hija de un extraño luthier.
Lo distinto en los cuentos está en ese parentesco con la saga, tomando tanto la acepción del antiguo relato épico escandinavo como la de gran familia que se extiende con independencia de otras relaciones, pues los cuentos se comunican entre ellos más aún que las lenguas y los usos, y cuando éstos encuentran fronteras menos accesibles donde transformarse y comprenderse, ellos pueden saltar esas barreras de tiempo y lugar sin necesidad de hallar raíz, vocablo o vivencia que los aprisione. Si bien el mito tiene ese núcleo fundacional en el que la sociedad es como una madre nueva tras la ruptura con lo natural, en el cuento se trata más bien de una “madrastra” y es el cuento el espejito mágico que le dice al mundo lo que necesariamente no quiere oír.
Apurando las leyes de la metonimia, el objeto fantástico es también fetiche del propio cuento (antes que el cuento fue el objeto mágico y éste es el que da forma al género), su centro neurálgico y la máxima expresión sintética de “lo maravilloso”, breve, rápido y de fértil descendencia, pólvora que se halla concentrada en pequeños cartuchos y que, pese a su remota fabricación, pueden explotar en cualquier parte.

1 Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela, 1989.



Déborah Puig-Pey

jueves, 15 de noviembre de 2012

Desde el interior de Woody Allen




Pese a mi admiración por él, alguna vez le he leído diciendo alguna estupidez, como que Hitchcock era muy bueno en su trabajo, pero intrascendente en sus obras. Es un dilema que Allen arrastra en su filmografía: conserva todas las imágenes del cine popular americano que llenaron su infancia y que sembraron en él la ilusión indispensable, pero admira a los autores profundos, estetas, filosófos, aquejados de un TOC sublime y algunas veces ininteligibles para el gran público.


Bien. Aunque ya se ha hecho y él mismo gusta de aparentar que lo hace, muy a menudo humorística y genialmente, vamos a psiconalizarle un poco más.

Propongo dos de sus personajes: "Pearl" y "Eve", Maureen Stapleton y Geraldine Page en "Interiores". 

Pearl es el cine que entusiasma al barrio, al mundo, no exento de cierto estilo, pero también cercano a veces a la vulgaridad, es la mujer que viene a sustituir a esa madre omnipresente, exquisita, que manipula todo el entorno y lo convierte en un cuadro de Hammershøi. Ésta última es el "cine de autor", normalmente europeo: planos de una higiene categórica, en el sentido kantiano, delicada pureza en la simbiosis de genio y belleza, psique y eros, sabiduría y narración...La otra, Pearl, es el arrebato, la conmoción afectiva, la chispa y el color. Ella abre sus brazos para que todos puedan soñar entre ellos y despliega las alas de un gran hacedor de nidos. ¿Y cuántos de nosotros no oscilamos entre una y otra? ¿Quién no pretende encontrar un absoluto en las pantallas, el planetarium definitivo que le devuelva su galaxia?