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miércoles, 9 de agosto de 2017

Fama y azúcar

François Vatel (1631 – 1671)


Nacido en Suiza, fue le maestro de ceremonias de Luis XIV- el rey sol, aprendió el oficio de los fogones de su padrino, que junto con su ingenio e imaginación le hicieron famoso entre la aristocracia francesa.
El cargo de maestro de ceremonias comprendía muchas facetas, entre ellas la de chef y director de espectáculos, esta responsabilidad le obligaba a superarse en cada uno de los acontecimientos en los que era requerido, sobre todo cuando era solicitado para los eventos de su rey.
Tras su paso por las cocinas de Nicolas de Bouquet, ministro de finanzas del rey, donde aprendió el oficio de maestro de ceremonias, fue a prestar sus servicios al principe de Condé, un militar de prestigio el cual  no estaba pasando uno de sus mejores momentos, prácticamente arruinado,  ya no gozaba del favor de su rey. Pero sabedor de los placeres de Luis XIV por los festejos de alto postin, se propuso organizar un festín del cual pretendía volver a ganarse el favor de su rey,  y así poder hacerse con el mando del ejército francés en la lucha contra los holandeses.
Ahora a Vatel se le presentaba la oportunidad de organizar la mejor fiesta que nunca se hubiera hecho hasta entonces, sabia que el resultado de este festejo le podía llevar a la gloria y nada debía salir mal. Llegaron días antes de evento diversas personas de versalles, para sugerir a Vatel detalles  del gusto de Luis XIV que podía reportar a Vatel éxito, claro esta con gusto acepto estas sugerencias.
La fiesta que debía organizar Vatel duraría tres días en la cual asistirían 2.000 invitados, 3 días de intenso trabajo para un hombre de personalidad altiva y tímida, la enorme presión a la que se vio sometido le traería consecuencias trágicas.
Cuando llego el momento de la fiesta, todo marchaba a pedir de boca, todos se apresuraban por servir a sus invitados, espectáculos de diversos entretenimientos, mantenían entretenidos a la aristocracia allí reunida. Un acontecimiento gastronomico que se hizo famoso hasta nuestros días y que nace de un error en el postre de los invitados da a lugar a la crema Chantilly.
El ultimo día  de los festejos un Viernes, ya con los nervios desquiciados, según Vatel los fuegos artificiales no lucieron en el cielo como debieron de lucir (esto demuestra el estado de Vatel), los viernes no se comía carne y en el menú el pescado iba a ser el plato principal de día, pero resultaría que el proveedor no llego a tiempo de poder servir a las cocinas el pescado, Vatel ante este percance y con los nervios a punto de estallar, no pudo con este  contratiempo, al ver que no tenia nada que servir a sus comensales, decidió quitarse la vida, y se asesto tres puñaladas. Se quito la vida minutos antes de la llegada del proveedor con el pescado.
Lo que iba a suponer la fama y gloria para Vatel,  en el festejo mas recordado en Francia, cuyo anfitrión iba a ser su rey, resulto ser para Vatel el fin de sus días como reputado maestro de ceremonias. Francois Vatel seria repudiado por la iglesia por su suicidio y olvidado en sus logros por la corte de Francia.

Vatel, el maître que se hizo el haraquiri





Es una de las tortas más ricas y memorables de chocolate. Fué creada por el famoso maestro pastelero Gaston Lenôtre 

LA NIT DE SANT JOAN...REVETLLA, CAVA, Y LA MILLOR COCA DE BARCELONA




1793. Antonio Carême contaba 10 años, su padre le invitó a un almuerzo en un restaurante de la Barrière du Maine y lo abandonó a su suerte,explicándole la difícil situación de la familia y alentándole para que se abriera camino en la vida.
Nace en Wesel, Alemania el 10 de Abril de 1792 un ilustre contemporáneo de Carême, el Barón Eugenio de Vaerst, sería un gran el escritor y gastrónomo, hijo de un oficial del ejercito también tuvo una formación militar. En 1811 fue nombrado teniente y bajo el mando del general York participo en la campaña rusa. Intervino hasta 1815 en las guerras de liberación contra Napoleón, al termino de las mismas y como capitán de la Guardia Prusiana se dedica al estudio de las artes y la literatura, fue gran amigo de Goethe. En 1836 publica el libro por el cual será reconocido en la historia de la Gastronomía, su obra se titula “La Perspectiva del Caballero. Manual de futuros derrochadores” y firma bajo un seudónimo Chevalier de Lelly, y dedica la obra a sí mismo “ A mi querido amigo y primo Eugenio, Barón de Vaerst.”
1797. Cuando Carême tenia 14 años el celebre Baltasar Grimod de La Reynière,  organiza en su casa un “Jurado degustador”, reúne todos los martes a doce de sus conocidos, todos entendidos en cuestiones gastronómicas, siguiendo reglas muy severas calificaban y comentaban todo tipo de alimentos: platos de los principales restaurantes, vinos, licores, embutidos, conservas, quesos, aves, pasteles, verduras, frutas, etc.
Siguiendo un riguroso protocolo, el jurado emitía un “certificado de legitimación”, al poco tiempo este jurado se volvió famoso y todos los establecimientos relacionados con la comida, se esforzaban en lograr una calificación favorable, que era una gran publicidad para sus productos. Grimod como secretario de la Sociedad, redactaba y firmaba el mismo los certificados, alcanzando con ellos gran notoriedad, poder  e importancia. Esta practica de calificación de la calidad, daría origen a la celebre publicación Almanach des Gourmands.

