La cueva del bien ilimitado




Recordemos a Gilgamesh atravesando los desfiladeros de las siete montañas o el túnel del infierno, o enfrentándose a los cuernos gemelos del Toro Celeste; a Moisés y luego a Josué separando las aguas para que pasasen por ellas sus pueblos, antes de que se abatiesen (en el primer caso) sobre los nada heroicos egipcios que les perseguían; a Prometeo, cuyo nombre parece proceder del sánscrito Pramantha, "el taladro para hacer fuego", "el barreno", "el perforador", franqueando para robar el fuego las puertas de la morada de los dioses guardadas, según Platón, por "centinelas espantosos".




A Jasón, Odiseo y Orestes cruzando entre las Simplégades o rocas que chocaban para aplastar a los barcos; a Jasón desafiando las mandíbulas aplastantes del gran reptil que guardaba el Vellocino de Oro; a Odiseo haciendo entrar al célebre caballo y al ejército griego a través de los muros hasta entonces inexpugnables de Troya; a Teseo entrando y, sobre todo, ¡saliendo vivo! del Laberinto, que es, sin duda, la imagen más turbadora, desarrollada y radical del tubo estrecho que sólo pueden atravesar en sentido de entrada y de salida los héroes. 







A Edipo matando involuntariamente a su padre porque le cerraba el paso en una encrucijada de caminos; a Psique atravesando otras dos terribles rocas que chocaban (en El asno de oro VI:14 de Apuleyo); a Eneas, Dante, Don Quijote (en su descenso a la Cueva de Montesinos) o Borges (en El Aleph) atravesando estrechos pasadizos o temibles puertas que conducían al más allá; a Alí Babá entrando (¡y saliendo!) de la cueva de los ladrones; a Sigfrido atravesando las murallas y las corazas de Brunilda; al héroe del Libro del Caballero Zifar franqueando la puerta de las Ynsolas Dotadas; a la fantasmal Estatua del Comendador del Don Juan Tenorio de Zorrilla en su proclamación triunfal: "Tu necio orgullo delira, / don Juan: los hierros más gruesos / y los muros más espesos / se abren a mi paso: mira"; al aterrorizado protagonista de La caída de la casa Usher de Poe deambulando y escapando de la destrucción por inquietantes pasillos y pasadizos.







A Alicia en el País de las Maravillas impulsada al más alla a través de una madriguera que "era un largo túnel que, de improviso, torcía su curso y descendía de forma tan inesperada, que Alicia, sin tiempo para pensar en detener su caída, se precipitó por lo que parecían las paredes de un pozo muy profundo"; a los héroes protagonistas de El mago de Oz de L. Frank Baum, que cruzan un tronco sobre el abismo y luego lo hunden cuando quieren franquearlo sus monstruosos perseguidores.



A Peter Pan atravesando y haciendo atravesar a sus amigos infantiles las ventanas que conducen a su fantástico país; o a los protagonistas de las sagas literarias y cinematográficas de El señor de los anillos, La guerra de las galaxias, Indiana Jones, Harry Potter y tantas más, entretenidos siempre en atravesar toda suerte de peligrosísimos puentes, pasadizos, desfiladeros, bocas de cuevas, etc. etc. etc.




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