martes, 12 de febrero de 2013

Ahí queda eso.






Tristan Tzara 

Para hacer un poema dadaísta


"Coja un periódico. 

Coja unas tijeras. 
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema. 
Recorte el artículo. 
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa. 
Agítela suavemente. 
Ahora saque cada recorte uno tras otro. 
Copie concienzudamente 
en el orden en que hayan salido de la bolsa. 
El poema se parecerá a usted. 
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo."

sábado, 9 de febrero de 2013

Seres de otro planeta






La editorial TransBooks ha publicado y seleccionado para su catálogo de e-books:


NUSUS

Hildegarde, una niña muy especial y posesora del arma llamada "Nusus", tendrá que superar algunas aventuras antes de visitar a los "nususinos", seres de otro planeta cuya forma de vivir es algo extravagante, divertida y asombrosa.

Autora: Déborah Puig-Pey, para quien el cuento y el mundo de la infancia están en el corazón de toda literatura, es autora de relatos y novelista. En 2005 fue finalista del Max Aub con el relato “Mordechai”. En 2010 publicó la novela Donde hay nilad (Editorial Menoscuarto), donde dibuja las relaciones de una saga catalano-filipina: "Una topografía de la memoria, aunque sea una memoria prestada o escuchada, esas casas y paisajes que componen la errática historia familiar" (Isabel Núñez).


Ilustradora: Cristina de Cos- Estrada es pintora e ilustradora. Dibujante desde pequeña decide licenciarse en Bellas Artes. Pintando pintando se convierten profesora de pintura para adultos, portadista, decoradora mural, diseñadora gràfica y fan de los álbumes infantiles. En el año 2009 publica sus primeras ilustraciones con la editorial Teide. Ya ha publicado con Nocturna ediciones, editorial Amares, Traspiés ediciones, Amargord y las revistas Delibros, I love english y La Pelitrúmpeli.


Y muy pronto en versión catalana.


EXCEPCIONES


Acantilados junto al mar bajo la nieve, Gustave Courbet (1870)


Casa Junto a la Via -Hopper


Desierto, Konstantin Makovsky (1839-1915)


Estela de Copán, Frederick Catherwood (1844) Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas, and Yucatan

Fumadora, Raphael Kirchner (1904)


Waking -Millais, John Everett 1829-1896


Hielo en el Dnieper, Ivan Aivazovsky (1872) Desconocido


La Muerte y la Doncella, Marianne Stokes (c. 1900) Musée d'Orsay


Las jugadoras, Raphael Kirchner (1876-1917)


L'enfant du regiment, J. E. Millais (1855)


Los señores viajeros en su vuelta desde Italia (en diligencia) durante una tormenta de nieve en el Monte Tarrar, 22 de enero de 1829, William Turner (1829) British Museum


PISA Baptisterio, Duomo y Torre inclinada de Pisa, Rauschenfels von Steinberg (c. 1830)


Una puerta de jardín en Chuguchak, Vasily Vereshchagin (1870)


Joseph Mallord William Turner:. Snowstorm Steamboat off Harbor's Mouth


martes, 5 de febrero de 2013

Mira:


De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba
siempre comenzando,
la certeza de que
había que seguir
y la certeza de que sería
interrumpido antes de terminar.


Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda... un encuentro.

Fernando Pessoa







Y uno de los mejores cuentos del mundo: 


de

Adolfo Bioy Casares



sábado, 2 de febrero de 2013

¿Qué será escribir bien?.






Hoy no es seguramente la cuestión que más preocupa a los escritores, importa más la "digestión" que la corrección de los textos, pero no descarto que este post pueda transmitir aún algunas cosas, incluso en la actualidad.



Hace unos años un escritor que aquí llamaremos el "Alighierita", y sin menoscabo de mis muchas y exigentes imperfecciones, tuvo a bien decir algo así: "Si corrigiera más, escribiría mejor". Curiosamente lo dijo al hilo de un texto que presenté a concurso y que ganó, la modestia ahora no se corresponde con la dirección que han tomado mis flechas. 


Me llegó el comentario a través de terceros -¿por qué?- y yo respondí para mis adentros:  "Ji, ji, este chico... es incorregible..."






Escribir mejor ya lo conseguiremos, poco a poco, si las fuerzas no nos abandonan. ¿Pero que tendrá que ver eso con lo correcto (que no siempre es lo perfecto, ni lo mejor)?



Inclusive en las épocas y lugares donde el arte no ha sido el fruto de la subjetividad de un creador, sino que obedecía a reglas bien establecidas, bajo las cuales se generaba una obra, incluso entonces, una muesca, una imperfección, un pequeño detalle, una variante improvisada o una limitación momentánea, eran la marca de un buen ejercicio artesanal..., la "flor de Coleridge" que garantiza la unicidad de la pieza, el trote traidor del duende.




"Cuidado con el exceso de corrección"
Ernesto Sábato



Pero hay que tener cuidado con el exceso de corrección porque se puede dañar el material que surge desde la inconsciencia. También hay que tener cuidado (estoy hablando de ficciones) con el famoso "estilo". Julien Green, en su Journal, dice, con razón, que a menudo le agradeceríamos a Flaubert un estilo más suelto, más vivo, no esa joyería de epítetos que exhibe en ciertos relatos. No así en Madame Bovary, que es menos "literaria" y por eso mismo permanecerá cuando muchos de sus escritos nadie los lea. Cierta irregularidad, cierta rudeza está unida a la fuerza, y la fuerza es decisiva en novelistas como Dostoievski y Cervantes. Ambos, claro, acusados, por críticos que ahora nadie recuerda, de "escribir mal". Pero si genios como Dostoievski y Cervantes escriben mal, ¿qué será escribir bien?. 




La teoría del duende - Federico García Lorca


En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: «Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo»; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: «¡Ole! ¡Eso tiene duende!», y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: «Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende». Y no hay verdad más grande.
Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: «Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica».

Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: «El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies». Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.
Este «poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica» es, en suma, el espíritu de la sierra, el mismo duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, sin encontrarlo y sin saber que el duende que él perseguía había saltado de los misteriosos griegos a las bailarinas de Cádiz o al dionisíaco grito degollado de la siguiriya de Silverio.


El ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra o su simpatía o su danza. El ángel del camino de Damasco y el que entró por las rendijas del balconcillo de Asís, o el que sigue los pasos de Enrique Susson, ordena y no hay modo de oponerse a sus luces, porque agita sus alas de acero en el ambiente del predestinado.
La musa dicta, y, en algunas ocasiones, sopla. Puede relativamente poco, porque ya está lejana y tan cansada (yo la he visto dos veces), que tuve que ponerle medio corazón de mármol. Los poetas de musa oyen voces y no saben dónde, pero son de la musa que los alienta y a veces se los merienda. Como en el caso de Apollinaire, gran poeta destruido por la horrible musa con que lo pintó el divino angélico Rousseau. La musa despierta la inteligencia, trae paisaje de columnas y falso sabor de laureles, y la inteligencia es muchas veces la enemiga de la poesía, porque imita demasiado, porque eleva al poeta en un bono de agudas aristas y le hace olvidar que de pronto se lo pueden comer las hormigas