Sigue en  ANTONIO CARÉME (1783-1833) 



La Pastelería Otaegui es la decana de las actuales pastelerías donostiarras, manteniendo abiertas sus puertas desde 1886.


«Cuando uno lo sorbe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse». Así novelaba Hernán Cortés algunas de las virtudes que tenía aquel producto descubierto en su expedición por tierras dominadas por Moctezuma en México y que era conocido en la mitología azteca como el «alimento de los dioses», nada menos. De hecho, según la leyenda, el dios Quetzalcoatl regaló a los hombres el árbol del cacao antes de ser expulsados del Paraíso. Con este fruto divino, los hombres adquirían vigor y fuerza. En la cultura española, no aparece referido el cacao antes de una carta con firma del propio Cortés que data del 30-10-1520. En esas líneas se menta a este producto como una fruta con almendras, que en tierras mexicanas «venden molida» y que usan por moneda para algunos pagos, símbolo de la importancia que concedían los aztecas a estos granos.

“El pastelero” (1681) de Job Berckheyde


Nostradamus también se interesó por los inicios de la pastelería. Desarrolló la fabricación de ciertas gelées de membrillo y escribió en la segunda parte de un libro las maneras de confeccionar varias confituras, tanto de miel como de vinos dulces. Entre 1555 y 1572 Nostradamus elaboró varios escritos gastronómicos poco conocidos. Unas obras tal vez impropias de un astrólogo y médico, pero en las que se podían encontrar múltiples consejos de cómo integrar por ejemplo piel y pulpa de limón, la preparación de confituras, recetas con jengibre, almendras, membrillo, nueces con miel, fruta y verdura confitada, macarons, etc.
Las recetas del siglo XVI eran a menudo complejas. Nostradamus, preocupado por desvelar su ciencia golosa, aportaba indicaciones eliminando la separación existente entre las confituras secas de antes y las líquidas que conocemos todavía hoy en día.

domingo, 12 de agosto de 2012

Instinto de propiedad



Jenny Westfalia en 1835



"Jenny von Westphalen, la aristócrata prusiana que se casó con Marx, con quien tuvo seis hijos, estaba destinada, por linaje, a ser la esposa de un oficial prusiano con fortuna propia y, en realidad, su primer novio fue un alférez que reunía dichas características. Pero se enamoró de un doctor en Filosofía, versado en las ideas de Hegel, cuya fuerza intelectual la intimidaba y con quien viviría una azarosa vida de exilios y penurias..."



"...Jenny Marx fue, asimismo, la secretaria eficaz de su marido, el ama de casa que soportó las condiciones, a menudo miserables, que rodearon sus vidas, la defensora incansable de la actividad de Marx, por errática que ésta fuera, y, sin duda alguna, su compañera fiel hasta su propia muerte. Dada la incomprensible caligrafía de Marx, parece que sólo Engels y Jenny eran capaces de poner en limpio, y hacer legibles, sus escritos; pero casi siempre el trabajo recaía en Jenny, por razones de proximidad física. Y sin los esfuerzos de ésta, es muy posible que algunos escritos se hubieran perdido."




Tres personajes sobre fondo rojo
Catedrático de Economía aplicada.
Revista de Libros

"No era aceptable que una baronesa iniciara una relación con un hombre que no se hubiera “establecido” económicamente! Pero Marx nunca lo estará, algo que a Jenny no le importó." 


"Jennifer von Westphalen abandonó su cuna privilegiada para sumarse a la causa proletaria, comprendió plenamente a uno de los hombres más importantes de la historia y compartió con él, no sólo el amor y una familia, sino el profundo anhelo de un mundo liberado de la explotación descarnada de millones de trabajadores y trabajadoras, por un puñado de parásitos. Como escribiera Karl Marx, “quienquiera que conozca la historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino”. Jenny es una de esas mujeres que deseó, previó y supo acompañar el germen de esos cambios sociales, con pasión y fortaleza."
Rebelion. Jennifer von Westphalen
Laura Marx, hija de Karl y Jenny.






Friedrich Engels




En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y entabló una duradera amistad con Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores colaborarían estrechamente, publicando juntos obras como La Sagrada Familia (1844), La ideología alemana (1844-46) y el Manifiesto Comunista (1848). Aunque corresponde a Marx la primacía en el liderazgo socialista, Engels ejerció una gran influencia sobre él: le acercó al conocimiento del movimiento obrero inglés y atrajo su atención hacia la crítica de la teoría económica clásica. Fue también él quien, gracias a la desahogada situación económica de la que disfrutaba como empresario, aportó a Marx la ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir El Capital, e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra después de la muerte de su amigo.
La amistad de Marx y Engels contendrá una serie de rasgos excepcionales. Además de la mutua simpatía surgida de la afinidad de sus caracteres, es una comunidad de ideales lo que los moverá a hermanarse para luchar, hombro con hombro, tanto en la palestra política como en la vida cotidiana, y a emprender juntos una reflexión teórica que originará obras tan fundamentales para el pensamiento marxista como el Manifiesto comunista. Además, Engels era hijo de un rico industrial de Manchester y pudo sostener económicamente a Marx en los peores momentos.






Aunque corresponde a Marx la primacía en el liderazgo socialista, Engels ejerció una gran influencia sobre él: le acercó al conocimiento del movimiento obrero inglés y atrajo su atención hacia la crítica de la teoría económica clásica. Fue también él quien, gracias a la desahogada situación económica de la que disfrutaba como empresario, aportó a Marx la ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir El Capital, e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra después de la muerte de su amigo.




Sobre qué es lo "propio" para entrar en sociedad, pasar a la historia, dejar escuela y legar un buen fajo de correspondencia.


Como sabemos, en Berlin Marx ingresó al grupo de los Hegelianos de izquierda en el que Bruno Bauer era figura principal. Era este un teólogo, "lector" de tal materia en la universidad y un especialista en Sagrada Escritura y en particular en la crítica del Nuevo Testamento. Fue profesor de Marx en un curso sobre la figura bíblica del profeta Isaías. Fue Bauer uno de los que ayudó a Marx a disuadirse de estudiar leyes -como quería su padre- y a cambio de eso lo estimuló a estudiar filosofía:
"Seria estúpido -escribe Bauer a Marx- que te dedicaras a una profesión práctica. La teoría es ahora la práctica más vigorosa y somos incapaces de predecir en qué gran medida se hará práctica"

El Club de los Doctores combinaba la discusión teórica con la bohemia y la expansión puramente juvenil. El padre de Marx, un poco molesto por los excesivos gastos de su hijo, escribió en esos años:
"La degeneración con traje elegante y pelo despeinado ha reemplazado la degeneración con cerveza". 




 Karl Marx, en 1843, antes de ingresar como periodista en los Anales franco-alemanes, escribe:
  "Apenas firme el contrato saldré para Kreuznach y me casaré... sin romanticismo puedo decirte que estoy enamorado hasta los huesos y del modo más serio posible"


Marx podía ser un trabajador incansanble, pero desde sus jóvenes años de Bonn se había mostrado amigo de la bohemia, de la broma, de la tertulia y de la cerveza y entre estas la Pilsen. De los días de Bruselas se cuenta que jugaba mucho a las cartas, dormía con amigos en los sofas, luego temprano cogían un tren a un pueblíto cercano y allí permanecían todo el día bebiendo, conversando y distrayéndose hasta que viniera el último tren.





Marx era capaz de permanecer diez horas seguidas en el Museo Británico y de vuelta a su casa continuaba trabajando hasta las dos de la mañana. Se levantaba normalmente entre las 8 y las 9, tomaba café, leía los periódicos del día y reiniciaba su trabajo interrumpido apenas por las reuniones políticas o las visitas de amigos, camaradas o personas que buscaban su ayuda.
Era un fumador salvaje:
"El Capital -declaró- no pagaría los cigarros que me fumé mientras lo escribía".


El espía prusiano qué visitó a Marx mientras vivía en Londres:
"Cuando se entra en la habitación de Marx el humo del tabaco hace llorar los ojos tanto que por un momento parece que uno está tanteando en una caverna".
Gustaba de pensar y discutir paseando: peripatéticamente, que dijéramos. Y este hábito de caminar lo realizaba inclusive, y muchas veces, en su propio estudio donde sobre la alfombra se había marcado con el tiempo el camino que Marx solía recorrer entre la puerta y la ventana del cuarto. Recibía diariamente la visita de algunos pocos amigos: por ejemplo la de Liebknecht en los años 50 y 60 y la de Engels a partir de 1870 en que este fue a residir a Londres. Se cuenta que en la alfombra había también otro camino diagonal que era el transitado por Engels, pues ambos conversaban paseando. Escribía a Engels una carta por lo menos cada dos días mientras éste estuvo ausente.




REVISTA COLOMBIANA DE SOCIOLOGIA
Carlos Uribe
Marx, el hombre